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Cada año más de 6 mil estudiantes nicaragüenses aplican a las dos universidades públicas que ofertan la carrera de Medicina: la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN-Managua), con sus diferentes sedes, y la UNAN-León. En conjunto, ambas instituciones de educación superior tienen disponibles 680 cupos para el ciclo académico que empezará en este año. Es decir que solo uno de cada diez estudiantes que apliquen a estas universidades podrá entrar a sus facultades de Medicina. 

Pero también la oferta es diversa en el ámbito privado. Al menos siete universidades privadas ofertan plazas para más de 300 estudiantes de la carrera de Medicina. Por lo general, el ingreso depende de la demanda. 

En la Universidad Católica (Unica) anualmente ingresan alrededor de 120 estudiantes de Medicina, en la Universidad Americana (UAM) la cifra oscila entre 100 y 110, y en la Facultad de Medicina Coronel Juan Ignacio Gutiérrez Sacasa del Ejército de Nicaragua reciben a 60 estudiantes cada año.   Además, ofrecen esta carrera la Universidad de Ciencias Médicas (UCM), la Universidad Centroamericana de Ciencias Empresariales (UCEM), la Universidad Central de Nicaragua (UCN) y la Universidad Cristiana Autónoma de Nicaragua (UCAN). 

Aplicantes

El domingo pasado 3,268 bachilleres realizaron el examen de admisión a la UNAN-Managua en busca de uno de los 500 cupos que esta universidad ofrece para estudiar Medicina, afirmó el vicerrector académico de dicha institución, Hugo Gutiérrez.

De ese total, 1,773 aplicaron para estudiar en Managua, en donde se ofertan 300 plazas, y en las cuatro facultades regionales multidisciplinarias (Farem), en donde solo se ofertan 50 cupos por recinto, aplicaron de esta manera: 428 en Matagalpa, 392 Estelí, 364 en Chontales y 311 en Carazo. 

Es decir que, en promedio, solo uno de 7 u  8 estudiantes de los que aplican puede optar a uno de los cupos. Sin embargo, según Gutiérrez, se espera que los seleccionados en las Farem se conviertan en personal médico propio de sus regiones de origen, para contribuir con la escasez de médicos en las zonas rurales. 

En la UNAN-León la situación es más dramática. Aunque este año no se han realizado los exámenes de admisión, anualmente unos 3 mil estudiantes aplican optando a uno de los cupos para Medicina, que este año son 180. Es decir que de un aproximado de 16 estudiantes que aplican, solo uno podrá quedarse con esa plaza. 

Deserción

En las universidades privadas como la UAM, los cupos son abiertos, pero las deserciones en los primeros años son más notorias que en las universidades públicas. 

Cada año se gradúan en esta institución alrededor de 50 médicos, según el decano de la Facultad de Medicina de la UAM, René Mayorga, quien afirma: “los estudiantes tienen que ganarse su nota y su diploma” de forma rigurosa, por lo que desertan en primero y segundo año normalmente. En la Unica la situación es similar: el año pasado se graduaron 67 médicos. 

Hugo Gutiérrez, vicerrector académico de la UNAN-Managua, afirma que en su universidad la deserción de los estudiantes de Medicina no alcanza el 5%, porque a través del exámen de admisión logran escoger a los mejores estudiantes, a los “más talentosos” y porque la mayoría de los que quedan seleccionados “ya tienen su vocación clara”. 

De hecho, Gutiérrez refiere que quienes desertan lo hacen por la exigencia de la carrera, por las horas continuas de servicio. “Muy pocas veces se van por razones económicas, porque la mayoría de estudiantes tienen becas internas o externas, y ya cuando están en el internado reciben un estipendio”. 

El año pasado se graduaron de la UNAN-Managua 206 estudiantes, 116 mujeres y 90 hombres. Pero hace ocho años, cuando entró esta cohorte, el porcentaje de cupos en la UNAN-Managua era de 200 plazas. Fue hasta 2015 que las plazas para Medicina se ampliaron a 300 y desde el año pasado se extendieron a 500, por la apertura de la carrera en las cuatro Farem. 

¿Por qué tantos jóvenes quieren estudiar medicina? 

Para el decano de la Facultad de Medicina de la UAM, las razones están relacionadas con la influencia de los padres que quieren a un médico en la familia, y el “romanticismo” de ayudar “a los niños, a los enfermos, a los viejitos”. 

“Pero cuando entran aquí se dan cuenta de que eso no es suficiente, que hay que estudiar y sacrificarse mucho, que es un cambio de vida completo el que van a sufrir”, refuerza Mayorga.

Abraham Villanueva, presidente de la Asociación Médica Nicaragüense (AMN), considera que la alta demanda de jóvenes por la Medicina es síntoma de una mala orientación vocacional. 

“Muchas veces los jóvenes no están lo suficientemente bien orientados, algunos se imaginan que por el hecho de estudiar esta carrera podrían ganar mucho dinero, y la actividad de médico es vocacional más que todo, porque uno no va buscando dinero, sino experimentar aquella sensación interna de que cuando ayudó a alguien cumplió con un deber humano”, afirma el médico.