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Suyén González, la joven asesinada el pasado 4 de diciembre en las cercanías de un centro comercial en carretera a Masaya, estaba sometida a un círculo de violencia y amenazas que le impidieron denunciar a Óscar Alberto Berríos, el hombre acusado de matarla, sin embargo tenía planeado huir hacia Costa Rica, dicen familiares. 

Escarleth González, mamá de Suyén, recuerda que su hija  casi no le hablaba de la violencia que sufría, “pero jamás puso una denuncia porque ese hombre la tenía amenazada”.

Itzex Jaime González, hermana de Suyén, explica que la muerte de la joven de 21 años fue un golpe muy grande para la familia. Ellas siempre fueron muy unidas. Suyén era la mayor de tres hermanas y el sustento de su hijo de cuatro años.

La última vez que Itzex miró a Suyén fue el domingo 1 de octubre cuando recibió su visita en carretera vieja a León. Llegó en compañía de Óscar Berríos y no le pareció una mala persona: “decía que era cristiano y hablaba impartiendo bendiciones, pero el lobo siempre anda vestido de oveja”. 

Días después de esa visita, Itzex recuerda que su hermana le dio detalles sobre el círculo de violencia al que estaba sometida: “Ella me contó que ese hombre la tenía amenazada, mucho la acosaba, no la dejaba en paz y quería renunciar a su trabajo porque estaba harta de él”.


¿Quién era Berríos?

Óscar Alberto Berríos, acusado de femicidio en perjuicio de Suyén González, no tenía hijos, estudiaba los domingos y hoy se graduaría como licenciado en Química Farmacéutica, según su vecino Medardo Hernández, quien afirma conocer de toda la vida al joven a quien veía como un hijo.

Durante la audiencia preliminar realizada el pasado 7 de diciembre, la abogada defensora María Auxiliadora González, indicó que Berríos antes de ser vigilante fue miembro de la Dirección de Brigadas Tácticas de la Policía Nacional y fue enfermero y farmacéutico del Sistema Penitenciario Nacional de Tipitapa, de donde según Hernández, “se salió porque tuvo problemas”, sin detallar de qué tipo.

Desde entonces laboraba como miembro de una empresa de vigilancia privada y tenía a su resguardo una sucursal bancaria de carretera a Masaya. Fue en las afueras de su trabajo donde cometió el crimen con la misma arma que usaba para cuidar el lugar. 

Carlos Berríos, papá del acusado, también se dedica a la vigilancia privada, mientras que Ivonne Munguía, la mamá, es vendedora de ropa usada en el mercado Iván Montenegro. Ambos no han querido dar declaraciones sobre el caso y tampoco han podido ver a su hijo desde que fue detenido. 



Posesivo y misógino

Según la acusación de la Fiscalía, Suyén González había iniciado una relación con Óscar Berríos a mediados de este año y desde el inicio “el acusado mostró una conducta celotípica hacia la víctima”. 

La Fiscalía detalló que el hombre la llamaba constantemente, comenzó a controlar la forma de vestir y maquillarse de la víctima, siempre la tomaba fuertemente del cuello o de la cintura “para mostrar ante sus amigas el dominio que este ejercía sobre la víctima como si esta fuera de su propiedad”. 

La Fiscalía detalló que el día del crimen, Berríos revisó el contenido que había en el teléfono de Suyén y supuestamente encontró conversaciones con una persona del género masculino. 

Luego “él se dirigió hacia ella, la llamó y como esta no obedeció (lo que desde su concepción androcéntrica interpretó como un acto de rebeldía), en una clara expresión de odio hacia la víctima en su condición de mujer, el acusado desenfundó el revólver y le disparó por la espalda mientras ella iba caminando, logrando con ello que la víctima cayera herida al suelo y no bastándole, se acercó a su humanidad y le disparó cinco veces más en la espalda y pierna izquierda, lo cual le ocasionó la muerte”, detalló la Fiscalía. 

Luego de cometer el crimen, Óscar Berríos “sopló el cañón del revólver en un acto triunfante de posesión y dominio sobre el cuerpo y la vida de la víctima”, dice la acusación de la Fiscalía por el delito de femicidio.

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