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Mireya Luis estuvo 18 años con la selección nacional de voleibol de Cuba, fue capitana de este equipo y ganó tres medallas de oro en Juegos Olímpicos, dos campeonatos mundiales y cuatro Copas del Mundo. 

Por su juego espectacular y los títulos mundiales obtenidos con la selección isleña, Luis es uno de los símbolos deportivos latinoamericanos y es reconocida en Europa y Asia como una de las mejores jugadoras del planeta en dicho deporte. 

Luis estuvo recientemente en Nicaragua promocionado el libro titulado “Entre cielo y tierra, Mireya Luis”, en el cual se relata la historia de su familia y sus esfuerzos para llegar a convertirse en un ícono deportivo. “Nicaragua es un país al que siempre quise visitar y nunca pude hasta hoy”, dijo en esta entrevista con El Nuevo Diario.

¿Por qué titulaste el libro Entre cielo y tierra? 

Había un periodista que decía: “si usted ve a una mujer volando por el cielo no se asombre que es Mireya Luis”. Se refería a la saltabilidad que tenía yo. Quizás todos los triunfos alcanzados, la cantidad de títulos que logramos,  se puede pensar que es casi como llegar al cielo. Pero no acostumbro comentar mucho las cosas así, me gusta la modestia, nunca me he creído muchas cosas,  aun cuando logré ganar muchos títulos, pienso que con todos los títulos ganados un atleta debe ser una ser humano con los pies en la tierra, aunque haya logrado metas muy altas, pero el libro se llama “Entre cielo y tierra”, y lo escribe el periodista Óscar Sánchez.  

Pero, ¿Mireya vivía en el cielo?

Gran parte de mi vida estuve siempre volando, entonces vivía en el cielo imaginariamente, porque siempre soñé en alcanzar grandes metas, me propuse siempre metas muy altas y logré alcanzar muchas. Fui una persona entregada a mi deporte, a mi trabajo de equipo, a mi juego, a mis entrenamientos, a velar por mi condición física, vivía siempre en ese mundo, quizás diferente para muchos, con un pensamiento por allá arriba. Es que si un atleta no tiene ese sueño, esa capacidad de pensar en lo más alto, entonces no se llega a lo más alto.

¿Cuenta el libro la historia de tu carrera?

El libro es un homenaje a mi familia, a mi padre, que fue quien comenzó esta gran historia ,y a mi madre, que fue la encargada de darle seguimiento y desarrollar esta historia. Mi padre falleció en el año 1996 y mi madre en 2013.

¿Cómo nace la idea de compartir parte de tu vida?

En Cuba hay una cultura de hablar de casi todo y muchos de los deportistas han hecho sus libros con autores, personas que los ayudaron, pero yo nunca pensé en eso, no era algo que me inspiraba, a mí me inspiraba hacer las cosas, más que contarlas. Creo que a medida que vas haciendo las cosas, que te vas proponiendo y cruzando metas, entonces el mundo se va enterando y yo tenía ese concepto, lo que hacía lo hacía porque me gustaba y porque sabía que estaba dando algo, pero sin la intención de hacer una publicidad.

Pero mi esposo me dijo: “¿Tú no piensas escribir algo sobre tu vida?” Yo dije: “no. Bueno tal vez lo haré cuando ya no pueda hacer nada, cuando ya esté fuera de todo esto”. Se quedó así, pasó el tiempo y me dijo: “bueno, ya es hora que hagas algo, porque ya no estás jugando, sigues vinculada al deporte, pero estás fuera de lo que es el deporte activo”. Entonces él hizo toda una planificación, buscamos a la persona que lo iba a escribir y quisimos que fuera especialmente una persona, el escritor es un gran amigo, es el periodista Óscar Sánchez, subdirector del periódico Granma en Cuba, quien ha estado muy cerca del deporte en general y con quien tenemos una química hermosa, y es una persona con una gran sensibilidad, una gran ser humano. 

¿En qué fecha comenzaron a trabajar en la obra?

Comenzamos en el año 2012 y lo terminamos en el año 2015. En 2016 hicimos la primera presentación en Río de Janeiro. El libro comienza con las palabras de Juan Bosch, una personalidad de nuestra América, de nuestras islas, porque mi descendencia es haitiana, mi padre era haitiano, mi madre también era hija de haitianos, entonces por ahí comienza la historia del libro, cuando mi padre migra a Cuba en 1926 en busca de trabajo, buscando vida. Se cuenta todo aquí en el libro, desde cuando comienza una vida con mi madre y tiene nueve hijos, siete varones y dos hembras, siendo yo la más pequeña. Se cuenta todo el drama.

Lo primero que hicimos para iniciar la escritura del libro fue ir al lugar donde nací, que se llama Aguilar, en el municipio de Vertientes, en la provincia de Camagüey al centro de Cuba, era una batey haitiano.

¿A qué edad comenzó a jugar voleibol?

Comencé a los 10 años. En Cuba existe una escuela de iniciación deportiva escolar, en una de esas escuelas comencé, gracias a mi hermana que también jugó voleibol. Ella es profesora, es licenciada en Deportes y es máster en Educación Física. Ella me enseñaba y me llevaba una pelota a la casa y un día me dijo: “vamos hacerte la prueba, porque van hacer captaciones de niñas y todas tienen que ir tal día a tal hora”, y yo me presenté. Yo era muy pequeña y lo sigo siendo. Entre mis compañeras era la más pequeña.  

¿Tuvo interés en otros deportes?

No sabía mucho de deportes, sabía de voleibol porque mi hermana estaba en ese deporte, pero cuando llegué a la escuela me llamó mucho la atención el tenis de campo, incluso hubo un momento en que le dije a la profesora  que me iba a pasar al deporte de tenis porque es más fácil y la profesora me dijo: “ah, con que el tenis de campo, vamos a mirar el tenis de campo, el tenis de campo también es fuerte, es bajo el sol, tienes que correr, mira los movimientos, debes hacer fuerza, entrenar fuerte”. Y concluyó: “mejor vamos a quedarnos en voleibol, que es lo mismo”.

¿Qué estudió?

Soy licenciada en Cultura Física. Es una carrera muy amplia y se tiene la oportunidad de aprender muchas cosas, se estudia la base de todos los deportes, la planificación de entrenamientos. Mi deporte es voleibol. Terminando la carrera yo seguí en la selección nacional y, al retirarme, comencé a trabajar en la Federación Cubana de Voleibol, me gustó seguir trabajando para el voleibol.

En la federación comencé trabajando como especialista de relaciones internacionales y después pasé a ser la coordinadora nacional del voleibol de playa. Soy la vicepresidenta de la Federación Cubana y atiendo lo que es voleibol de playa.

¿Tiene hijos?

Tengo una hija de 31 años y tengo un nieto de siete años, se llama Darío, y es muy lindo, soy una abuelita. Mi hija es una mujer preciosa, es de mi tamaño, es bailarina de profesión, graduada en la escuela de arte en danza y nunca le gustó el voleibol o el deporte, me parece que ella absorbió lo negativo del deporte de alto rendimiento, que es el sacrificio de estar siempre fuera de la casa. A Darío sí le gusta el deporte, le gusta el atletismo, dice que va a ser un corredor, es rápido e inteligente, es muy deportista, él participa en su escuela  y cuando voy a verlo se alegra, él dice que soy la “volibola” (ríe).

¿Podría explicar mejor a qué se refiere con la carga negativa del deporte?

La carga negativa es no estar en la tierra, no estar en casa casi nunca. Llegué a la selección nacional a los 15 años, en octubre de 1982, y me quedé, dándome una opción, abriéndome una posibilidad, porque como era tan pequeña, debía demostrar que sí podía jugar con la selección nacional, entonces me gané esa posibilidad. 

Tuve a mi hija muy temprano, quedé embarazada a los 18 años, casi a los 19 años la tuve. No me dio tiempo de tener una embarazo normal, estaba embarazada y estaba jugando y no sabía que estaba embarazada, tenía un proceso fisiológico anormal, no tenía síntomas del embarazo, fue algo extraño, estaba de gira con la selección, pero un día le dije al médico: “doctor se me inflaman los pies cada vez que viajamos y llegamos a un país”. Y él me dijo: “cuando lleguemos a Cuba vamos a ver”.

Al regresar a Cuba y hacerme los pruebas me enteré que ya tenía seis meses de embarazo, y mi  criatura no se movía, yo estaba así como me ven, yo tengo el mismo peso que cuando tenía 17 años, 65 kilos y medio. Luego hicimos una boda sin bodas, dejé de entrenar casi dos meses. Pero a los 21 días de haber nacido mi hij, me fui con la selección a un campeonato,  era ya una jugadora establecida y me fui a jugar.

¿En qué momento se dio cuenta de que era una estrella deportiva?

Pasó mucho tiempo, lo que sentía era una gran responsabilidad con mi equipo. Era la capitana del equipo ya en el año 1986 y sentía una gran responsabilidad, no me sentía nada diferente, eso no me pasó por la mente, pero sí era muy responsable con mi equipo, con mi rendimiento.

¿Quién le dio ese sentido de responsabilidad?

Pienso que fue la educación que recibí en casa, en mi casa existían reglas para comer, para vestir, para salir. Ver a mi mamá tan ocupada de tantos hijos, tan preocupada porque sus hijos estudiaran, se prepararan, trabajaran, fue la disciplina de la casa, creo que por ahí comenzó y después entrar en la escuela, cumplir el horario, estar debidamente vestida, cumplir con el entrenamiento, respetar a las personas mayores.

En el libro se relata mucho de esto, porque es  la gran Katalina Hernández, mi mamá, ella es el personaje que casi narra todo este libro, ella tuvo la oportunidad de narrar la vida de la familia. Mi papá,  Alejandro Luis,  no tuvo esa oportunidad de narrar, en libro viene escrito de dónde sale el apellido Luis, pero no te voy a contar todo. 

¿Cuándo se interesó en visitar Nicaragua?

Aun cuando Nicaragua no tenía un  altísimo nivel en el voleibol, tenía su equipo y existía una relación entre ambos países. Cuando llegué a la selección nacional yo sabía que se hacían muchos eventos en Nicaragua. Aquí celebraron varios topes juveniles, pero nunca pude venir a Nicaragua y yo lloraba por venir a Nicaragua, quería venir a Nicaragua por el mito de conocer a un país que tenía tantas relaciones con Cuba. Yo escuchaba a Fidel (Castro) hablar de Nicaragua y  yo quería conocer Nicaragua.

Recuerdo una oportunidad en la que enviamos juguetes a Nicaragua y mi mamá me dijo: “Mireya, estos juguetes que tenés aquí son tuyos pero se van para Nicaragua”, entonces tenía esa curiosidad. Además, cuando mis compañeras regresaban de Nicaragua me hablaban del país y yo quería conocer los volcanes, cuando regresaban mis compañeras, ellas venían bailando, las muchachas de los equipos juveniles regresaban bailando una canción que decía “Sopa de Caracol”. Entonces contaban que la pasaban muy bien, que habían ido a los volcanes.

Le lloré a mi entrenador muchas veces cada vez que el equipo juvenil venía para acá, mire “yo tengo la edad”, le decía, pero él me contestaba: “si la tienes pero no puedes ir”. Yo tenía la edad juvenil, pero ya jugaba con la selección mayor, entonces no me dejaron porque era regular de la selección mayor y me llevaban a los campeonatos de mayor envergadura.

¿Dónde se podrá adquirir el libro?

En estos momentos se hace el proyecto para editarse el libro aquí en Nicaragua, creo que no va a demorar mucho, tenemos ya varias personas interesadas, el libro es una historia de vida que puede servir de ejemplo para muchas personas. Vamos hacer todo lo posible para que se haga un buen tiraje del libro aquí,  para que llegue a muchas escuelas y a muchas familias.