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La mañana del jueves 28 de diciembre de 1972, cinco días después que el sismo de 6.2 escala Richter devastara Managua, el fotógrafo Armando López, quien radicaba en California, arribó al aeropuerto nicaragüense Las Mercedes, hoy llamado Augusto C. Sandino. En los cuatro días siguientes fotografió algunas escenas del desastre en el centro de la ciudad, cerca de donde estaba el negocio de su papá. Caminó junto a sus dos hermanos, Francisco e Irene, y a su padre, el fotógrafo Francisco López Argüello. 

Los incendios consumían lo que quedó de los edificios, los saqueos continuaban y los capitalinos que permanecían en la ciudad aún estaban perplejos ante la perturbadora escena. “A veces se venían malos olores provenientes de los cadáveres que se habían quedado insepultos”, relata Francisco López, hermano del fotógrafo.Esta zona se ubica en la actual entrada oeste del parque Luis Alfonso Velásquez Flores.Foto: Henry Padilla

El terremoto marcó un antes y un después en la historia de la capital nicaragüense. Recordar esa tragedia aún impacta a quienes sobrevivieron.

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Fotógrafo de generaciones

Francisco López Argüello, nacido en Managua en 1914, fue fotógrafo profesional por 58 años hasta su muerte en diciembre de 1991, a los 77 años de edad. Fue uno de los pioneros de la fotografía en Nicaragua, inició desde muy joven aprendiendo de su padre, el fotógrafo Francisco López Narváez, a quien acompañaba a tomar fotografías con herramientas rudimentarias, como cámaras de explosión y placas de vidrio. 

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“Yo me ‘fogueé’ unos 10 años trabajando a domicilio. Vendía las fotos por las calles de muchas ciudades y como no existían los flash, había que tomarlas a plena luz solar. Una vez tomada la foto  me metía a los cuartos, con cortinas y puertas cerradas con todo y trípode para cambiar las placas, con los brazos dentro de las mangas”, expresó el fotógrafo al periodista Juan Velásquez en una semblanza publicada en el diario La Prensa en 1983, titulada “Bodas de oro con la fotografía. 50 años de casado con las cámaras”. 

Al igual que otros fotógrafos de la época, como Adán Díaz, Justo Pastor López, Enrique Alemán y Francisco Quezada, enfrentó grandes desafíos como fotógrafo, por la falta de acceso a químicos para el proceso de revelación y papel de buena calidad para las imágenes. 

Incursionó en el periodismo fotográfico en este mismo diario a inicios de los 40, y en 1944 fundó el estudio fotográfico “Foto Lux” en un local ubicado en la calle 15 de septiembre. Ahí inmortalizó fotos familiares, bodas, graduaciones y otros eventos sociales. 

El edificio del negocio colapsó con el terremoto del 23 de diciembre de 1972, y reinició funciones en Ciudad Jardín, cerca de su casa, donde vivía con su esposa Ana María Pérez y sus hijos Armando, Francisco, Irene e Indiana.