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La estructura de las familias en Nicaragua está siendo afectada por factores como la migración, la ausencia de uno de los padres y la exposición de los jóvenes a contenido violento en las plataformas digitales, afirmó Mario Sánchez, investigador del Instituto Interdisciplinario de Ciencias Sociales de la Universidad Centroamericana (UCA).

Todos estos aspectos propician la reproducción de actitudes violentas en su entorno y la normalización de conductas asociadas al machismo entre los mismos niños, niñas y adolescentes, aseguró el investigador.

Recientemente, la organización Fe y Alegría Nicaragua realizó un estudio en colegios públicos y subvencionados que reflejó que el 57% de estudiantes está de acuerdo, un poco de acuerdo o indiferentes ante la agresividad hacia las mujeres.

“Está bien que no tengamos datos altos de violencia letal, que es el homicidio, pero sí estamos teniendo violencias basadas en género que están más enraizadas, y que aunque no son mortíferas, van erosionando esta posibilidad de resiliencia de las personas, de poder crecer como personas más integrales, que puedan realizarse más humanamente”, precisó Sánchez.

Por su parte, Greta Fajardo, encargada de la Coordinación Académica de Género (CAG) de la UCA, considera que el porcentaje puede ser mayor. Entre las poblaciones jóvenes, hay manifestaciones que se han naturalizado, tales como el acoso sexual, violencia en las relaciones interpersonales y con los padres, y la manera de entender “la masculinidad” a partir de comportamientos violentos, manifestó Fajardo. 

“Si vengo de un espacio en el que naturalizo los chistes sexistas, homofóbicos y demás, no lo voy a ver eso (como incorrecto)”, expresó Fajardo. 

Violencia estructural

Según el especialista Sánchez, la percepción que tienen los niños, niñas y adolescentes es “compleja”, puesto que la violencia tiene también raíces históricas y estructurales, es decir, está ligada al impacto de situaciones de conflictos colectivos que han ocurrido en Nicaragua a lo largo de la historia.

“Somos una sociedad histórica donde ha habido ciertas dinámicas de violencia estructurada y política: regímenes militares, autoritarismo, golpes de Estado, dictaduras, revolución, conflictos internos”, acotó. 

De acuerdo con un estudio realizado por la UCA en 2015, el 53% de los jóvenes en Nicaragua son criados solo por las madres, esto a su vez tiene un efecto negativo en los hijos. También ocurre en los casos de hogares donde los varones no son partícipes en las actividades de crianza y cuido, refiere el investigador. 

 “Está comprobado que en los hogares donde los hijos ven al padre presente y además activos en esta co-responsabilidad son hombres y mujeres que crecen no tolerando la violencia y tienen otro patrón y otros repertorios porque hay una dignificación de las personas”, señaló Sánchez, quién además expresó que esto también es una manifestación de la violencia. 

Peligro en las redes 

La ausencia de la interacción entre padre-hijos, que en muchas ocasiones es reemplazada por los aparatos electrónicos, también tiene su repercusión en la percepción de la violencia de los menores. En cambio, es necesario jugar y socializar entre familia para promover valores en espacios físicos y no virtuales. 

“Corre más información que no es importante, que no humaniza, no dignifica la persona, pero sí exterioriza la violencia y otras cosas”, consideró también Sánchez. 

La investigadora Greta Fajardo adujo que el aumento de la cantidad de personas que acceden a las redes, masifica y reproduce los comportamientos violentos, como el acoso cibernético y la exposición sexual de mujeres y niños, quienes son más “cosificados” en la sociedad actual. 

“Si bien hay mucha información accesible en términos de la perspectiva de género, sexualidades y demás, también habría que analizar para ver qué conductas seguimos por moda, eso permite dar una idea de cómo están viendo la realidad ellos y qué es lo que queremos, quiénes queremos ser”, añadió Fajardo.