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Llegó a Nicaragua como pasante de Economía, estuvo tres meses. Después volvió a Estados Unidos y, un año después, ya graduada, regresó para quedarse. Morgan Babbs implementó en el país un modelo de energía renovable que lleva el servicio a comunidades rurales de Matagalpa y Jinotega impactando de forma positiva en sus habitantes. 

Originaria de San Francisco, California, la joven de 24 años llegó a Nicaragua hace cuatro años y medio como pasante de una empresa estadounidense que invierte dinero en microfinancieras y agrocooperativas para que estas otorgaran créditos a productores que quisieran llevar a sus casas energía solar. 

Solo estuvo tres meses y cada semana Babbs visitaba comunidades rurales de Boaco para hacer estudios de mercado sobre la necesidad de energía solar. Se dio cuenta que había muchísima demanda.

Regresó a la Tufts Univertsity, de Boston, Massachusetts, para terminar su carrera. Durante unas vacaciones de verano, volvió por cuenta propia a Nicaragua para elaborar un proyecto piloto de lo que sería la empresa que lleva energía solar a comunidades rurales del norte del país. Investigó a fondo la necesidad de energía en las comunidades, los ingresos de los habitantes e ingenió un método de pago.Morgan Babbs implementó un modelo de energía renovable en Matagalpa y Jinotega. Óscar Sánchez/END

El proyecto Colibrí

En septiembre de 2015, ya graduada, regresó para quedarse y nació Colibrí. 

“Colibrí es un proveedor de energía solar prepago para familias en comunidades rurales que no tienen acceso a energía solar. Consiste en proveer la instalación completa del sistema de energía solar, cuatro bujías y una caja de control para activar las baterías. Esto además les sirve para poder cargar los celulares y conectar un televisor”, explica la economista estadounidense. 

La empresa se concibió con la idea de generar un impacto en la calidad de vida de la gente y los costos son mínimos. El proyecto lleva el servicio prepago a las comunidades rurales para recuperar la inversión y pagar a los trabajadores que se encargan de instalar y promover el sistema. Colibrí está compuesta por cinco personas.

El cliente no tiene que comprar el sistema de una sola vez, explica Morgan, sino que hace recargas mensuales durante de un año.

Al contratar el servicio pagan una prima de 1,000 córdobas que cubre 40 días de energía y luego la compran por paquetes. El sistema es similar a la compra de una recarga telefónica.

“Las personas van a un agente Colibrí (que generalmente son las pulperías de las comunidades) y pagan en promedio 500 córdobas para 22 días de energía y reciben un código que deben ingresar en la batería para que el sistema pueda funcionar, pero puedan comprar más de eso para más días”, explica.​

Hasta ahora el proyecto ha alcanzado a 396 familias, distribuidas en comunidades rurales de Matagalpa y Jinotega, principalmente en Matiguás y Pantasma.

Impacto

La llegada de la energía a estas comunidades ha impactado en la calidad de vida de sus habitantes. Antes, por ejemplo, debían recorrer largas distancias para poder cargar un celular en la casa de alguien que tuviera una batería. Ahora lo hacen en casa. 

En los estudios previos a la instalación de la empresa, Morgan Babbs se dio cuenta que las personas de estas comunidades, con el nuevo sistema de energía, se ahorrarían en promedio 52 horas al año que dedicaban para caminar en ir a cargar un celular una vez por semana. Luego de comprar la recarga se introduce un código en el aparato para recibir la energía. Óscar Sánchez/END

“La energía es un derecho humano, la productividad y el estándar de vida que se logra con acceso a energía es increíble. A mí lo que más me ha llamado la atención es cómo la gente me cuenta la reacción de los niños que ya se duermen más tarde, los adultos escuchan y ven noticias y hay más interacción familiar. Es emocionante”, comenta Babbs. 

Otro de los beneficios de llevar este tipo de energía a sitios donde nunca ha habido es que los niños se acostumbran a un modelo renovable que reinará en el futuro. 

“La energía solar es la energía del futuro y con proyectos como estos hacemos que las próximas generaciones se adapten a un sistema de energía renovable”, considera.

Planea extenderse

La joven estadounidense ahora planea llevar el servicio a zonas urbanas como Managua, para que principalmente negocios puedan tener energía solar conectada a la red eléctrica. 

La idea es colocar una instalación de un sistema de paneles mucho más grande y diferente que al de las zonas rurales para abastecer el consumo del día y, por las noches, tomar la energía de la red eléctrica.

Este sistema les cubriría un 50 y hasta 60% de su consumo y van a ver disminuirse la factura de luz. 

La vida útil de estos paneles será de 25 años y el plan de financiamiento de todo el sistema se aproxima a los US$8,000 que se pagarán en abonos mensuales. 

“Por ejemplo, un negocio que consuma US$300 en electricidad y después de pagar su sistema dentro de año va a pagar solo US$160. A lo largo de toda la inversión habrán generado US$33,000 de energía, según los estudios que hemos hecho, porque van a ahorrase todas las tarifas del incremento del precio de la electricidad, van a poder vender su energía extra a la red y van ahorrar una gran cantidad en energía durante 25 años”, asegura.

“La gente ve la energía solar como algo complicado y que tienen que saber muchos detalles técnicos, pero la verdad es que es muy sencillo y los ahorros son gigantescos”, agrega.

Se adaptó rápido

Adaptarse a una vida en Nicaragua no representó una dificultad para Morgan Babbs. La joven domina perfectamente el español porque cuando era niña vivió con sus padres en España. 

De Nicaragua le gusta Managua y Matagalpa, pero sobretodo la amabilidad de la gente, confiesa. 

“El clima entre Managua y Matagalpa es diferente. Por el trabajo paso más tiempo en el norte, pero la calidez humana de las personas es la misma en todo el país. A veces paso semanas enteras en Matagalpa, pero ver cómo la gente descubre la magia de la energía es maravilloso”, describe. 

Visita a su familia en San Francisco en ocasiones especiales. Su familia también la visita de vez en cuando y confiesa que el país les ha agradado por su naturaleza, la calma del campo y la comida.