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El presidente de la Organización Centroamericana y del Caribe de Entidades de Fiscalización Superior (Occefs), Luis Carlos Amado Arosemena, afirma que las contralorías no son para complacer a los poderes políticos ni económicos de un país, sino para reguardar el buen uso de los recursos públicos.

Amado es Subcontralor General de la República de Panamá y estuvo en Nicaragua el pasado viernes a propósito de la celebración de la XXII Cumbre General Ordinaria de la Occefs.

En un breve receso durante el evento brindó una entrevista a EL NUEVO DIARIO y dijo de manera clara que los entes fiscalizadores deben ser independientes, pararse frente al poder y hacerle cumplir las normas, sin que eso se traduzca necesariamente en bloquear las obras que cualquier gobierno quiere hace en pro de mejorar la vida de sus ciudadanos.

¿Cómo valora el trabajo de las contralorías de la región?
Es positivo, hemos avanzado en seguimiento y control de la cosa pública, pero sobre todo en el tema de colaboración entre los miembros de la Occefs y en buscar cómo la ciudadanía se involucre más en la fiscalización del uso de los recursos.

¿Qué tipo de labor ejercen en lo relacionado a las contrataciones y exclusiones de procedimientos?
Nosotros, a diferencia del resto de las contralorías de Latinoamérica y el mundo, empleamos control previo y posterior, y a veces el control previo nos dificulta hacer plenamente nuestra labor de fiscalización.

Nosotros vemos todo lo que se mueve en el Estado, la mayoría de los documentos, ya sean órdenes de compra, contratos, cheques, autorización de planilla, deben tener el aprobado de la Contraloría, autorizado por el contralor, subcontralor o cualquier funcionario que nosotros deleguemos.

Lo que hemos hecho para no congestionar el manejo de la información es que hemos establecido un monto de delegación, porque en 2004 se trató de hacer un cambio para que fuéramos como todas las contralorías de Latinoamérica, que sólo hacen control superior, pero no se ha podido hacer, así que seguimos haciendo nuestra labor. No tenemos límites en montos ni techos de manejo, todo lo que maneja el Estado panameño lo tiene que ver la Contraloría de manera previa.

El asunto de las contrataciones está regulado por leyes y decretos, y hemos tratado de colaborar con el Ejecutivo, pero manteniéndonos al margen del poder político, porque si nosotros contagiamos nuestra labor de fiscalización con el quehacer político, entonces no tenemos nada que hacer en nuestros países, porque la política tiene algunos matices que a veces no favorecen a los intereses del país, sino a los de grupos específicos.

¿Las contralorías colegiadas son buenas?

Todo depende de los modelos que se hayan adoptado, porque para mí, en la Contraloría de Panamá anteriormente, incluso, hacíamos el juicio de cuentas, teníamos una Dirección de Responsabilidad Patrimonial en la que juzgábamos a los funcionarios por el manejo de los fondos, pero ahora separamos esa dirección de la Contraloría y creamos el Tribunal de Cuentas, para hacer ese tipo de cosas.

Hay otros tipos de modelos, el de Nicaragua, el de Dominicana, que es más complicado que el de aquí, porque allá son nueve contralores, aquí son cinco, y las decisiones se toman colegiadas, por lo que es más difícil ponerse de acuerdo, pero las contralorías se han adaptado para poner a funcionar sus normas, y es difícil hablar de un modelo específico sin conocerlo a profundidad, creo que el de Panamá es bastante bueno, el de Chile, El Salvador, pero todo depende de la norma, porque el servidor público, a diferencia del ciudadano común, que puede hacer lo que la ley no le prohíbe, sólo puede hacer lo que la ley le permite, tiene una camisa de fuerza porque está usando recursos del Estado y por eso es que se debe ver el modelo, si aquí emplean éste (colegiado) es porque hasta ahora ha dado resultado.

¿Qué opina de Nicaragua, en donde la Contraloría es colegiada y la dominan representantes de los dos partidos tradicionales, Frente Sandinista y PLC?
Te ruego que me disculpes por no opinar directamente del caso suyo, porque yo respeto la institucionalidad de los países, no tengo respuesta, porque sería de tipo político, y mi función es de fiscalización.

¿En Panamá luchan para que la Contraloría no caiga en la politización?
Claro, es una lucha tenaz, porque el poder económico trata siempre de tener el poder político, y tenemos nosotros que mantener fuera a la Contraloría de ese accionar, pero es una lucha diaria, una lucha dura.

¿Cuál es la fórmula?

Independencia, el hecho que te nombre la Asamblea por disposición de los diputados, que son de los partidos políticos, no significa que te tienes que supeditar a los intereses de los que te llevaron al cargo, tienes que ser un funcionario independiente, probo y de credibilidad.

Se puede ser independiente, actuar con respeto, pero sin miedo, porque son cosas distintas, el problema es que a veces la gente se aferra a los puestos y dice: “Si me peleo con X diputado, me va a poner piedras y voy a perder el puesto”, y no se puede actuar de esa manera, porque uno debe ser profesional cuando trabaja en la Contraloría o en cualquier institución pública o privada.

Actuar con miedo de que cuando salgas del cargo, te van a pasar la factura, no cabe, pues hay que llenarse de valor y hacer el trabajo sin ver quién es el que está involucrado, es cierto que la presión es mucha, las llamadas son innegables, pero uno debe actuar con criterio y decir si alguien actuó conforme la norma, pasa, lo que no, no, y eso nos ha granjeado enemigos
¿Es pararse y decirle no a lo que el poder pretende hacer al margen de las normas?
Así es, porque fiscalizar es decir no, y cuando le dices que no a un político, a una persona que tiene mucho poder político o económico, buscan todos los mecanismos para destrozarlo a uno, incluso se valen hasta de los medios para atacarte, y a veces desde la sociedad civil te quieren influenciar, pero hay que ser firmes y no permitir eso.

¿Cuál es la relación con el Poder Ejecutivo panameño y cuánto aprueban lo que les pide?
Es buena y no puede uno actuar en contra de los programas de gobierno, lo que no hacemos es ser complacientes con el Ejecutivo, lo que viene correcto, conforme la norma, los procedimientos, la Constitución y las leyes, eso se respeta, lo que no, no pasa, y por eso hacemos la figura del control previo.

Tenemos que atender a todos por igual, independientemente de que sea el presidente, un amigo, un político, la iglesia, porque la función de fiscalización, la credibilidad, no se la da el contralor, sino el individuo, cómo actúa el individuo, porque si no actúa con independencia, con respeto a las leyes, la misma sociedad lo termina golpeando y desacreditando, porque tiene cola de paja.