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La vida cambió la mañana del viernes 6 de octubre para, al menos, 70 familias de la comunidad Casas Nuevas, ubicada en El Jicaral, municipio de León. Las fuertes lluvias provocaron inundaciones, que los habitantes de esta localidad solo comparan con las del huracán Mitch, en 1998. Niños, niñas y adultos conviven en casas inundadas, sin agua potable, sin comida y sin letrinas.

El jueves llovió casi todo el día y, al amanecer del viernes, el agua empezó a subir de nivel, recuerda Susana Téllez, quien se encuentra en el albergue de la iglesia Isaí, uno de los dos que hay en la zona. A las cinco de la mañana estaba preparando tortillas para vender, cuando la casa empezó a inundarse. Adalila Martínez intenta limpiar su casa, la que resultó inundada.

“Cuando me di cuenta, tenía el agua hasta las rodillas y no quería salir de la casa solo por no perder la masa para echar tortillas, ¡pero qué va, ni eso pudimos sacar! No tenemos ni qué comer”, relata. 

Al igual que Susana Téllez, en Casas Nuevas al menos 200 personas salieron de sus viviendas anegadas.

“No cabíamos todos en la iglesia Isaí, así que unos se fueron a casas que están en la parte más alta, pero nadie pudo salir de la comunidad porque todos los accesos y las salidas estaban llenos de agua”, agrega Erika Parra, habitante de la comunidad. 

Otras personas permanecieron varias horas arriba de los árboles y, en medio de la inundación, colocaron electrodomésticos y enseres en el techo de las casas, para no perderlos. En las zonas más bajas, el agua llegó hasta los dos metros de altura. Las marcas que quedaron en las paredes evidencian la magnitud de la inundación. Una casa quedó completamente destruida. El agua empezó a bajar de nivel hasta la tarde del viernes.

Las letrinas ubicadas en las casas de las familias afectadas colapsaron y otras fueron arrastradas por las corrientes. Los pozos rebasaron y la gente no se atreve a tomar de esta agua por temor a que esté contaminada. 

Las autoridades pudieron ingresar hasta ayer a la comunidad, después de la inundación, para evaluar los daños. Una clínica móvil atiende a las personas que necesitan servicios médicos, pero la comida y el agua aún no llegan para todas las familias.

El sol salió ayer después de tres días de lluvia en Casas Nuevas. Un habitante de León llegó para regalar comida, agua y medicamentos a las personas refugiadas en la iglesia de la comunidad, pero no fue suficiente. Hubo discusión entre algunas familias que no pudieron obtener alimentos. 

Los pozos de la comunidad están contaminados.La noticia de que un hombre estaba regalando comida en la iglesia de la comunidad se regó en cuestión de minutos y cada vez llegaban más personas buscando obtener algo. Marcia Arana fue una de ellas.

Arana cuenta que, desde que ocurrió la tragedia en su familia, solo han comido una vez. Lavaron unas libras arroz que salvaron de las corrientes y lo prepararon, pensando en alimentar a los dos niños de la casa. Con las corrientes que atravesaron su casa, la familia Arana perdió ropa, sillas, comida y documentos personales.

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En medio de la falta de agua y comida en Casas Nuevas, las personas que regresaron ayer a sus casas hurgaban entre sacos de ropa para poder recuperar algunas piezas, lavarlas y secarlas. Algunos niños quitaban el lodo de los trastos de cocina, enjuagándolos con el agua que quedó atrapada sobre las calles. 

La tierra aún no absorbe la cantidad de agua que cayó sobre la comunidad y el mayor temor es que la lluvia regrese con la fuerza y persistencia de los días pasados, dice Susana Téllez, la señora de 70 años que echaba tortillas al momento de la inundación. 

Ayer regresó a su casa —todavía anegada— para asegurar lo que le quedó, pero si la historia se repite con más fuerza, reza para que su casa resista: el suelo está movedizo, las paredes son de zinc y los pilares de madera.