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Mirna Sánchez Areas visita cada 15 días en el Sistema Penitenciario La Modelo, ubicada en Tipitapa, a su hijo Julio César Nicolás Sánchez, quien fue condenado por el asesinato de su hermano, ocurrido la madrugada del pasado 2 de julio, en el barrio Óscar Turcios de Managua. 

Oliver Nicolás Sánchez intervino cuando su hermano Julio César maltrataba a su pareja. Según la acusación presentada por la Fiscalía, ante el reclamo este último se fue al carro, sacó un tubo metálico, entró a la casa y golpeó a Oliver Nicolás. Fue trasladado por el mismo agresor al hospital, pero ya había fallecido. 

El caso de los hermanos Nicolás Sánchez es uno de los diez parricidios que se han judicializado este año en Managua. Datos del Complejo Judicial de la capital indican que en 2016 se ventilaron seis casos de este tipo y en lo que va de 2017 se registran 10. En todos los casos las partes acusadoras han logrado obtener veredictos o fallos de culpabilidad.

Oliver Nicolás Sánchez, de 40 años, murió a causa de un trauma por los golpes que le propinó su hermano Julio César Nicolás Sánchez, de 42 años.

Mirna Sánchez Areas, de 63 años, tiene sentimientos encontrados. Regresó desde Miami luego del suceso y hasta la fecha dice que no ha preguntado los detalles sobre cómo sucedió la tragedia. “Los dos son mis hijos”, dice a modo de justificación.

Ella recuerda que el día de la vela hubo amigos de ambos que le dijeron que no dejara solo a Julio César, que tratara de que no fuera a la cárcel.

“Ya pasó, no quiero vivir recordando el pasado, quiero entregarme, no es que no sienta a mi hijo (Oliver), lo siento mucho porque no era la forma en que falleciera, ni es la forma de que mi hijo esté preso por lo que pasó, pudiendo las personas que estaban ese día evitarlo”, dijo Sánchez.

Asegura que luego del incidente Julio César no quería verlos a la cara, pero ella como madre le ha dado ánimo, fue tratado psicológicamente y lo visita cada 15 días en la cárcel, le lleva todo lo que necesita para su aseo personal.

De acuerdo con Mirna Sánchez, lo único que maneja del incidente es que esa noche Oliver estaba acostado y aparentemente Julio César y su pareja estaban discutiendo. 

“Como toda pareja discutían, no era pleito que se iban a agarrar, no era agresivo, como dijo la misma fiscal, él es un hombre íntegro, de ahí no sé qué más pasó”, asegura.

Infancia 

Mirna Sánchez Areas y su esposo Julio César Nicolás Rivas procrearon tres hijos: Julio César, Oliver y Michael. Ella insiste que siempre hubo mucho respeto y amor entre sus hijos. “Mis hijos no eran de andar en la calle molestando al vecino, ellos son buenos muchachos”.

Llegaron pequeños a vivir al barrio Óscar Turcios. De hecho celebró la fiesta de cuatro años de su hijo más pequeño en ese lugar. “Nunca hice diferencia entre mis hijos para evitar precisamente que hubiese discordia, a los tres siempre les dimos  todo, mi esposo y yo todo, ellos nunca perecieron de nada, así que lo que pasó fue un accidente que lamento profundamente”, reiteró Sánchez.

Hubo un momento en que Julio César Nicolás Sánchez, quien guarda prisión en La Modelo, cuidó de sus hermanos menores Oliver y Michael, porque su esposo trabajaba y ella estaba en el extranjero.

En una ocasión Oliver Nicolás estuvo preso por agresión, ya que hirió en la cabeza con una piedra a su suegra. “Él encontró a su mujer besándose con otro hombre, de la molestia le tiró una piedra y le dio a la suegra”, recuerda Mirna. 

Los hermanos vivieron un tiempo en Estados Unidos y después del atentado del 11 de septiembre de 2001 regresaron al país.

El parricida de Ciudad Sandino

El sábado18 de febrero de este año el país despertó con la noticia de que una mujer de 44 años había sido atrozmente asesinada por su hijo de 18 años en el barrio Nueva Vida de Ciudad Sandino. El joven también asesinó a su padrastro. 

El joven parricida fue identificado como Isaac Yader Chávez Canales y tres días después fue llevado a los juzgados, donde admitió el crimen y se conocieron los detalles.

La Fiscalía especificó que la noche anterior al crimen se dio una discusión entre el joven y su mamá, Heimi Johana Canales Pérez, quien le reclamó por la desaparición de una plancha de cabello.

Por eso la víctima le retuvo un celular como medida de presión para que el joven devolviera la plancha. La discusión entre madre e hijo llegó a tal punto que el padrastro del joven, Denis Francisco Medina Moreno, intervino en defensa de su pareja.

Durante la audiencia Isaac estaba inmóvil, cabizbajo, despeinado y parpadeando. Nunca le dio la cara a la jueza, siempre agachó su mirada.

La Fiscalía detalló que el joven tomó un mazo de cuatro libras de peso y le propinó dos golpes en la cabeza a Denis Francisco Medina Moreno, su padrastro, lo que provocó que cayera desmayado. Luego la mamá del joven intervino para defender a su pareja, que yacía en el suelo y comenzó a golpear a Isaac con una paila en diferentes partes del cuerpo.

En ese momento, Isaac golpeó en la frente a su madre. Esto provocó que la mujer muriera por trauma craneoencefálico severo.

Los asesinatos ocurrieron entre la noche del viernes y la madrugada  (1:00 a.m.) del sábado 18 de febrero, Isaac cargó el cuerpo de su madre y el de su padrastro hasta la parte trasera del patio de la casa para envolverlos en trapos y prenderles fuego. 

Según la acusación, cuando Isaac terminó de quemar los cuerpos regresó a la casa a dormir. Al despertar, preparó una maleta donde introdujo ropa y objetos de aseo personal para intentar huir del lugar, pero fue capturado por vecinos que se habían enterado de lo ocurrido.

Causas

¿Por qué una persona puede llegar a matar? La causa más sencilla es una psicopatología sociópata, pero la más común suele ser el impulso, explica el psicólogo y especialista en violencia, Manuel Leiva. 

En los crímenes atroces que llegan a ser judicializados es frecuente que los abogados defensores pidan la valoración de un psicólogo o psiquiatra para tratar de justificar el crimen, “pero de todas las personas que han cometido estos últimos asesinatos atroces, ninguna ha sido diagnosticada como psicópata o sociópata”, dice Leiva.

El especialista indica que el común denominador en los victimarios que cometen el crimen en privado es que “buscan la manera de eliminar los cuerpos para evadir la justicia”.  Hay ejemplos: el parricida de Ciudad Sandino intentó quemar el cuerpo de su mamá y su padrastro, en tanto,  Nahúm Bravo  enterró los cuerpos de sus víctimas en su propia casa.

Desarrollar estos comportamientos depende del trato que la persona recibe desde la infancia, resalta Leiva porque “si en una familia se recibe cuidado protección, afecto y se fomentan buenos valores se pueden prevenir estos hechos”.

“El afecto es primordial desde la primera etapa de la vida. En el caso de Nahúm decía que su hermana iba heredar, pero no fue por eso, la herencia era una representación del cariño y el afecto que sus padres tenían hacia su hermana y eso era lo que estaba peleando”, asegura. 

Familias son estigamatizadas

Cuando se conoció la noticia del parricidio en Ciudad Sandino, Mario Chávez Canales,  hermano de Isaac Chávez Canales, señalado de cometer el crimen,  estaba en una entrevista de trabajo para ingresar a un call center. No tenía idea de lo que había pasado. Fue un sábado y empezaría a trabajar el siguiente lunes.  

Sin embargo dos días después de la entrevista Mario recibió una llamada donde le avisaron que ya no se podía presentar a trabajar porque era una mala imagen para la empresa emplear al hermano de un asesino.

El psicólogo Manuel Leiva explica que tanto la familia de la víctima como la del victimario sufren consecuencias de por vida, por ejemplo, el estigma y la discriminación social. 

“Es una carga social negativa el ser familia de un asesino y más aún cuando es un crimen entre familia o pareja. La familia de la víctima tendrá un duelo prolongado, luego atravesará una etapa de enojo porque una muerte violenta e inesperada, resignación y en un cuarto período la sanación, pero llegar hasta esa etapa puede tomar años”, agrega.

“El que te maten a un familiar es un evento traumático con repercusiones a largo plazo. Si estas personas no son atendidas psicológicamente pueden caer en depresión profunda, caer en vicios peligrosos y hasta el suicidio”. 

Leiva es contante en sugerir que los parricidas deben someterse a terapias para conseguir una reinserción social. Sin embargo, “pueden volver a matar porque es más fácil volverlo hacer una vez que ya lo hiciste”.

La infancia es clave

 El especialista en psicología, Ludendorf Suce Montiel sostiene que la conducta negativa empieza en los primeros seis años de vida.

“Hoy por hoy el hogar no es un lugar donde se socializa, donde se educa con valores a los hijos, no se les explica a los niños de la violencia intrafamiliar que va calando en la memoria y llega un momento en que ya no pueden controlar las emociones”, explicó Suce.

Estas emociones se evidencian cuando los niños patean las puertas, piden a gritos las cosas, cuando los padres de familia no tienen autoridad, no le explican al niño o a la niña que todo tiene un orden, que deben respetar a las demás personas, sean mayores o de la misma edad.

De acuerdo con el especialista en psicología, lo más probable es que en el caso de Julio César Nicolás Sánchez, haya ocurrido una psicosis temporal, aunque tendría que hacer un estudio más a profundidad para dar un diagnóstico acertado. 

“La psicosis temporal es un episodio, un brote de pérdida de la realidad, puede durar horas o un par de días, es ahí donde se pueden cometer los actos más brutales que el ser humano no se explica después porqué suceden”, comentó Suce.

Esta psicosis temporal la puede provocar el exceso de estrés continúo y apabullante en la persona, la ingesta de drogas donde se pierde el contacto con la realidad.

Detrás de una psicosis temporal aparece el sentimiento de culpa y de arrepentimiento y por lo general las personas no recuerdan lo que hicieron.

Padres alerta

Los padres deben estar alertas ante las señales de violencia que muchas veces pasan desapercibidas en sus hijos, porque de reconocerlas a tiempo podrían evitar violencia a mediano o largo plazo.

Una de las alertas es que los hijos podrían padecer de personalidad antisocial, es decir, ser violentos con sus amigos, torturar animales o matarlos. Y a pesar que saben lo que hacen, no sienten remordimientos.

Casos 

La jueza Décimo Distrito Penal de Juicio de Managua, Nancy Aguirre, recuerda que en un juicio de parricidio llegaron puntualmente y la abuelita materna del acusado y madre de la víctima pidió castigo para el nieto.

Esta situación cambia cuando el parricidio no se consuma, como un caso que le correspondió conocer a la jueza María Lourdes Corea, donde la víctima pidió que pusieran libre a su hermano, quien era el acusado.

“Vino la víctima a decir que pusieran libre a su hermano (el acusado), porque su mamá estaba enferma y lo único que él pedía es que se alejara de la casa”, recuerda la judicial.