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Comenzó a usar las redes sociales por obligación. Como docente universitario en Estados Unidos, estar en Facebook, más que un entretenimiento, era una necesidad. Una vez dentro del mundo tecnológico, el escritor y sociólogo nicaragüense Carlos Castro Jo se dio cuenta de que entre la población, particularmente joven, hay una dependencia a las redes sociales que provoca que ignoren realidades mundiales como el cambio climático, el terrorismo o las guerras.

Pero lo más peligroso, dice el escritor, es que en Internet la información no tiene filtros y esto provoca la existencia de dos realidades completamente adversas, una virtual y una presencial. “Vivimos en un mundo de posverdades”, afirma.

“Este libro lo escribí porque me di cuenta que esa es la vida de mis hijos (estar conectados en las redes, entre memes y selfis), cosa que nosotros como jóvenes no tuvimos. El libro trata sobre muchos de los problemas que hoy existen en el mundo y algunos son desvirtuados por los memes”, explica el escritor de 57 años, originario de Bluefields.

“Entre memes y selfis” se divide en dos capítulos: “XXI memes”, sobre poemas donde evidencia las dos realidades en las que, según él, vive la sociedad actual; y “Selfis con la historia”, donde describe la importancia de ciudades en el mundo y resalta lo más destacado que hay en ellas. De Nicaragua incluye a Bilwi, Ciudad Darío y Niquinohomo.

Carlos Castro Jo es parte de los más de 130 poetas que participan esta semana en el Festival Internacional de Poesía de Granada, donde también presenta su más reciente publicación. El libro está disponible en Hispamer y Literato, a un precio de US$5.

¿Cómo surgió la idea de escribir el libro, qué pretende con esta nueva publicación?

Se me ocurrió escribirlo hace dos años y desde entonces había estado trabajando en esto. Es para mostrar lo que significa ser una persona en el siglo XXI en medio de los memes y selfis, que es muy diferente a lo que nosotros los adultos vivimos. Cuando yo era joven no existían teléfonos móviles, no había Internet y vivíamos en una realidad completamente diferente. Al ver a todos los jóvenes se me ocurrió escribir algo. Ellos están siempre relacionándose con el teléfono, en vez de interactuar personalmente. Pensé que podría escribir un libro sobre lo que es vivir en este momento en el mundo dominado por las redes sociales, donde hay realidades que nos afectan de alguna manera, pero la gente vive una realidad virtual que puede ser desvirtuada.

Estamos hablando de que muestra la forma de relacionarse y comunicarse antes, frente a cómo lo hacemos ahora, y a partir de ahí invitarnos a una reflexión.

Exactamente eso. Esta no es una obra sociológica. Hay dos realidades y, como poeta, planteo el problema y pongo la pregunta. El escritor no resuelve la realidad, sino que hace que la gente piense en otra realidad y que resuelva el problema. No me toca a mí presentar una respuesta o solución. El problema en sí es que la mayor parte de la gente no puede discernir si una historia es verdadera o no, porque no tiene suficiente información. La gente no tiene criterios para hacer ese tipo de evaluación y eso no es bueno. Y eso lo quise expresar a través de los poemas. Las redes sociales en sí no son malas, pero si la mayoría de la gente pudiera discernir o tuviera más educación, estas no serían tan nocivas. Si solo vivimos dependientes de ellas y no nos informamos, no leemos, no sabemos lo que está pasando, entonces se les da un mal uso.

¿Es decir que lo malo de las redes sociales es que las informaciones llegan a las masas sin pasar filtros?

Claro. Antes uno se informaba a través de periódicos, la radio, la televisión y había un equipo de editores que decidía lo que valía la pena publicar, había una serie de criterios y todo estaba verificado. Hoy pasa todo lo contrario y es un gran problema.

Esta dependencia a la tecnología, además de ignorar la realidad y evitar la relación interpersonal, ¿qué otros problemas trae consigo?

Existe el problema de que a veces la gente no se comunica directamente, no hay presencia física y siempre es mejor hacerlo de forma directa que a través de los medios digitales. Uno, de frente, puede decir cosas que no diría en las redes sociales.

¿A qué se refiere cuando dice que con Internet la realidad está desvirtuada?

Ahora, cualquiera puede alterar una foto o usar un video de algo que pasó hace años y venderlo como actual. Lamentablemente, el ciudadano común y corriente no tiene el espíritu crítico para saber si lo que ve, lee o escucha es cierto o no. Vivimos en un mundo de posverdades. El libro en sí trata de mostrar que hay realidades ignoradas: el cambio climático, el terrorismo, las guerras, y vivimos en ese mundo verdadero pero concentrados en otro virtual, en uno de memes y selfis sin pensar qué podemos hacer.

Usted, ¿cuánto usa las redes sociales y cómo ha sido su experiencia con los memes y selfis?

Las uso poco y lo hago por pura necesidad. Leo y publico cosas de vez en cuando. Lo uso más que todo para recibir noticias y porque mis estudiantes pasan conectados todo el tiempo y quise comprender el fenómeno. Con lo de los selfis, te confieso que nunca me había tomado una hasta hace un año, cuando mi hijo de 14 años dijo que yo no sabía cómo hacerlo. Yo, toda la vida he tratado de evitar fotografías, pero ahora ya comprendo que hay toda una ciencia para tomarse una.

Hablemos de los memes, actualmente están siendo muy usados para denigrar a la gente y en otras partes del mundo se han dado casos hasta de suicidio. ¿Cuál es su impresión sobre el uso que se les está dando?

Los memes se están usando para acabar a la gente, es una tendencia en las redes sociales; la gente pone cualquier cosa y no lo piensa. Hay un grupo de personas que no es crítica como para entender que lo que alguien dijo no es realmente cierto. Los memes en sí no son malos, pero esto va en dependencia del uso que se les da. La otra cosa es que muchos piensan que por poner un meme ya hicieron algo por alguien en las redes sociales y, sin acción social, uno no ha hecho nada. 

¿Y los selfis qué tienen que ver en todo esto?

En el libro lo que muestro son selfis con la historia y así se llama la segunda parte. Estos vienen desde los restos del primer Homo Sapiens que se encontró. Lo que hago es describir los lugares importantes donde uno va, haciendo como un autorretrato de qué es lo que ahí hay. Por ejemplo, uno se toma una selfie en los lugares nuevos que visita. Homo es el lugar donde estaban los restos de un Homo Sapiens, comienza con eso y después el libro te lleva a ciudades como Cádiz, de donde los españoles salieron para conquistar América; Moscú, donde está el comunismo; Ciudad Darío en Nicaragua, donde nació Rubén Darío; Niquinohomo, de donde es originario Sandino. En vez de usarlos para reflejarme yo, los selfis los convierto en poemas para mostrar lo más destacado de la historia de esa ciudad. Es una reflexión histórica en base a unas ciudades.