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“Andrea” tenía 14 años cuando fue violada por su padrastro y quedó embarazada. Desde entonces sus sueños y alegrías le fueron arrebatados. Producto del trauma se autolesionaba. Recibió ayuda siquiátrica y, al nacer su bebé, fue dado en adopción. Actualmente se propone darlo todo para ser bachiller. Le tomó 10 meses volver a sonreír.

Como parte del Programa de Cooperación del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) con el Gobierno de Nicaragua, desde el 2015 se ha acompañado al Ministerio de la Familia, Adolescencia y Niñez (Mifan) en el diseño e implementación de un Modelo de Atención Psicosocial. Una de las competencias del Mifan es brindar atención a las situaciones de abuso sexual, la cual ha adquirido un carácter prioritario para el Gobierno. Para dar respuesta a esta situación se ha creado una Dirección de Atención Psicosocial, desde la cual se garantiza acompañamiento sicológico a niñas, niños y adolescentes que enfrentan situaciones difíciles producto de agresiones sexuales. Con esta atención se busca contribuir al restablecimiento de vínculos afectivos individuales y familiares, explicó María Lily Rodríguez, especialista en Protección de la Niñez de Unicef Nicaragua.

“Una agresión sexual además de ser un delito grave, es un hecho que trastoca la vida de la niña o niño y le puede dejar secuelas graves si no recibe atención de manera oportuna. Por eso es indispensable un acompañamiento sicosocial y terapia psicológica que contribuyan a liberar el sufrimiento”, expresó la especialista en Protección de la Niñez. 
Esta dirección especializada del Mifan brinda servicios gratuitos de atención sicológica a niñas, niños y adolescentes, proporcionándoles herramientas que les permiten el fortalecimiento de su autoestima y bienestar emocional”.

La médica siquiatra Clara Sánchez, consultora de la Dirección de Atención Psicosocial del Mifan, ha acompañado el proceso de construcción de este modelo de atención. El proceso de acompañamiento a niñas y niños se desarrolla desde un enfoque ecológico y de género sensitivo. Brinda el apoyo oportuno en el proceso de recuperación de las ideas y tentativas de autoagresión de parte de las niñas, promoviendo una recuperación integral a niñas, niños y adolescentes que han sobrevivido a la violencia sexual.

Las intervenciones que se realizan orientan al desarrollo de la resiliencia, capacidad que aparece en momentos de adversidad, habilidad que puede desarrollarse si la familia y las y los actores sociales brindan comprensión, solidaridad, apoyo emocional que requieren para superar el trauma resultante. 

El proceso de intervención cuestiona fuertemente los aspectos ideológicos que justifican la violencia de género y hacia la niñez y adolescencia, la cultura patriarcal que justifica la violencia de género e invisibiliza el abuso sexual a través de la culpabilización, la discriminación y el aislamiento de las niñas, niños y adolescentes.

En Nicaragua, la mayoría de los delitos de violencia sexual cometidos entre el 2013-2015 fueron por abuso a niñas y adolescentes, según el Instituto de Medicina Legal (IML), el cual concluyó que el 82% de los peritajes en violencia sexual fueron cometidos contra niñas y adolescentes menores de 17 años. 

“Y ese es uno de los aspectos que más nos trastoca, que las niñas y adolescentes mujeres sean las más afectadas ante este flagelo. Además, es doloroso saber que la casa es uno de los lugares más frecuentes donde se da este tipo de agresión cuando debería ser el lugar más seguro. Sin dejar de mencionar que, en su gran mayoría, los abusos son cometidos por un familiar o persona cercana a la víctima, por lo que el proceso de recuperación puede ser aún más complejo. Esto se sustenta en el mismo estudio de Medicina Legal”, explicó Rodríguez. 

Trabajo en conjunto

En materia de prevención, tanto el Ministerio de Educación (Mined) como el Mifan han creado un Sistema de Alerta Temprana y de Consejerías, a través del que se trabaja con las familias, la comunidad educativa y los mismos niños y niñas para estar alertas ante situaciones de riesgo, lo que permite a las familias abordar temas complejos y evitar daños tan graves como el abuso sexual.

“La Dirección de Atención Psicosocial está conformada por un equipo especializado de ocho sicólogas, quienes brindan atención a nivel nacional. Unicef considera que el Gobierno utiliza una estrategia adecuada para llevar a cabo este tipo de terapias, debido a que cada niña o niño es atendido en su hogar o en su escuela en procura de generar confianza en un entorno adecuado para la atención. Asimismo, permite el abordaje con la familia, lo que es clave para sobrellevar este tipo de situaciones”, dijo Rodríguez. 

La doctora Clara Sánchez comenta que el abuso sexual afecta también a la familia porque hay sentimiento de culpa. Es frecuente que las madres también hayan sufrido abuso sexual en su niñez y adolescencia. Las familias más funcionales contribuyen a un acompañamiento afectivo y al alejamiento del agresor cuando es un familiar, están dispuestos a la búsqueda de ayuda y orientación, validando los sentimientos y experiencia de sus hijas e hijos. Pero a veces la familia y algunas madres cuestionan a las niñas, niños o adolescentes, los culpabilizan aludiendo que han provocado al abusador. La vergüenza y justificación de las agresiones pueden generar complicidad y silencio, lo que es un segundo momento traumático para la niñez y adolescencia agredida.

Consecuencias por abuso sexual

Agrega la siquiatra que cuando un niño o niña no recibe una terapia adecuada puede llegar a desarrollar depresión y ansiedad crónicas, disminuir los deseos de vivir, repetición de conductas agresoras, adicciones y codependencia.

El estrés postraumático es un trastorno que puede desarrollarse después que la persona ha sido expuesta a eventos que amenazan su vida o su integridad, como sucede en el abuso sexual y otras formas de violencia. De acuerdo a la edad se generan recuerdos invasivos y persistentes del suceso traumático, tensión permanente, sobresaltos, malestar emocional y emociones como miedo, culpa, tristeza, vergüenza, confusión, hipervigilancia, dolores de cabeza y estómago, insomnio. 

Así también constantes recuerdos del hecho, pesadillas y sueños angustiosos y síntomas disociativos, los que se expresan por medio de escenas como si estuviera sucediendo el suceso nuevamente, a veces sin expresión emocional. Además, niñas, niños y adolescentes hacen esfuerzos por evitar actividades, lugares, personas que despiertan recuerdos de los sucesos traumáticos.

Cuando se da la agresión pueden desarrollarse mecanismos de anestesia o alejamiento emocional del hecho, que llamamos disociación. Tiene una función protectora en el momento, pero al permanecer en la experiencia cotidiana puede frenar la identificación de situaciones de riesgo e impide que se pongan en marcha actitudes protectoras. 

La comprensión de estas manifestaciones es importante, de tal manera que al protagonista se le ayuda a entender que no es culpable y que a su vez tenga una adecuada percepción del significado de todas las manifestaciones del abuso para su superación; se le ayuda a integrarse física, emocional y socialmente, a través de estas intervenciones multimodales. 

Otras de las consecuencias de abuso sexual son: lesiones provocadas, consumo de sustancias, problemas de conducta, la impotencia de no poder haber hecho nada y la estigmatización.

Si el niño o niña no recibe atención, al llegar a ser adulto, podría repetir algunas conductas o evitar las relaciones, confundir el sexo con amor, o mantener relaciones sin un sentido claro de intimidad. 

Estos procesos de intervención contribuyen a disminuir el estigma de social en salud mental. No obstante, la galena añade que “se ha logrado incidir positivamente en crisis que se han presentado por abuso sexual, evitar que madres adolescentes agredan a sus hijos, y que niñas, niños y adolescentes tengan la oportunidad de restituir su alegría y continuar con sus vidas junto a sus familiares no agresores. Con el resto de la población hay posibilidad de desarrollar las habilidades para escuchar activamente, ser más empáticos, dar apoyo emocional y también tratar de apoyar los planes terapéuticos que requieren los siquiatras, sicólogos y para la atención.”