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Terremotos, erupciones volcánicas e inundaciones han afectado a la ciudad de Managua durante un centenar de años, sin embargo, actualmente estamos mejor preparados para prevenir y mitigar estos fenómenos naturales, según expertos del Instituto de Geología y Geofísica de la UNAN-Managua (IGG-Cigeo). El máster Francisco Espinoza, de la facultad de Ciencias de Ingeniería del IGG-Cigeo, afirmó que hay muchos esfuerzos para enfrentar positivamente ante los fenómenos naturales por parte de la Alcaldía de Managua, no solo en la mejora del drenaje, sino también en temas de seguridad con los simulacros, además de la Cámara de la Construcción con nuevas normativas para la edificación y, por su parte el Ministerio de Transporte e Infraestructura con la creación de la cartilla de la construcción.

El máster Espinoza explicó que el suelo de Managua se formó producto de la zona de relevo de la cadena volcánica nicaragüense, quedando como una fosa en medio de dos cadenas volcánicas.

“Esto hace que la ciudad sea vulnerable a una serie de fenómenos naturales. Estos suelos son producto de las erupciones del volcán Masaya y al norte por parte de materiales del volcán Apoyeque. Desde el punto de vista actual, el volcán Masaya representa un riesgo latente para la capital, por ser uno de los más activos del país. En el caso del Apoyeque, si bien no está activo, es uno en reposo, susceptible a actividad volcánica en cualquier momento”, explicó el especialista.

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El máster Espinoza detalló que la ciudad está en medio de volcanes denominados monogenéticos, que  ya no son un peligro, pues su actividad cesó hace mucho tiempo después de su erupción y hoy la mayoría son lagunas cratéricas. Entre estas están Tiscapa, Nejapa, Asososca, Ticomo y Xiloá, entre otras. Pero la población se expone al desarrollar su crecimiento a orillas de las Carreteras a Masaya y León, porque son puntos de actividad volcánica.

En el caso de la vulnerabilidad ante terremotos, es de destacar que Managua, en su extremo oeste, está dividida por la falla de Mateare, de 70 kilómetros de longitud. En el caso de la falla Nejapa de 28 kilómetros de longitud, emergieron 28 volcanes, prácticamente uno por cada kilómetro.

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Hacia el este de Managua se encuentran las fallas que más conocemos, caracterizadas por los terremotos del 31 y 72, entre estas están  la falla de la colonia Centroamérica, Chico Pelón, del aeropuerto y de Tiscapa, como parte de las 18 fallas principales comprobadas.

Espinoza explicó que si bien en ambos casos pueden hacer movimientos telúricos, en el caso de los terremotos estos ocurren por el movimiento de las placas tectónicas de los suelos, pero también existe la sismicidad por actividad volcánica, que por la fuerza magmática hace vibrar la corteza terrestre en las zonas aledañas.

Sobre las fallas sísmicas de la capital, el docente investigador del IGG-Cigeo, con especialidad en Ingeniería Sísmica, Sismología y Dinámica de Suelos, el ingeniero Nair Castrillo explicó que dados los suelos de origen volcánico, esto puede amplificar las ondas de acuerdo con la manera de ruptura de la falla, su profundidad, el tipo de falla que lo genera y la distancia.

“Por eso hemos estudiado las partes dinámicas de los suelos, tales como el modo de vibración y la velocidad de onda de corte, con lo cual podemos caracterizar los suelos. Así podemos saber dónde se puede construir y el diseñador estructural podrá planificar la estructura a construir en armonía con el ambiente sísmico existente”, comentó Castrillo.

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Señaló que se han creado diferentes mediciones en Managua, en conjunto con especialistas traídos por la Cooperación Internacional del Japón (JICA), donde se logró elaborar un mapa, especificando zonas de mayor riesgo según los modos de vibración de suelos y las denominadas ondas de corte, o desplazamiento perpendicular que se alterna de un lado hacia el otro.

Entre los puntos de mayor prevalencia están zonas como la zona del barrio Las Torres, Distrito IV, Loma de Chico Pelón, en el área de la Universidad Nacional de Ingeniería, residencial El Dorado y el perímetro de las Américas I.

El máster Espinoza comentó que otro factor de riesgo de la capital son las inundaciones, dada la ubicación de la ciudad en las faldas de los cerros de la zona sur, con inclinaciones de hasta 45 grados, que hacen de las escorrentías un problema para una capital con un sistema de drenaje obsoleto.

Por otra parte está la posibilidad de deslizamientos de tierra, pero para esto se necesita que haya saturación en la humedad de suelos blandos, algo que solo es probable en áreas como Los Martínez, al noroeste de la ciudad.