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No toma, no fuma, no baila pegadito ni habla de política. Todo el talento con el que nació lo usa para servir a su prójimo desde las filas de las mujeres voluntarias que forman parte del Benemérito Cuerpo de Bomberos de Managua, institución en la que lleva diez años de permanecer y donde se enamoró y se casó con otro apagafuegos.

Esta dama de 23 años y que estudia el cuarto año de periodismo en la Universidad Hispanoamericana, Uhispam, es Valeska Manzanares Gómez, quien llegó la filas del Benemérito Cuerpo de Bomberos cuando tenía 13 años porque quería aprender a nadar, lo que consiguió, y después tomó el curso de primeros auxilios.

Valeska, quien tiene el grado de cabo en la institución, que lleva 70 años de servirle a los managuas en las emergencias del barrio San Judas, dijo que cuando ingresó a los bomberos su familia estaba en contra de su decisión, porque le decían que eso era para hombres, que era peligroso.

“Pero como me gustó mucho, tomé el curso básico de bombero y en eso vinieron al país bomberos españoles a impartir un curso especial de rescate y accidentes de tránsito, y como tenía una de las mejores notas (dentro del Benemérito), me aventé a hacer el curso, por lo que me especialicé en rescate y en accidentes de tránsito, especialmente en el rescate vertical”, precisa.

No recuerda cuándo fue la primera vez que le tocó participar junto a un grupo de bomberos varones en la lucha contra un incendio, pero aún tiene grabado en su mente el primer accidente que le tocó cubrir como bombera, y fue el caso de una niña de nueve meses a la que su madre llevaba en brazos cuando una motocicleta la atropelló.

“Fue una muerte trágica la de la niña, porque tenía exposición de masa encefálica, y lo que me impactó más fue que después de que la bebé cayó como a dos metros y medio del sitio donde la tenía su madre en brazos, ella nunca soltó de su manito una bolsa con caramelos que dan en La Gritería”, señala.

¿Por qué quiere ser periodista?

Cuando le preguntamos por qué escogió la carrera de periodismo, profesión que no se parece en nada a la labor bomberil, Valeska dice: “No sé por qué, pero me encanta el periodismo desde que estaba en cuarto grado de primaria, y me atrae la prensa escrita y un poco la radio”.

“Quisiera llegar a ser una periodista muy profesional, me encanta escribir; en el Benemérito tenemos un boletín que se llama ‘El Hidrante’, y allí ayudo a elaborar varias notas, además sirvo información a las radioemisoras que llaman a los bomberos para conseguir datos cuando hay emergencias”, añade.

Su primera crónica

Escribió una crónica del día en que nació su bebé, y la tituló “El mejor regalo”, porque está agradecida por tener a su primer hijo. La crónica está compitiendo en la universidad donde se prepara para salir como periodista.

“Yo no fumo, no bebo, no bailo pegadito, pero sí tengo resistencia cuando salen casos -–en las atenciones a accidentes-- de personas con exceso de peso; tengo que rifarme”, revela Valeska, quien recordó que las prácticas son muy duras. Sólo el chaquetón, el pantalón, las botas, el casco y el equipo de oxígeno que se tienen que poner para ir a extinguir un incendio pesan entre 45 y 50 libras.

A ese peso habría que agregarle la presión de la manguera, estar sofocando un incendio, recibiendo una radiación; “el calor es algo súper difícil, pero la misma adrenalina a uno lo impulsa a continuar con la extinción de las llamas”, agrega Valeska.

La bombera es la única integrante del Benemérito que se baja de cabeza y solamente utilizando los pies, en una cuerda del camión escalera de 100 pies de altura. Esto lo ha hecho todos los años como parte de una maniobra de exhibición en septiembre, cuando la institución celebra su aniversario.

Aunque también hace tirolina (pasar de un punto hacia otro en una cuerda en el rescate de personas), ascenso y descenso.