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Doña Indiana Álvarez Narváez es la mamá de Elio de Jesús López Álvarez de 26 años, quien padece de microcefalia, crisis convulsiva, autismo y retardo psicomotor.  Ella asegura que es una preocupación de la mayoría de las madres de personas con discapacidad prevenir el abuso sexual. 

“Se necesita mucha paciencia y dedicación para poder explicarles a ellos (los hijos) lo bueno y lo malo. Casi en un 90 por ciento son muy inocentes, no ven las cosas de la manera como nosotros lo vemos, pues no tiene nada pecaminoso. Muchas cosas que para ellos son naturales para otras personas es incorrecto”, señaló Álvarez. 

Además explicó que por el temor que le hicieran algún tipo de abuso, tocamiento o violación, desde muy pequeño le habló a su hijo Elio al oído de lo bueno y lo malo, así como a tener pudor.  “Por ejemplo se le ha explicado sobre sus órganos sexuales, él diferencia lo de una mujer de lo suyo. Tiene sus sentimientos también, y sus procesos normales de sexualidad. También se le ha dicho que no debe hablarle a personas que no conozca. También se le ha enseñado que dentro de la familia tampoco puede confiar, cuando un familiar le quiera tocar sus partes no es normal y él tiene que reaccionar”, dijo la madre.

Además, apuntó que ella le ha enseñado a su hijo con discapacidad que en el inodoro lo pueden encerrar y que debe manejar la puerta semiabierta. “No se me ocurre dejarlo entrar solo, donde hayan servicios de solamente hombres porque ellos sacan su órgano (sexual) sin pensar que alguien tiene malos pensamientos”, sostuvo. 

Álvarez recomienda a las madres a no ser confiadas, porque los niños, adolescentes y jóvenes con discapacidad son sujetos a muchos abusos. “Yo conozco a mi hijo, así como los gestos que hace si algo le molesta, eso yo lo leo  porque muchas veces él no habla porque tiene problemas de lenguaje”, afirmó. 

Educación sexual

Por su parte Petrona López Ríos, coordinadora de la Unidad de Educación Vocacional Pre Laboral y Laboral del Instituto Médico Pedagógico Los Pipitos, manifestó que  desde dicha institución se reconoce como esfera importante del ser humano la sexualidad, contrario a aquellos mitos o creencias que sostienen todavía de que las personas con discapacidad son seres asexuados, lo cual  no es cierto.

“Hemos venido trabajando en que los padres deben reconocer que los niños, adolescentes y jóvenes con discapacidad son seres humanos con sexualidad instalada y que se desarrolla en el curso de vida”, refirió López. 

Además explicó que la educación sexual debe ser abordada de diferente manera sin obviar la individualidad de un niño, y hacer el ajuste necesario para que reciba la información, por ejemplo si es una persona con dificultad auditiva se debe informar con el manejo del lenguaje de seña o con el uso de un pictograma. En cambio si es un niño con autismo hay que trabajar en la regulación de sus emociones y sentimientos  para que puedan expresarse.

La especialista manifestó que lo ideal es empezar la educación sexual al menor con discapacidad y prevenir el abuso sexual desde que nace y no esperar hasta que sea adolescente. “Sabemos que nuestra sociedad en general tiene resistencia para la educación de sexualidad, porque tenemos el concepto erróneo que sexualidad es algo vulgar y sucio; pero es algo inherente del ser humano”, dijo. 

Explicó que las recomendaciones son: hablar de la sexualidad siempre en el curso de vida, la educación debe ser afectiva, es decir con amor, el cariño y  la ternura. Además, los padres  tienen que estar conscientes de los indicadores de abuso sexual y darse cuenta que esto es una realidad y la condición de discapacidad representa mayor vulnerabilidad para los niños. 

“El abusador sexual se va a valer de la condición del niño, de todo lo que esté a su alcance para poder perpetuar el abuso, por eso es un trabajo permanente de la familia estar pendiente de lo que está sucediendo. Ellos deben estar al tanto de las dinámicas de los abusadores, cómo se comporta la gente que está en mi casa, qué cosas veo, cómo reacciona mi niño enfrente a tal persona, entre otras”, señaló López.

También destacó la importancia de enseñarles a los niños que cada parte del cuerpo tiene su propio nombre y nadie lo puede tocar.  “Aquí enseñamos autonomía para que los niños se bañen y se vistan solos y no estén dependiendo de otros cuidadores. A través de imágenes y  juegos hay que enseñarles a los niños que el abuso sexual existe y él debe decirlo cuando ocurra”, afirmó la funcionaria de Los Pipitos. 

Añadió que a veces los menores con discapacidad no perciben las malas intenciones de las personas, por eso se deben trabajar las emociones para que puedan ir reconociendo cuando esto está frente a lo que es agradable a su cuerpo y lo que es desagradable.

“Si ocurre un hecho en el que el niño no se siente bien lo va a manifestar de manera, ya sea conductual o al dormir, por eso es muy importante que la familia conozca muy bien cómo actúa su niño, es decir qué cambios está teniendo en su forma de ser para poder saber que algo está pasando”, sostuvo López. 

La especialista manifestó que la mayor parte de los abusos, según  las estadísticas, está dentro de la familia, por eso se debe  trabajar con los padres porque generalmente se piensa que el abuso le pasa a otro y no le puede ocurrir a su hijo con discapacidad.

“Las mamás me dicen: ¿Cree usted que alguien le puede hacer daño?, si es un ángel. Les digo: sí. El machismo está tan instalado en los hombres que no tienen el mínimo pudor, no sé qué palabra decirle.  Ellos no van a decir: ‘No voy a violar a este niño que tiene esta discapacidad’, es una relación de poder”, apuntó López.