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Un pequeño zancudo que apenas mide ente 2 y 4 milímetros ha sembrado el temor en las últimas semanas entre los pobladores de algunas regiones montañosas del país. Sin embargo siempre ha estado ahí. Se trata del mosquito flebotomo, también conocido popularmente como papalomoyo o chirizo; el cual es el transmisor de leishmaniasis o lepra de montaña. 

El Ministerio de Salud (Minsa) había reportado 11 casos, todos en Matagalpa hasta el 3 de febrero de este año. En el 2017 se registraron 4,338 y en el 2016 hubo 5,393 según el Mapa de Padecimientos. 

El biólogo Marvin Tapia Silva, catedrático de zoología y fauna nacional de la Universidad Autónoma de Nicaragua (UNAN–Managua) explicó que el zancudo flebotomo siempre ha estado en América, y es un mosquito especial de la zona del trópico seco, pues no necesita agua para reproducirse. 

“Hay registros de que la enfermedad (leishmaniasis)  ya estaba antes de la Colonia, y le llamaban la enfermedad de ser comidos por los dioses. Cuando vinieron los españoles que también trajeron lepra,  y comprobaron que aquí existía una afectación igual”, dijo Tapia. 

Además señaló que fue hasta 1934 que identificaron al mosquito al flebotomo lutzomyia como el transmisor de la lepra leishmaniasis cutánea que es la que más afecta en América Latina. 

Ante la pregunta ¿por qué nos pican los zancudos?, el biólogo señala que la transpiración del dióxido de carbono es la que atrae a los mosquitos. “Los seres humanos como todos los mamíferos  comemos azúcar y es como  el combustible de la célula. Los flebotomos van buscando el dióxido de carbono que es el residuo de la combustión del azúcar”, apuntó.

Tapia destacó que el zancudo macho anda buscando el néctar de las flores y las frutas, y solamente la hembra es hematófaga, porque necesita la sangre para hacer madurar los huevos.  Ella vive en los lugares silvestres, donde no hay lluvia, permanece seco y oscuro.  

Por su parte, Jean-Michel Maes, director del Museo Entomológico de León, explicó que los flebotomos generalmente viven en zonas específicas, pueden estar en un bosque y no en otro, vivir alrededor de una comunidad y no estar en la aldea vecina.

“Generalmente las gentes del lugar saben dónde viven estos animalitos, y se abstienen de ir a construir casas en estas zonas. Con las invasiones de tierras, la gente se ha metido en bosques y tierras donde hay chirizos, sin saberlo y así van saliendo muchos casos de lepra de montaña”, expresó Maes.

Además señaló que los flebotomos se alimentan de noche o al atardecer, pero le han picado al mediodía, en bosque, porque hay sombra. También pican a otros mamíferos como zarigüeyas, zorros y perros. 

“Los demás animales no se mueren por la enfermedad y sirven de reservorio; lo cual explica las campañas del Minsa en algunas zonas con mucha lepra de montaña, campaña para matar los perros callejeros, ya que son reservorios de la enfermedad”, apuntó el entomólogo. 

El especialista en biología de la UNAN-Managua explicó que los flebotomos cumplen los cuatro estadios metamórficos. La hembra pone los huevos y  puede tardar de tres a cuatro días en eclosionar. Luego sale y se convierte en larva, después de 3 a 7 días se convierte en pupa. Finalmente puede pasar de 10 a 30 días para llegar a ser un adulto. 

“El tiempo de vida del adulto depende de las condiciones climáticas, puede durar de 30 a 100 días  vivo, si hay agua, mueren. Necesitan de la humedad, pero sin lluvia. La hembra puede poner de acuerdo a las condiciones climáticas entre 30 y 100 huevos”, afirmó Tapia. 

Además señaló que el zancudo común no puede transmitir la enfermedad solamente el flebotomo y en Nicaragua el género que se llama lutzomyia. Tiene que estar en la boca de la hembra de esta especie para que la saliva logre romper las células de la sangre y quedar expuesto el protozoo o parásito de la leishmaniasis.

Recomendaciones

Por su parte el entomólogo explicó que no se pueden eliminar con los mismos químicos que los demás zancudos porque son rurales. Las campañas de eliminación son mucho más complejas. “No sirve de mucho la fumigación de casa en casa, ya que estos viven fuera de ella, tampoco se puede fumigar zonas extensas por lo caro y lo malo para el ambiente. Lo mejor es enseñar a la gente a reconocer los árboles donde estos mosquitos se pueden criar y eliminar árboles huecos y de paso recipientes donde se puede quedar agua acumulada”, apuntó Maes. 

A nivel general, recomendó hacer cartografía de los lugares donde están estos mosquitos y declarar reservas naturales para que la gente no vaya a vivir allí. “Como no es fácil eliminar estos zancudos, va a costar caro al Estado estar curando los casos nuevos. A nivel médico, lo más importante es que todos los centros de salud están entrenados para diagnosticar las leishmaniasis o “lepra de montaña”, y donde aparecen casos, darle seguimiento de cerca a la población”, dijo Maes. 

El parásito o protozoo de la lepra

BIOLOGÍA • Los protozoos del género Leishmania son parásitos unicelulares, mastigóforos, es decir que tienen flagelos o colas que le sirve para desplazarse, según el biólogo de la Unan–Managua, Marvin Tapia Silva. 

“Estos animales son las primera células con núcleo por eso se llaman protozoo. Ellos no pueden vivir a expensas de que los lleve el viento o el agua como las bacterias. Necesitan desplazarse de un lugar a otro para buscar alimento. En una gota de sangre pueden estar unos 100,000 millones de protozoos que solamente se ven vía microscópica.”, señaló. 

Además explicó que el parásito entra a la célula y la desbarata literalmente porque empieza a comérsela y ella ya no se va a poder reproducir porque se le come el núcleo o el centro de la célula.  El protozoo ataca el riñón, así como las células epiteliales y la mucosa suave del cuerpo, es decir le puede dañar los ojos, las fosas nasales, la garganta, entre otros partes del cuerpo como las vísceras.  Para eliminarlo se utilizan bacterias para romper la membrana celular del protozoo y sacarlo del cuerpo.