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La violencia más común en las escuelas es la violencia entre los mismos estudiantes, a lo que generalmente se le conoce como bullying o acoso escolar. El acoso escolar puede tomar muchas formas, desde la burla por la apariencia física de alguien que se distingue de los demás, pasando por el maltrato físico a veces disfrazado de juego inocuo, y la violencia sexual, que es la forma más violenta y dañina de acoso escolar que a menudo enfrentan nuestros niños y adolescentes. El impacto sicológico que el acoso escolar produce es casi siempre de grandes proporciones y afecta la vida presente y futura de quien lo sufre, según Jorge Luis Hernández, especialista en Educación Inclusiva y de Calidad del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef). 

En el aula de clase convergen niños y adolescentes provenientes de diferentes realidades, no solo económicas, sino sociales, de familias funcionales, disfuncionales, de núcleos familiares variados, donde se promueven, o dejan de promover diferentes valores dependiendo de la historia que les rodea. Se dice que la conducta de los niños en la escuela es el reflejo de lo que viven en sus hogares. Desafortunadamente muchos niños sufren violencia en el seno familiar, y este abuso lo reproducen con sus pares en la escuela. 

Historias

Jorge vivía con el desánimo de estudiar y con baja autoestima. Tiene 12 años de edad y 2 años de haber superado el abuso de poder que ejerció un compañero de clases con dos años mayor que él. Las constantes palabras abusivas por su peso; el bajarle los pantalones y quitarle los zapatos frente a otros compañeros y compañeras fueron motivo para que Jorge perdiera el entusiasmo por la escuela y concebir un mundo infeliz. Al igual que Jorge, Alejandra es otra niña que ha sufrido acoso escolar. Todos los días una estudiante, mayor que ella, desarmaba las colas que su mamá le creaba en su cabello, halando las hebras y creando a su antojo sin su consentimiento. Alejandra, meses después se cansó y expuso el caso a las autoridades de su escuela. ​

Para Sofía, la violencia sicológica que sufrió siendo adolescente fue motivo para sentir rechazo hacia ella misma, ya que sus senos son grandes y era motivo de burla por compañeras y compañeros, siendo reconocida por su apodo y no por su nombre. En su vida predominaban la soledad y el encierro; el rechazo a sí misma y a su sexo opuesto, una obsesiva gana de quitarse los senos. Hoy en día, es mamá y con el paso del tiempo recibió ayuda sicológica y el apoyo de sus padres.

Abusos de adultos

Otra forma de violencia a la que están expuestos los niños y adolescentes en la escuela es la que ejercen las personas adultas con quienes estos interactúan, ya sean profesores, personal de servicio, vigilantes y hasta otros padres, que con regularidad ni cuenta se dan que están abusando de su autoridad para resolver conflictos en los que los niños y adolescentes pudiesen estar involucrados. El abuso de un adulto puede ser sicológico o sicológico y físico a la vez. 

Un maestro que recurre a los gritos y a las amenazas, o peor aún, que lanza el borrador sobre la humanidad de algún estudiante para tratar de controlar al grupo, está valiéndose de la intimidación, lo que puede influir negativamente en la personalidad del niño, sin mencionar el daño físico que pudiese causar la acción. Un adulto que se vale de su posición de autoridad para someter al niño o adolescente, ya sea por medios coercitivos o a través del engaño, a prácticas sexuales de cualquier índole, es un abusador y debe ser denunciado enérgicamente, acotó Hernández. 

Por ello es importante que los padres en primer lugar, y la comunidad educativa en su conjunto, cierren filas en contra del acoso escolar y en contra de todo tipo de abuso en la escuela. El Código de la Niñez y la Adolescencia establece en su Artículo 5 que “ninguna niña, niño o adolescente será objeto de cualquier forma de discriminación, explotación, traslado ilícito dentro o fuera del país, abuso o maltrato físico, síquico y sexual, tratamiento inhumano, aterrorizador, humillante, opresivo, trato cruel, atentado o negligencia, por acción u omisión de sus derechos y libertades”, y continúa diciendo: “Es deber de toda persona velar por la dignidad de la niña, el niño o el adolescente, poniéndolo a salvo de cualquiera de las situaciones anteriormente señaladas”. Todos tenemos un grado de responsabilidad en la prevención, detección y denuncia de este problema. 

La comunidad educativa se prepara para la acción 

Las Consejerías de las Comunidades Educativas es la estrategia del Ministerio de Educación orientada a que la comunidad educativa (estudiantes, docentes y padres de familia) cierren  filas en la promoción de un ambiente escolar libre de violencia, donde todos cuentan con el conocimiento y las herramientas necesarias para cultivar un espacio facilitador del aprendizaje en armonía. La estrategia apunta a que, desde la lógica de responsabilidad compartida, la comunidad educativa se empodere y desde sus capacidades y potencialidades contribuya a mejorar el ambiente escolar. Desarrollando habilidades para el manejo del estrés y los traumas ocasionados por situaciones relacionadas con la violencia escolar y las situaciones de emergencia de cualquier índole. 

Unicef ha contribuido a la capacitación a nivel nacional de la red nacional de las Consejerías de las Comunidades Educativas. Existe un comité de consejería en cada centro, el cual dirige el director de la escuela. Unicef ha apoyado la formación de los miembros de las consejerías en diferentes temáticas, tales como brindar apoyo sicosocial en caso de emergencias y en situaciones de violencia; salud desde la escuela; así como en la diseminación de la estrategia en todo el país. La filosofía detrás de la estrategia es que todos podemos contribuir a hacer de la escuela un mejor lugar para estudiar en paz y armonía. 

Señales de alerta 

El cambio abrupto de conducta de un niño nos habla de un problema que el niño está enfrentando. No es normal que un niño que se ha caracterizado por ser extrovertido, que le gusta la escuela, que es comunicativo, de repente se niegue a ir a la escuela y se encierre en su mundo. Padres y maestros debemos estar atentos a estos cambios de conducta. Cuando un niño es abusado, por lo general se siente culpable, incómodo, frustrado y decepcionado del mundo que lo rodea. A menudo hay expresiones físicas del trauma, como por ejemplo que el niño se despierte con pesadillas a mitad de la noche, o que empiece a orinarse en la cama. los padres y la comunidad educativa deben prevenir el acoso escolar.  Archivo/END

Si estamos ante la sospecha de que nuestros hijos o estudiantes están pasando por una situación de abuso, habrá que tomar cartas en el asunto y tratar de averiguar qué está pasando, para evitar que la situación se siga dando y por supuesto, buscar apoyo profesional para tratar el asunto. Por ello es bueno conocer cuáles son los recursos con los que contamos y de los que podemos echar mano en estos momentos. La escuela debería estar en la capacidad de orientar a los padres y madres sobre los pasos y la ruta que hay que tomar para tratar un caso de abuso o acoso escolar. El Ministerio de Familia, Adolescencia y Niñez (Mifan) pone a disposición la línea 133 para llamar en caso de abuso infantil, funciona las 24 horas del día y es atendido por especialistas en el tema de violencia. 

Tolerancia, clave para reducir violencia 

Jorge Hernández, especialista en educación de Unicef, explica que desde el hogar se debe trabajar el tema de la tolerancia. “Cuando un niño en su hogar aprende a tolerar y aceptar las diferencias y a reconocer que aceptar las diferencias no atenta contra su persona, ese niño no se va a sentir amenazado en su integridad cuando en espacios comunitarios como la escuela se encuentre con un mundo diverso, distinto. El niño va a respetar la individualidad de cada quien, y no reaccionará con violencia. El hogar es un buen espacio para practicar el respeto y la tolerancia. El niño tiene la oportunidad de interactuar con mamá, con papá, con sus hermanitos, con quienes -por las diferencias de edad- no suele compartir los mismos intereses. Si cada quien respeta el espacio del otro, su propia forma de ser, sus ideas, este modelo se lleva a la escuela, y en la escuela solo se refuerza”, concluyó Hernández.

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