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Cuentan los panteoneros de este  cementerio que hace 20 años aún se  tenía incidencia considerable de tumbas excavadas en tierra, pero que la modernización masificó las sepultaras de concreto en diversas formas y tamaños.

Erasmo Wilfredo Espinoza, que estuvo a cargo de este cementerio entre 1999 hasta finales del 2017 —cuando decidió jubilarse— asegura que cuando inició a laborar como panteonero  observaba que de cada 100 sepelios 25 eran en tumbas de tierra, “ahora al año se llegan a contabilizar cinco, si acaso”, afirmó.

Recordó que en su juventud la tendencia eran las tumbas excavadas en tierra y que en el pueblo solo personas con mayores ingresos económicos hacían bóvedas y capillas que daban otro paisaje al cementerio.

“Mis padres y sus familias de esa época fueron sepultados bajo nueve cuartas de tierra, porque era la tradición, pero ahora la gente ya no quiere hacer sepulturas en tierra que es mucho más económico, pero prefieren  bóvedas construidas con bloques o ladrillos”, explicó Espinoza, de 67 años. 

Cambios

El abogado y periodista Armando Hernández, de 70 años,  es uno de los rivenses  a quien  se le ve frecuentemente en funerales, pero aseguró que ya ni recuerda con exactitud  la última vez que asistió a un funeral realizado en una excavación.

“Creo que fue hace como 5 años y en este tipo de sepelios hasta ayudaba a lanzar paladas de tierra y esa era la manera natural de dar cristiana sepultura a nuestros deudos y se tardaba entre  45 y 60  minutos,  pero creo que  por temor a las críticas ya no se hacen”, expresó Hernández.

El padre Marcial Guzmán,  párroco  del Santuario Nacional de Popoyuapa, confirmó que el  sepulcro bajo tierra es una  tradición católica que nos hace recordar que surgimos del polvo y al polvo volveremos.

“Durante la imposición de ceniza se recuerda que polvo eres y en polvo te convertirás, y sé que todo cuerpo es el templo del Espíritu Santo, y que cuando morimos por respeto debe ser sepultado en la tierra que es donde nace la esperanza y la vida”, explicó.

Sin embargo,asegura que no es obligatorio enterrar directamente bajo tierra a los deudos y que  la Iglesia católica respeta  hasta las cremaciones siempre y cuando las cenizas de los difuntos sean sepultadas en la superficie  donde se convertirán nuevamente en polvo.

Para el cura, el reemplazo de tumbas de tierra por bóvedas es una tendencia de países desarrollados que ha llegado a Nicaragua 

 y que poco a poco se fue afianzando en los nicaragüenses.

Jiuber Rojas, uno de los albañiles que  se gana la vida construyendo bóvedas y remodelaciones en este cementerio,  recordó que el  interés por este tipo de construcciones  nació hace  tres décadas y que luego se fue masificando.

“En ese momento la moda eran las excavaciones y las bóvedas y capillas se contaban con los dedos de la mano, y la costumbre de las personas en esos años era llegar en caballo, tomar licor y hacer el hueco donde se enterraría al difunto”, afirmó el albañil de 60 años.

Según sus palabras, la construcción de una bóveda sencilla cuesta actualmente 6,000 córdobas y hacer  una fosa bajo   nueve cuartas de tierra tiene  un costo de 1,200 córdobas, pero   a pesar del precio, eso es algo que pasa pocas veces al año y, a manera de broma, comenta  que algunas  personas no mantienen este tradición porque los ataúdes se dañan al momento que les cae la tierra.

Francisco Beltrán Zapata, actual encargado del cementerio rivense, reveló que en el 2017, de más de 300 sepelios, solo 5 fueron en tumbas de tierra  y hasta conoce con exactitud dónde quedaron ubicados.

“En este año, hasta el 22 de enero se contabilizan 19 funerales y ninguno ha sido bajo tierra”, dijo Beltrán.

De acuerdo con las cifras oficiales, quienes más hacen uso de fosas bajo tierra son personas que son encontradas sin vida y nadie las llega a reclamar, ya que en el 2017 estos casos sumaron siete sepulturas y este año ya se contabilizan dos.

Vilma Ballestero, de 58 años, afirmó que su papá fue sepultado bajo tierra hace 39 años, “porque era muy religioso y este era su deseo, ya que siempre decía que del polvo venía y a polvo volvería”.