•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

Tomar agua contaminada de un río en el verano era la única fuente de las comunidades Wany 1 y 2, Santa Fe y Danlí, en el municipio de Siuna, en la Costa Caribe Norte. 

Nohemí Montenegro, de 45 años, vive en Wani 1. Ella relata que en invierno tenían la opción de coger el agua de lluvia para consumirla. Cuenta que la parasitosis y la diarrea eran enfermedades comunes en su pueblo por el consumo de esta agua. La organización Agua para la Vida hizo un estudio bacteriológico de las fuentes de estas comunidades y salieron contaminadas. 

Montenegro, secretaria del Comité de Agua Potable y Saneamiento (CAPS) de Wany,  afirma que la salvación estaba en un manantial que viene de la reserva de Biosfera de Bosawás. 

Esta fuente la convirtieron en un sistema de agua potable por gravedad. La ejecución del proyecto inició en abril de 2014, pero antes hubo un proceso de gestión de 15 años. Según Montenegro, este proyecto fue posible por el apoyo de Agua para la Vida y el Gobierno municipal de Siuna. 

La organización Agua para la vida, que trabaja en la creación de sistemas de agua potable por gravedad en comunidades rurales del país, durante 30 años ha creado 89 proyectos o CAPS en 85 pueblos, según la directora ejecutiva de esta institución Elia del Carmen González. 

De acuerdo con González, las fuentes de agua de algunos de estos CAPS han reducido su caudal, es decir, no tienen el mismo volumen de agua que hace 20 años. Considera que esto está relacionado con el cambio climático en el país. 

Agua a largo plazo

En las comunidades que abarca el proyecto en Siuna son 196 familias las beneficiadas, 4 escuelas, 10 iglesias y 2 instituciones, para un total de 219 beneficiarios, asegura Montenegro. 

De acuerdo con Orestes Humberto Tórrez, técnico hidráulico y de proyectos de Agua para la Vida, el sistema de agua por gravedad en verano puede producir 2,000 litros por minuto. Pero para abastecer se necesitan solo 220 por minuto. Ese caudal les dará agua a las comunidades por 20 años, afirma.  

Montenegro cuenta que las cuatro comunidades tenían su sistema de abastecimiento que eran  riachuelos o pozos artesanales, pero que en tiempo de verano se secaban y sus aguas no eran aptas para el consumo. 

En el caso de las comunidades de Wany y Danlí tocaba abastecerse del río del mismo nombre, pero contaminado. Solo servía para lavar y bañarse. En la parte alta del río hay comunidades que también lavan y arrojan basura, comenta Montenegro.  

El proyecto inicia con un proceso de gestión de la organización de líderes que se llamaba Junta Directiva Territorial en 1999, dice Montenegro. Durante 4 períodos de gobiernos municipales es presentada la propuesta, pero no había respuesta positiva. “En 2008 nos enteramos que en Río Blanco hay un organismo, Agua para la Vida, que apoya proyectos de agua potable. La propuesta fue presentada al director técnico de esta organización. En 2010 la organización realiza la primera visita a las comunidades”, detalla Montenegro.

En 2014 se aprueba el proyecto y el gobierno municipal aportó 150,000 dólares. Res Pública, una organización de Francia, donó 398,062, dólares y Agua para la Vida puso 20,780 dólares. Las 4 comunidades aportaron 56,992 dólares. 

“Llevar agua en verano era un calvario, las mujeres nos desplazábamos a buscar el agua.  También teníamos que ir a otras comunidades, caminar kilómetros para encontrar esa agua media limpia”, relata Montenegro. Afirma que no hubo casos de muerte por ingerir agua de lluvia y del río. Pero sí se presentaban problemas de diarrea y parasitosis que eran frecuentes. 

Ejemplo de conciencia 

En la comunidad de Ceiba Dudu, a 33 kilómetros de la ciudad de Waslala, en Matagalpa, también se realizó un sistema de agua potable por gravedad. La situación es parecida a las de las comunidades de Siuna, el agua de los pozos y ríos cercanos eran de mala calidad. Según Dennis Loza Orozco, líder comunitario, el proyecto fue apoyado por la Alcaldía municipal y los mismos pobladores. 

Para asegurar el futuro de este servicio mantienen una cuota mensual de 45 córdobas por el consumo mínimo de 1 a 15 metros cúbicos de agua, si la familia se pasa de eso se les cobra 10 más como extra, afirma. 

Según Torrez, en el caso de las comunidades de Siuna, la cuota por el mínimo de 1 a 15  metros cúbicos de agua es de 100 córdobas. Explica que esto se debe a que este proyecto es más grande. Esta red de distribución mide 24 kilómetros y consiste en una estructura de captación abierta o un dique. El agua pasa a un sedimentador, después va a un filtro purificador, posteriormente a tanques almacenadores y por último a la red de distribución de 24 kilómetros. 

“La fuente es un río que nace en el cerro Saslaya, cerca de Bosawás. Está ubicado a 13 kilómetros del área de captación y filtrado. Produce gran cantidad de agua, pero solo necesitan trasladar 300 litros al sedimentador y 200 al filtro lento, lo que necesita la comunidad”, detalla Tórrez. 

Menciona que 70 litros por persona es la dotación al día. Si utilizan más agua, se calcula a través de medidores. El agua es estrictamente para consumo humano. 

“Las tarifas son para el mantenimiento del proyecto. 100 córdobas es la tarifa del consumo mínimo, de 1 a 15 metros cúbicos. De 16 a 25 metros cúbicos se cobra 20 córdobas cada metro cúbico. Después de 26, el valor es de 100 por cada metro”. 

En promedio las comunidades gastan 15 metros mensuales. Al menos 22,000 córdobas mensuales reciben del pago de tarifas y 12,000 gastan en operación de mantenimiento, sostiene Montenegro.

Sobre cómo descubrieron la fuente que les da agua, Montenegro recuerda que se exploró en las 4 comunidades y no se encontró en ninguna, sino que se encontró en otras. “Nosotros compramos donde se hizo la estructura de captación. Se compró 2 manzanas y estamos en proyección de comprar 40 más, para evitar que despalen. Los alrededores están amenazados por gente del Pacífico que llegan a establecerse para ganadería y agricultura”, asegura.   

Fuentes de agua potenciales 

Los sistemas de agua potable por gravedad no requieren de energía. Según Jaime Alonso, director técnico de Agua para la Vida, eso es una ventaja, ya que no se gasta dinero en ese aspecto. Sin embargo, un proyecto como el de las comunidades de Siuna es costoso.

Según Tórrez el problema es que “no hay muchas fuentes disponibles como estas. Y si hay otras están contaminadas y hacer un proyecto como el nuestro, sería muy costoso por el tratamiento que deben recibir las aguas”, afirma. 

Montenegro concluye que con la conservación, este tipo de proyectos puede aumentar su producción y hasta sería posible embotellar agua y venderla a otras comunidades. “Tenemos la visión de establecer una pequeña empresita de embotelladora, porque tenemos el vital líquido gracias al proyecto ejecutado por nosotros y las organizaciones”. 

AutososteniIbles 

Según Alonso, de todos los proyectos solo uno ha desaparecido y fue en Paiwa a causa de la guerra en los 80. Afirma que los demás tienen micromedición y pueden construir red de distribución. No obstante su principal reto es que las fuentes han bajado su caudal. “Tienen agua para tomar, pero hay comunidades que otras actividades las hacen con agua de quebradas. Creo que eso es parte del cambio climático y tala indiscriminada”, sostiene. 

Francisco Ramírez es coordinador de la escuela de capacitación en manejo de sistemas de agua. Indica que 8 alumnos se reciben en cada promoción. Esta formación tiene una duración de 2 a 3 años. 

“Cada beca son US$10,000. Les enseña un técnico medio en hidráulica, diseño y manejo de sistema de agua por gravedad. Somos avalados por el Gobierno. Los estudiantes pueden hacer la ejecución de un proyecto de sistema de agua por gravedad. Desde 1996 se forman a los jóvenes. Al menos 39 jóvenes se han formado, de ellos nueve son mujeres”, detalla  Ramírez.