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El 47% de la población nicaragüense podría sufrir un impacto negativo en su economía por los efectos del cambio climático en las próximas dos décadas, revela un estudio publicado recientemente en una revista científica del Reino Unido. 

La investigación realizada por el economista nicaragüense Carlos Herrera y especialistas de universidades de los Países Bajos, plantea que Nicaragua es susceptible ante las variaciones de temperatura y precipitaciones, que a su vez afectan directamente el consumo del núcleo familiar nicaragüense.

Hasta el momento, la pobreza se ha relacionado con factores como la salud, acceso a la educación y alimentación, pero las condiciones climáticas inciden directamente en las zonas rurales del país, donde las familias dependen de la producción agrícola, postulan los investigadores.  

De existir políticas públicas enfocadas en la mitigación del cambio climático adecuado a cada una de las zonas geográficas del país, se podría ahorrar un 25% del gasto de las familias en un período de 25 años. Este dinero podría ser invertido en producción agrícola o educación. 

“Nicaragua requiere de más apoyo en ese sentido, que uno de los pilares de las políticas públicas sea (combatir) esa vulnerabilidad social. Por lo tanto, si se quiere seguir disminuyendo la brecha de la pobreza y seguir contribuyendo con el desarrollo económico del país, se tiene que incluir esto, porque puede ocurrir un retroceso o puede hacerse más difícil que la gente pueda salir de la pobreza que existe”, declaró el economista Herrera a El Nuevo Diario.  

El artículo científico “La variabilidad climática y la vulnerabilidad a la pobreza en Nicaragua” fue publicado este viernes en la revista Journal of Environmental Econmics and Policy, adscrita a la Universidad de Newcastle del Reino Unido y al UK Network of Environmental Economics.

Sostenibilidad es clave

La investigación indica también que la variabilidad del clima puede afectar por igual a familias de medianos y bajos ingresos en Nicaragua, el impacto de un evento climático extremo, como un huracán,  podría “revertir” el mejoramiento de la calidad de vida de estas personas. 

En base a la experiencia del huracán Mitch en 1998, las pérdidas en términos económicos en los hogares nicaragüenses son de 18%. El efecto negativo es que “la gente quiere recuperar lo que perdió o tuvo que vender durante un desastre, y lo que hace es que sacrifica el gasto social, es decir, el gasto en educación. No solo es perder los bienes materiales, las nuevas generaciones tienen menos capacidad de inversión en educación, desde el punto de vista de los hogares”, añadió el especialista. 

Aunque hasta el momento no se han contabilizado las pérdidas en desastres ocurridos años recientes, el estudio recomienda priorizar las regiones Caribe, centro y norte del país, donde hay niveles más altos de pobreza, según el informe del Banco Mundial sobre pobreza, publicado en 2013. 

“El truco para hacer un país de pobre a rico es que su crecimiento sea sostenible, empezando por los hogares y por las personas más pobres. Ellos tienen menos vulnerabilidad, mantienen su crecimiento sostenido en el largo plazo. Pueden consumir más y gastar más en inversiones sociales productivas”, agregó también Herrera. 

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