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Mejorar la productividad usando equipos tecnológicos y materiales que permitan agilizar el proceso de construcción de viviendas son aspectos esenciales que se deben enseñar a los albañiles y maestros de obras que vayan a ser certificados en Nicaragua, explicó el ingeniero Guillermo González Beltrán, quien estuvo en Managua dirigiendo un taller de formadores para la escuela de mampostería, que abrirá sus puertas en la Universidad Americana (UAM) en el 2018.

Beltrán es el coordinador general  del Laboratorio de Materiales y Modelos Estructurales  de la Universidad de Costa Rica (Lanamme, UCR) y fue parte  del equipo de siete expertos que realizaron en la UAM un taller sobre mampostería.

En Costa Rica “empezamos con esto porque nos dimos cuenta que éramos muy lentos pegando bloques y la productividad no era la que deberíamos tener comparados con otros países que tienen una productividad de hasta tres veces más. Nos preguntamos ¿qué sucede? Y como respuesta creamos la escuela de mampostería en la Universidad de Costa Rica con empresas privadas para fomentar las mejoras que fuesen necesarias”, dijo González.

“Arrancamos en 2012, para diseminar el conocimiento en todo el país y para que todos manejáramos el mismo idioma con respecto a la mampostería, que en Costa Rica es similar a Nicaragua, es el sistema más utilizado para construcción de viviendas”, agregó.

“Para tener una idea”, recalcó González,  “un pegador de bloques, en Costa Rica y en Nicaragua, pega aproximadamente 100 bloques diarios en una jornada de trabajo y en Estados  Unidos, por ejemplo, pega entre 300 y 400 bloques. Tratamos de compararnos con los países grandes, porque pensamos en grande”. 

Enlace estratégico  

Gema Matute, coordinadora de la carrera de Ingeniería Civil de la UAM, explicó que previo a la apertura de la escuela de mampostería en el 2018, se iniciaron los talleres de capacitación para “formar a los instructores de la escuela”.

“Ahora mismo lo que hemos hecho son cursos de formadores. Trajimos de la UCR de Costa Rica a los instructores,  que por cinco años han estado desarrollando este proyecto en Costa Rica y vinieron a compartir su experiencia para poder hacer la escuela en Nicaragua”, explicó Matute.

Un primer taller se impartió hace unos días en la UAM y “hubo 30 participantes de distintas empresas, durante tres días estuvieron aprendiendo técnicas, para después transmitirlas a la mano de obra nicaragüense, se trabajó en coordinación con la Cámara Nicaragüense de la Construcción, Ministerio de Transporte e Infraestructura y empresas privadas. En conjunto capacitamos al personal para que después, de este grupo, puedan salir los instructores de la escuela”, recalcó Matute.    

El intercambio con la Universidad de Costa Rica es importante, valoró Matute, porque  “la escuela de Mampostería en Costa Rica ha certificado a más de 300 albañiles y maestros de obra en Costa Rica en cinco años. Siete instructores certificados de la escuela de Costa Rica estuvieron impartiendo el curso, manejaban la especialidad de morteros y dosificaciones”.

González Beltrán, ingeniero costarricense, explicó que “se hizo el enlace con la UAM porque la idea es que esto salga desde las universidades para poder darle continuidad. En Centroamérica andamos parecidos en este tema. En la UAM se hizo un curso piloto y ojalá continúe bien. Queremos enseñarles lo que hemos logrado cuando se aplican mejores prácticas”

“Esto es un proceso lento, de largo plazo, porque es un cambio cultural, la gente viene haciendo las cosas de una forma y que le digan que se puede hacer mejor de otra manera es muy difícil que lo asimilen,  pero en Costa Rica lo hemos venido logrando”, señaló González.

Para mejorar la productividad  en el proceso de construcción de viviendas, se requiere optimizar la cadena productiva, explicó González. 

“Las empresas deben implementar aspectos que usamos y enseñamos en las universidades, que deben poner en práctica los diseñadores, arquitectos, maestros de obra, albañiles y los proveedores deben suministrar en el mercado las herramientas, materiales y equipos que sean útiles para aplicar las nuevas técnicas en la mampostería,  este ciclo debe caminar”, enfatizó el especialista costarricense. 

En cuanto a la temática del curso impartido, González Beltrán explicó que “enfocamos la escuela  en cuatro aspectos: proveeduría,  productores de materiales, las normas y hacer cumplir la normas, con los bloques, el mortero de pega, concreto de relleno y el acero de refuerzo”.

También se enfocan en la importancia de usar “las herramientas básicas y finalmente la inspección, supervisión en el campo, siempre debe haber alguien que esté revisando que las cosas se hacen bien. La idea es que este grupo al cual impartimos el taller, empiece a formar a otros grupos”, recalcó González Beltrán. 

Convocatoria será abierta 

En 2018 la UAM  hará una convocatoria abierta para iniciar el primer curso de la Escuela de Mampostería, con el fin de certificar a la mano de obra del sector construcción de Nicaragua.

En estos momentos “estamos desarrollando el programa de estudio, que tendrá una duración específica de horas, cuando se haga la convocatoria, habrá una hora específica de carga académica, donde van adquirir conocimientos teóricos  sobre dosificaciones de mezclas, morteros, pruebas de laboratorios, control de calidad”, señaló Gema Matute  , coordinadora de la carrera de ingeniería civil de la UAM.

“En la escuela  van a aprender a armar acero, colocar los bloques y a realizar las prácticas correctas, todavía no tenemos la cantidad de horas, porque estamos preparando los componentes de las clases. Todavía se evalúa el costo del curso para quienes lo tomen, para ver de qué manera sea accesible para todos”, comentó Matute.  

En Nicaragua “no hay una escuela de certificación y el objetivo de la Escuela de Mampostería es poder certificar la mano de obra nicaragüense, a los albañiles,  maestros de obra e involucrar a los ingenieros, arquitectos, con el objetivo de poder mejorar las prácticas constructivas  del sistema”, reiteró la académica de la UAM.

Los albañiles deben  “conocer cuáles son los materiales adecuados, conocer las características de los bloques, de los morteros,  de las herramientas y conocer la forma de controlar la calidad del proceso desde el diseño hasta la construcción. Lo que nosotros tenemos es mano de obra empírica, que ha transmitido sus conocimientos  generacionalmente y la idea es ofrecer una formación y un certificado, que diga que se han calificado para desarrollar el proceso”, enfatizó. 

Lo que reforzaron en el taller 

El arquitecto Edgard Pérez, de Coniasa, participó en el taller de mampostería  impartido en la UAM por especialistas costarricenses y calificó la dinámica como “innovadora y enriquecedora”.

“Nos orientaron cómo se debe realizar la colocación y construcción  del sistema de mampostería reforzada y antes de realizar una clase práctica, se nos instruyó totalmente de cómo revisar los materiales para tener un buen bloque de calidad y esto es importante, conocer los parámetros de revisión para saber si un material es bueno o de mala calidad”, dijo Pérez.

“Nos enseñaron un poco sobre las pruebas de laboratorio y que es lo que tenemos que revisar cuando se pide un certificado de calidad, énfasis que tenemos que revisar para ver si cumple o no con las normas. Nos han enseñado para que nosotros transmitamos todo el conocimiento a nuestros colaboradores, en nuestras empresas”, agregó. 

En cuanto al mejoramiento de  la productividad, Pérez destacó que en el taller les enseñaron a saltarse u omitir algunos pasos en el proceso de producción para hacerlo más rápido. 

“Ellos tienen y nos enseñaron una máquina para preparar un mortero (mezcla) especial,  para que la aplicación sea mejor y el proceso más rápido. El mortero tiene otro color, un aspecto más blanco, porque  ya sale preparado de la bolsa y lo depositan en una máquina de donde sale preparado para usarse, es un proceso mejorado que permite más rapidez”, señaló Pérez.

“Aquí, en Nicaragua”, explicó Pérez,  “un albañil sigue usando la  carreta para trasladar la arena y mezclarla con el cemento, lo que mantiene lento el proceso. También nos mostraron que  usan otro tipo de cuchara, una cuchara más grande que la usada por un albañil aquí, donde por lo general usan una cuchara pequeña. La cuchara, al ser más grande, cubre mayor área con el mortero y ayuda a instalar el bloque más rápido”.

En el taller de la UAM también participó Norlan José Olivas, un albañil que trabaja formalmente en una empresa. “Este curso es de un gran avance para nosotros, porque estamos conociendo otras técnicas que permiten hacer el trabajo más ágil, con innovación, rápido y con calidad.  En este país estamos en un lugar sísmico, entonces debemos certificarnos y también enriquecernos de experiencias valiosas.  Esta iniciativa está muy buena”, dijo Olivas.