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Como un trabajo digno y especial que permite dar amor y recibirlo, califica Jorge Orozco su labor como Santa Claus durante el festivo mes de diciembre, en el cual lleva como segunda piel un traje rojo y blanco, que completo y con sus accesorios --botas, cinturón, barba y sombrero-- puede llegar a pesar cien libras.

No debe ser fácil moverse dentro de ese traje de terciopelo, pues pese al tiempo ventoso, a Santa se le ve sudar mientras reparte dulces.

“Hola Santa”, “Mirá, mamá, Santa”, dicen los niños admirados al verlo acercarse. Unos más desinhibidos se lanzan a abrazarlo o a pedirle que los cargue, mientras otros un poco temerosos se esconden.

Sin duda, después de “Dulcito” --un alegre payaso--, este personaje es el favorito de Orozco, que se ha encargado de pulirlo en los últimos 16 años.

“La primera vez que hice de Santa Claus fue para los Supermercados Internacionales, después en Galerías, pero al marcharme a Honduras representando a la Escuela Nacional de Circo pude mejorarlo con creces, y cada año lo afino más”, destaca Orozco, quien tiene 34 años, pero puede modular su voz de tal forma que parece una persona de la tercera edad.

No es para cualquiera
Ser un Santa Claus no es para cualquiera, por esa razón Orozco tiene entre sus metas, para el venidero 2008, preparar un curso de Santa, una escuela de “Santas”, a la cual puedan enviar las empresas de eventos a los más de 300 Santas que se pueden ver en las tiendas, convivios y centros comerciales del país.

“En Nicaragua cualquiera se pone una barba, un traje, se pinta la cara y dice jo, jo, jo…, y ya es Santa por lo que renta, pues se cobran por lo menos 150 dólares por hora cuando sos profesional, pero por el desempleo muchos son los que aprovechan la temporada para trabajar, y se compran un traje y por 200 córdobas (10 dólares) la hora hacen el personaje, sin medir la calidad o atención que debe dedicársele a este trabajo que es enteramente para los niños”, afirmo Orozco.

Para Orozco, hacer de Santa es un arte, pero sobre todo un don. “Hay pocos Santas de escuela, algunos actores logran el personaje pero una escuela para Santas sería ideal, porque hay mucha información que se debe manejar, pues los niños preguntan dónde vive, cómo viaja, qué edad tiene, dónde está y cómo se llama su esposa, que por qué renos y no caballos halan su trineo…, hacen una infinidad de preguntas y hay que responderles para no desilusionarlos”, expreso Orozco.

Santa, yo quiero que me cures
Los niños preguntan sobre todo, pero lo difícil es cuando piden regalos que son imposibles de comprar, como traer de regreso a un familiar fallecido o recuperar la salud.

“En una ocasión fui contratado para repartir juguetes en el Hospital Infantil a los niños con cáncer, y un niño como de seis años me dijo: “Santa no quiero juguetes, quiero que me cures”, es difícil hacer desaparecer la fe de un niño, entonces uno hace labor cristiana también, porque le dije que iba a orar junto a él para que Dios le diera salud, y Él escucharía sus ruegos”, expresó.

Con los pies en la tierra
Al saludar a los niños y a los padres que lo esperan, entre los que me cuento en Galerías Santo Domingo, Santa recomienda a los niños ser bien portados para que el Niño Dios no olvide darle un regalo para ellos en la Navidad.

“Yo siempre les aclaro a los niños que Santa Claus o San Nicolás es un personaje para darles alegría, y que recomienda obediencia, no pierdo la perspectiva, por eso siempre les hablo del Niño Dios, porque la Navidad no es Santa, Santa es un instrumento que se usa, es como el papel de regalo, es sólo la envoltura de este gran regalo que es la Navidad, el gran mensaje de amor que encierra.

Siempre mantengo con respecto a eso los pies en la tierra y trato de transmitir en medio de la alegría y de los regalos, viva, la idea de que la Navidad es tiempo de amor y de solidaridad más que de estrenos”, afirmó.

Mi papá es Santa
Jorge Orozco tiene dos hijos: una niña de 13 años y un niño de seis. Al ser el 24 de diciembre el día de más trabajo, siempre lleva consigo al menor, que disfruta observando trabajar a su papá.

“Mi hijo siempre dice.’¡Qué divertido!, todos los niños quieren a Santa y al Payaso y yo los tengo en mi casa’. Cuando estaba más pequeño llegaba vestido como Santa porque a él le encantaba jugar, y después se ponía la barba y me imitaba”, recuerda.

Pero, ¿qué hace Santa el 25 de diciembre? “Bailar marimba”, responde de inmediato. “Así concluyo la Navidad, bailando marimba con los ancianos del hogar ubicado en Carazo”.


El recordado Melico Maldonado
Melico Maldonado es el nombre del primer Santa Claus que se recuerda en el comercio de Nicaragua. Este hombre, originario de Masaya, conservaba sus cabellos largos y barba blanca durante todo el año, para en diciembre ubicarse, ataviado de rojo y blanco, en la Tienda “Carlos Cardenal” de la Vieja Managua.

Quienes recuerdan a don Mélico señalan que era todo un personaje en Masaya, donde vivía de la azucarera una cuadra al norte, pues cuando salía a la calle no importaba si era Semana Santa y en la calle andaban las procesiones. Todos los niños corrían tras él cuadras enteras gritando: “Santa, Santa, Santa”, pese a andar vestido con ropa común.

“Él no cobraba por ese trabajo, no recuerdo que lo hiciera. Era un trabajo que hacía por amor, porque soportaba todo el año el calor que seguramente le provocaban esa barba y el cabello largo, pero era sin duda un placer observarlo”, manifestó el doctor Danilo Aguirre, Director de EL NUEVO DIARIO.