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Al menos 832 nicaragüenses fueron deportados de Estados Unidos entre el 1 de octubre del año pasado y el 30 de septiembre de este año (período que en EE. UU. se conoce como año fiscal), un 5% más que el anterior cuando fueron devueltos 795 connacionales, refleja el informe anual del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de ese país divulgado el pasado 13 de diciembre.

Solo entre el 11 de enero y el 13 diciembre de este año han llegado a Nicaragua 18 vuelos con al menos 560 nicaragüenses deportados de Estados Unidos, de acuerdo con un recuento basado en reportes de medios oficialistas. 

Entre el 1 de octubre del año pasado y el 30 de septiembre de este año, el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) a través de la Oficina de Detención y Deportación efectuó 143,470 arrestos y 226,119 deportaciones. 

Desde el comienzo de la administración de Donald Trump, el 20 de enero de este año, hasta el fin del año fiscal, el 30 de septiembre pasado, la Oficina de Detención y Deportación efectuó 110,568 arrestos, lo que representa un aumento de 40% en comparación al año fiscal 2016, todavía bajo el mando del expresidente Barack Obama. 

“El 92% de los extranjeros que ICE arrestó administrativamente entre el 20 de enero de 2017 y el fin de año fiscal (30 de septiembre) fueron extranjeros removibles porque tenían una condena penal o un cargo penal pendiente, eran fugitivos de ICE o eran reentrantes ilegales”, explica el Departamento de Seguridad Nacional en su sitio web.

Durante ese mismo período, las deportaciones realizadas debido a un arresto efectuado por ICE aumentaron un 37%, según indica el Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos en su sitio web.

A Nicaragua el último vuelo con deportados llegó al Aeropuerto Internacional Augusto C. Sandino, de Managua, el 13 de diciembre, con 31 connacionales.

Consecuencias

El pasado 19 de abril llegó al país el sexto vuelo con 56 nicaragüenses deportados. Ese día volvió Alfredo Baca, quien tenía 30 años de estar viviendo en Miami, Florida.

A su regreso recordó la noche en que fue detenido en Miami. Cenaba con su esposa cuando agentes policiales le pidieron documentos, pero permanecía en el país de forma ilegal. En Miami quedó su esposa junto a sus cinco hijos nacidos en Estados Unidos. “Eso es lo que más me duele”, dijo Baca a El 19 Digital. 

En efecto, la desintegración familiar es una de las consecuencias más dolorosas de la deportación, según el sicólogo Juan Daniel González. 

“La mayoría de las consecuencias en estos casos suelen ser emocionales y pueden desencadenar otros problemas. Estas personas experimentan un sentimiento de fracaso por no haber alcanzado su objetivo, angustia y frustración por estar lejos de su familia”, explica el especialista. 

A nivel sicológico también desarrollan un nivel de miedo e ira, por el trato que sufren durante el proceso de deportación, agrega González. “Todas estas emociones juntas provocan que se les dificulte la readaptación social, ya que generalmente tienden al aislamiento. Otros hasta sienten un grado de vergüenza y caen en depresión”.

Miriam Reyes, responsable de Atención Legal del Servicio Jesuita para Migrantes de Nicaragua, ha explicado que además hay un impacto económico, pero a la vez sienten una “anulación del proyecto de vida”.

“(Ellos) no encuentran sentido a su vida en un país que muchas veces no brinda respuestas a sus necesidades, y su único fin es estar en aquel otro en donde tenían ciertas facilidades. Esa anulación y depresión se agudiza en aquellas personas que dejan a sus familias en el país deportador o cuando emigraron a sus pocos años de edad, y su remoción implica un desarraigo total con su país de origen”, comenta Reyes.

Impacto económico

Estados Unidos es uno de los principales destinos de los migrantes nicaragüenses y el origen número uno de las remesas que llegan a Nicaragua, de acuerdo con reportes oficiales.

El año pasado Nicaragua recibió US$1,264.1 millones en concepto de remesas familiares, según cifras del Banco Central de Nicaragua (BCN). 

Los principales países de origen de las remesas continúan siendo Estados Unidos y Costa Rica, los que en conjunto representaron el 76% de los flujos totales. Las remesas provenientes de Estados Unidos crecieron 3.5% en 2016, sumando US$690.1 millones, mientras las provenientes de Costa Rica totalizaron US$270.

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