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El buzo Alfonso Cabrera es uno de los tres miembros de la Cruz Roja que se dedica a recuperar cadáveres de las profundidades de ríos, lagos y lagunas. Se graduó junto a 12 personas en 1997, pero ahora la mayoría se ha retirado porque tienen padecimientos que les impiden bucear, entre estos: hipertensión y diabetes.  

Él ha participado en muchas extracciones de cadáveres. Su primer caso lo marcó de por vida porque se trataba de un hombre que se ahogó en Xiloá tras descubrir una infidelidad.

“Él había advertido que se ahogaría, pero nadie le creyó. Me tocó recuperar su cadáver y muchos van a creer que no tenemos corazón, pero a nosotros nos preparan para eso: recuperar cadáver, entregarlo a sus familiares y dar la vuelta”, comentó Cabrera.

Otro caso que resultó inolvidable fue cuando un boy scout cayó en un pozo de 45 pies de profundidad, situado en el Salto de Santa Emilia, en Matagalpa, en 2015.

“Considero que fue fuerte la experiencia porque se buceó un total de dos horas y medias. El agua estaba súper helada, la accesibilidad era cero y eso me conllevó a casi una hipotermia por la fatiga de tanto bucear a una profundidad de 45 pies, en escala de descanso, hubo mucho desgaste físico para llegar hasta el cadáver”, recordó.

Cabrera recibió una capacitación con sus instructores durante cuatro meses en 1997, en la que le enseñaron habilidades y destrezas de cómo recuperar el equipo bajo el agua, ponerse las aletas a 25 pies, remolcar a otro buzo unos 500 metros, remolcar una lancha si naufragó, hacer diferentes maniobras de saltos, como el controlado, el maroma, para diferentes escenarios que sean complicados para bucear.

Diferencias con otro tipo de buceo

El buceo de extracción de cadáveres no es un buceo de turismo porque no se miran arrecifes. En este el escenario es distinto porque hay cero visibilidad, diferentes tipos de temperaturas y las búsquedas no llevan el parámetro del otro.

En 2017, el Benemérito Cuerpo de Bomberos logró recuperar cuatro cadáveres, según datos de esta institución.Francisco Torrente. END

20 años de experiencia

El cabo segundo Francisco Ramón Torrente, del área de Rescate del Benemérito Cuerpo de Bomberos, es uno de los seis rescatista activos y posee 20 años de experiencia en la extracción de cadáveres en el interior de pozos y en carrocerías retorcidas producto de accidentes de tránsito. 

“Para manipular cadáveres tenemos que tomar medidas de seguridad, por ejemplo, usar cuerdas para arrastrar hasta la orilla, guantes de látex, si el cadáver tiene más de 48 horas debemos usar trajes especiales”, indicó Torrente. 

Tanto Cabrera como Torrente coinciden en que las personas que trabajan en la extracción de cadáveres están expuestas a adquirir infecciones por ingresar a agua contaminada.

“Después que realizamos una recuperación de cadáver somos chequeados por médicos. Nos deberían dejar en un período de cuarentena para evitar cualquier secuela”, refirió Torrente.

Cabrera recordó que el momento más difícil fue la recuperación del cadáver de un hombre en una comunidad situada en la carretera vieja a León, quien había caído en el interior de un pozo de 150 metros de profundidad.

“El cuerpo tenía más de 72 horas, recuerdo que una de las dificultades fue que hacía falta cuerdas y se tuvo que ir añadiendo. Para mi sorpresa, una vez que estaba con el cadáver, me encontré con una boa. Una picadura de ese reptil pudo haber sido mortal, porque me hubiese infectado. Además, la presión del lugar pudo provocarme una embolia”, rememoró el bombero.

Riesgos a la salud

El doctor Nery Olivas, médico internista, explicó que los riesgos de las personas que tienen contacto con cadáveres dependen de varios factores como el tiempo transcurrido desde la muerte, las condiciones del clima, si está frío o caluroso, y las causas que provocaron el fallecimiento.

“El cuerpo comienza a producir fluidos, la sangre se licua y comienza a salir por los orificios naturales (…). Y esas sustancias son pestilentes y vienen cargadas de bacterias y de toxinas que producen las bacterias cuando la carne se descompone”, señaló el médico.

Agregó que la situación puede complicarse si la persona fallece por alguna enfermedad, porque hay enfermedades infecto-contagiosas como las enfermedades de la piel, lesiones con infección, tuberculosis, gangrenas y esto hace que la descomposición sea más rápida.

“Si uno manipula el cadáver, la persona se contamina de bacterias y de otros microbios, también se contamina la vestimenta y la vía respiratoria, al inhalar esa sustancia toxicas puede ocasionar infecciones graves”, manifestó el internista.      

Las personas que se dedican a la extracción de cadáveres están expuestos a enfermedades en la piel, ojos, pulmones y el tubo digestivo, que pueden ser graves, que pueden llevar a una neumonía, tétano y meningitis.

Para evitar eso requieren de equipos especiales certificados: lentes, mascarillas, guantes y traje especial, con filtros para proteger los ojos nariz, boca, manos y el resto del cuerpo.

Olivas recomienda que la persona que se expone con cadáveres debe ponerse en cuarentena porque se tiene que desinfectar, y suministrársele antibióticos .