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Viernes 22 de diciembre, 1972. A pocos minutos de iniciar el telenoticiero Extravisión, de las 10:00 de la noche, su director y presentador Manuel Espinosa Enríquez se ve obligado a improvisar una noticia inesperada: "Damas y caballeros nicaragüenses, en este momento se está produciendo un fuerte temblor aquí en la ciudad de Managua; pero no se asusten, ni salgan en carrera, caminen despacio hacia la puerta, colóquense en el quicio de la puerta, no se pongan de pie frente a un poste de luz y esperen a que pase".

Espinosa Enríquez, quien había percibido el movimiento brusco del atril desde donde leía las noticias, hablaba con la serenidad que le caracterizaba como locutor, viendo directo a la cámara que también se había mecido segundos antes por el sismo.Manuel Espinosa Henríquez, periodista y actual director de Extraplus, canal 37.

El noticiero concluyó a las 10:30 y Espinosa se dirigió a la calle Colón, a tomar un refresco. Era una de las vías más transitadas de la Managua de la época y esa noche prevalecía un calor inusual en la ciudad; el ambiente era festivo, mucha gente caminando, haciendo compras para la Navidad o celebrando en restaurantes y salas de baile.

Se fue pronto a su casa, en residencial Altamira, y encontró a su esposa empacando los regalos que pondrían al pie del árbol navideño. El bochorno y el cansancio lo indujeron a buscar la cama. Se durmió, pero al poco tiempo, antes de una hora quizás, lo despertó su esposa quien alarmada le pedía salir pronto. Managua retumbaba por el terremoto de 6.2 grados, cuando iniciaba el día 23 de diciembre.

Vio a los vecinos salir perplejos, algunos en ropa interior; dejaban sus aposentos movidos por el instinto de sobrevivencia y sin saber bien qué ocurría como consecuencia de la remecida de la tierra. Luego se toparía en la calle con una escena más inquietante, un grupo de mujeres tapadas con sábanas e iluminadas por un candil, rezando: "Santo Dios, Santo Fuerte, sálvanos señor, sálvanos de esta...”

La señal más clara de la proporción de la tragedia apareció como a la media hora, al crecer un resplandor en el horizonte oscuro. Era el incendio de uno de los mercados de Managua, el San Miguel o el Central. Lo estaban observando cuando sucedió otro sismo, casi tan fuerte como el primero. Manuel Espinosa se aseguró entonces de que su familia estuviera a salvo y decidió ir al Canal 2, creyendo que podría saber más sobre el acontecimiento y dedicarse a informar.

Sufrimiento y saqueo

Óscar Miranda, el gerente de ventas y publicidad de Canal 2, estaba en una fiesta navideña en el segundo piso del edificio F y C Reyes cuando los edificios empezaron a caer.  Desesperados, los invitados buscaron la salida en el momento en que se venía al suelo parte de la estructura de Casa Pellas, situada en frente. Varios automóviles en exhibición, listos para ser vendidos en esos días, crujieron bajo el golpe seco del concreto.Guillermo Mejía Baltodano, mercadólogo y publicista retirado, coordinador del Círculo Literario del Adulto Mayor (CLAM).

Entre todos los asistentes al festejo lograron romper el candado que les impedía salir del edificio. Miranda, asustado como todos, subió rápido a su automóvil y condujo sorteando obstáculos hasta la colonia Centroamérica, donde continúa residiendo 45 años después. En el trayecto, bastante complicado por los desechos esparcidos en las calles, pudo ver a pobladores de barrios periféricos dirigiéndose hacia el centro de la ciudad, dispuestos a saquear establecimientos comerciales.

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Miranda hace una pausa y dice que le afecta recordar aquellos momentos tristes, cuando la capital de Nicaragua sucumbió al terremoto y sepultó a miles de sus pobladores. Explica que preferiría no revivir esas escenas en su memoria.

Guillermo Mejía, quien trabajaba en Casa Pellas como vendedor de autos nuevos, había estado en ese edificio hasta las 3:00 de la tarde del 22 de diciembre. Recuerda que fue a almorzar con un compañero de trabajo, tomaron algunas cervezas y se despidieron temprano, cuando empezaba la noche. Su amigo se fue a Granada y él a su casa, cerca del cine Cabrera.

“Vimos algunas cosas, sentimos un ambiente cargado, como un preludio del terremoto”, comenta hoy. El movimiento terráqueo sacudió la segunda planta de la casa donde dormían Mejía y sus nueve hermanos. El entretecho colapsó y se levantó una nube de polvo. Sólo escuchaban la voz de su papá llamándoles desde el primer piso, a cada uno por su nombre.

La realidad macabra se desnudó con el alba. Al salir el sol, Mejía pudo caminar, escuchar y ver a gente atrapada que pedía auxilio, a quienes corrían con desesperación en las calles y a otros socorriendo a heridos en medio de la destrucción. Para su suerte, ninguno de sus familiares había sufrido heridas con el desplome de una parte de la casa. El mismo día se fueron a San Marcos, Carazo.

Una decisión difícil

Las cámaras de Extravisión estaban dentro del edificio de Canal 2, tal como quedaron después de la transmisión del noticiero del 22 de diciembre, razón por la que Manuel Espinosa Enríquez se había desesperado por ir a la televisora recién ocurrido el terremoto. Cuando pasaba por la calle Colón, la misma zona donde había estado la noche anterior tomando un refresco, encontró cadáveres en las aceras tapados con sábanas. Los habían sacado de los escombros de las viviendas. Recuerda que algunos sobrevivientes andaban con la mirada perdida, en silencio, buscando más cuerpos.Escombros del antiguo estudio del canal 6 en la avenida roosevelt.

Un día después, en la mañana del 24 de diciembre, Espinosa fue a las plantas de transmisión de Radio Mundial, la emisora para la que él había trabajado antes de incursionar en la televisión. Allí, en las cercanías del kilómetro 5 de la Carretera Sur, los radioaficionados estaban transmitiendo mensajes de damnificados o de sus parientes. “Fulanita de tal manda a decir a sus familiares en Boaco que ella está bien aquí, que no se preocupen, que va a llegar; fulano de tal pregunta...” Eran los mensajes más comunes en las horas posteriores a la tragedia, relata el periodista.

Al final, aceptó la sugerencia de su esposa de que se fueran, con sus tres hijos, a Jinotepe. “Fue una decisión difícil, yo tuve que escoger: mi profesión o mi familia. Entonces, dije: ‘Voy a ir a dejar a mi familia y voy a regresar’, porque, la verdad del asunto, es que yo estaba totalmente convencido que yo debía estar aquí en Managua”, afirma el periodista, hoy con 78 años de edad.

Durante las semanas siguientes, Manuel Espinosa Enríquez viajó diario entre Jinotepe y Managua para intentar entrar al edificio de Canal 2, el que no había colapsado pero ningún trabajador podía entrar por orden del gerente general, Octavio Sacasa, quien esperaba la evaluación de la aseguradora sobre los daños en el inmueble.

Cuando Espinosa pudo entrar al estudio, sacó una cámara filmadora y una fotográfica con las que grabó para la historia las imágenes del centro de la ciudad doblegada por el sismo, los incendios y los saqueos al comercio.

Varios días anduvo recorriendo los barrios de la capital agonizante y también fue testigo de cómo emergían rótulos improvisados, en los que se leía: "Estamos operando". Eran pedazos de madera con mensajes escritos con pintura, producto de la necesidad de los comerciantes de reiniciar sus negocios. La ciudad empezaba a revivir.

Guillermo Mejía dice que la empresa Toyota internacional facilitó vehículos para que los empleados de Casa Pellas, que había trasladado sus operaciones a una de sus bodegas cerca del lago, resolvieran necesidades familiares inmediatas.

Él se reincorporó al trabajo, pero no como vendedor de autos sino como conductor. Por vez primera condujo un camión de ocho toneladas, para trasladar a otros compañeros de labores y sus familias fuera de Managua.

Pequeños y medianos negocios surgieron en las periferias de Managua, para responder a las necesidades de los damnificados. “La destrucción trae la reconstrucción, y empezaron a ofertarse casas nuevas, equipos nuevos, máquinas nuevas. Se volvió un momento de ventas de ocasión”, explica.

Óscar Miranda recuerda que un día después del terremoto él fue al Canal 2, dispuesto a trabajar. Las festividades navideñas recomenzaban y la otra televisora del país en esa época, el Canal 6, había cerrado operaciones por completo porque su sede estaba en la Avenida Roosevelt, una de las áreas más afectadas por el sismo.

Por eso, la cadena nicaragüense de televisión, dirigida por el Gobierno, solo era transmitida por Canal 2. Sin embargo, en algunas horas se alternaba la programación con anuncios o producciones propias del canal, por lo general transmisiones en vivo con información sobre lo ocurrido en la capital.

El gerente del Canal 2, Octavio Sacasa, salió del país con su familia después del terremoto y Miranda asumió esas funciones. “El terremoto afectó en alguna medida (al canal), pero había que seguir”, enfatiza Miranda con orgullo, al retroceder el tiempo y precisar los esfuerzos que hicieron para resurgir.

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