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El crecimiento centroamericano ha sido de los más altos del continente, pero aún no es suficiente. “En algunos países hemos logrado reducir la pobreza, pero en otros se quedan estancados. Hay mucha expansión de actividades primarias que no requieren trabajos sofisticados y estos generalmente tienen remuneraciones bajas”, sostiene Jordi Prat, coautor de la investigación del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) Crecimiento Inclusivo: Retos y oportunidades para Centroamérica y República Dominicana.

“En los últimos 10 años, Nicaragua ha tenido alrededor de 4% de crecimiento y los niveles de pobreza han ido bajando en ese tiempo, eso lo caracteriza como uno de los países donde el crecimiento ha sido más inclusivo en la región”, aseguró Prat.END

En el contexto latinoamericano, Centroamérica y República Dominicana (CARD) crecerían 3.8% en 2017, siendo una de las subregiones de mejor desempeño económico, según las previsiones de crecimiento.

Sin embargo, estas tasas de crecimiento, repercuten mínimamente en la reducción de la pobreza y  en el incremento del empleo formal, así lo expone el estudio del BID, presentado este jueves en Washington.

En el caso de Nicaragua, “ha habido una estrategia donde se ha logrado reducir la pobreza mientras se está creciendo de una forma bastante saludable”, sostuvo Prat. 

Invertir en personas

Prat considera que la acumulación de capital humano y el desarrollo de actividades económicas sofisticadas son factores relevantes a los que se debe prestar atención si se pretende lograr mayor inclusividad en el crecimiento.

“El mejor mecanismo para lograr inclusión es la acumulación del capital humano más que del físico, porque permite tener una población productiva y educada, quienes muy probablemente entren al sector formal y tengan salarios más altos que en el informal”, amplió Prat.

El especialista afirma que en la acumulación de capital humano intervienen factores como salud y educación de forma directa. A más años de educación se obtendrán mejores retornos. Prat considera que Nicaragua tiene oportunidades de crecer más si incrementa los años de educación. 

“Los niveles de educación en la región son diferentes. Hay países que tienen un promedio de 6 y 7 años, otros 9 y, los más maduros, tienen 10. Nicaragua tiene niveles de educación relativamente bajos”, expresó el economista.

Las empresas juegan un papel crucial en el logro de un crecimiento inclusivo, pues en alianza con el sector público aseguran a la población una educación congruente con las demandas del mercado laboral. El funcionario del BID destaca que la población de Nicaragua en su mayoría es joven, lo que constituye un “acervo de capital humano que debería educarse para ser más productivo y entrar en sectores de alto valor agregado”.

“Tiene que haber  una estrategia entre el sector público y privado. La calidad de la educación tiene que ir en línea con lo que las empresas necesitan. Ahí es claro que si el sector privado tiene mecanismos para transmitir al sector público que valora cierto tipo de habilidades del trabajador, ahí el Gobierno puede darle las destrezas a ese trabajador para, que cuando salga y se gradúe, pueda encontrar trabajo rápidamente. Las alianzas del sector público y privado pueden estar orientadas en educación técnica o programas a de pasantías.  Es fundamental esta comunicación entre los sectores para contrastar lo que se les enseña a los estudiantes y lo que se necesita en las empresas”, apuntó. 

Prat explica que, además de proyectos de largo plazo, los países pueden  emprender acciones de corto plazo, como programas de educación de menor duración que enseñen habilidades específicas.

Indicadores

El crecimiento inclusivo establece una relación directa entre las mejoras macroeconómicas y  cambios positivos en los ingresos de la población, explicó a El Nuevo Diario Jordi Prat, quien se desempeña como economista regional principal del BID para Centroamérica, República Dominicana y México.

“Crecimiento inclusivo es hablar de cuánto del crecimiento económico de los países llega a las personas. El crecimiento es inclusivo si ese crecimiento permite que se beneficie el mayor número de ciudadanos. Se refleja en la reducción  de los niveles de pobreza. Significa que conforme la economía va mejorando la gente va teniendo mayores ingresos y al tenerlos pueden tener una mejor vida”, afirmó el experto. 

Por otra parte, aunque la región tiene tasas de crecimiento económico relativamente altas, al compararla con el resto de la región, aún existe una diferencia amplia. Estimaciones presentadas en el estudio señalan que, en 17  años (2000-2017), el ingreso per cápita creció 2.3% y la pobreza solo se redujo en 12.1 puntos porcentuales. Estos resultados son inferiores a los de América Latina, que en el mismo período experimentó un incremento de 1.8% en el ingreso per cápita y una reducción de 13 puntos porcentuales de la pobreza.

“El crecimiento ayuda a reducir la pobreza, pero parece que a América Latina esta reducción le cuesta más que al resto de países en desarrollo”. La percepción de los hacedores de política en la región es que a Centroamérica y República Dominicana les resulta más difícil, explica el estudio del BID.

“Una revisión de los números estilizados parecería ratificar esta percepción. Entre 2000 y 2017, el ingreso per cápita en América Latina creció en 1.8% y la pobreza se redujo en 13 puntos porcentuales (pasó de 43.8% en 2000 a 30.7% en 2017). Para Centroamérica y República Dominicana estos datos son 2.3% y 12.1 puntos porcentuales (al pasar de 51.8% en 2000 a 39.7% en 2017). Esto implicaría que la elasticidad de la pobreza al ingreso en la región es un tercio menor a la elasticidad de América Latina”, añade la investigación.

Por otra parte, el empleo formal en Centroamérica incrementó 3% entre 2000 y 2017, mientras América Latina logró un aumento de 6%. “A pesar de haber crecido más y no haber sufrido una recesión, pareciera que a la región le cuesta generar oportunidades”, resalta el informe.

El crecimiento económico regional está influenciado por factores positivos, como los precios del petróleo más bajos, mayores precios para las materias primas, tasas de desempleo hispano en EE. UU. en sus  mínimos históricos y su relación con el incremento de remesas, así como una mayor inserción en la economía mundial.

“En un contexto externo relativamente favorable para la región, parecería que se están dando los ajustes necesarios. Sin embargo, queda aún un largo camino por recorrer y persiste el reto de que la región acelere su crecimiento”, afirma el documento.

Según datos del Instituto Nacional de Información de Desarrollo (Inide), la pobreza general de Nicaragua en 2001 era de 45.8% y en 2016 se cuantificó en 24.9%, una reducción de 20.9 puntos porcentuales. En ese mismo período, el crecimiento económico promedio fue de 3.75%, tomando como referencia datos del Banco Central de Nicaragua (BCN).

Por su parte, el Fondo Monetario Internacional (FMI) proyecta un crecimiento  económico de Nicaragua para 2018 de 3.9% y un 4.1% para 2019.