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Angélica tiene 14 años y cursa sexto grado de primaria. Sus compañeros de clase se burlaban de ella, no la involucraban en ninguna actividad y a veces aparecía con los dedos lastimados por puntas de lapiceros, mordiscos y moretones en los brazos, relata Martha, su madre.

Angélica tiene una discapacidad motriz, parálisis cerebral, y fue diagnosticada con deficiencia intelectual.

Cuando nació, sus padres no se daban cuenta de que presentaba una discapacidad, pero al llevarla a las consultas generales al centro de salud, una fisioterapeuta les dijo que la niña tenía un problema motor porque no podía sentarse. Sus piernitas se doblaban al intentarlo y no tenía equilibrio en su cabeza. Les advirtieron que mejoraría con rehabilitación. Ante esta situación decidieron integrarla, en el año 2007, a la organización de asistencia y servicios para discapacitados, Los Pipitos. 

“Gracias a Dios la condición de mi hija no la tomé negativamente y he tenido aceptación por parte de mi familia, pero en el colegio lamentablemente, por falta de información de los docentes y los niños, había rechazo hacia ella porque falseaba con una de sus piernas y le costaba comunicarse con sus compañeros. Además, tampoco medía el peligro, por lo cual tenía que quedarme vigilándola hasta que saliera de clases”, comentó Martha.

La oficial de salud de Unicef Nicaragua, Dra. María Delia Espinoza, explicó que la discapacidad motora es la más frecuente en Nicaragua, seguida de la discapacidad intelectual. Las causas son diversas: traumas, defectos congénitos, entre otras. 

En el caso de la niñez, la discapacidad más frecuente es la intelectual e igualmente obedece a múltiples causas. No obstante, es importante señalar las discapacidades que están relacionadas con condiciones que se presentan durante el parto y que provocan la parálisis cerebral. Otras discapacidades que presenta la niñez en Nicaragua son la motora y la auditiva, las que se generan durante el nacimiento y que comúnmente conocemos como parálisis cerebral infantil, seguida por los problemas de la audición o del habla. 

En el mundo hay más de 93 millones de niños con discapacidad, es decir, 1 de cada 20, lo que representa 5 por ciento de la población menor de 14 años.

En Nicaragua, de acuerdo con cifras del programa Todos con Voz del Minsa, más de 132,000 personas viven con alguna discapacidad. De este total, más de 21,000 son infantes menores de 14 años.

Sobrevivir y prosperar es especialmente difícil para los niños con discapacidad. Son entre 3 o 4 veces más proclives a sufrir violencia; además de enfrentar los obstáculos físicos, sociales, de género, culturales y medioambientales, enfrentan situaciones que limitan su pleno desarrollo y acceso a servicios de apoyo.

Un metanálisis realizado en 17 países por la universidad de J. Moores de Liverpool y OPS reveló que un niño con discapacidad presentaba un riesgo de 3.7 veces mayor de sufrir violencia combinada, 3.6 veces mayor riesgo de sufrir violencia física y 2.9 veces mayor de sufrir violencia sexual en relación a los menores que no la padecen. Además, el tipo de discapacidad se relacionaba con el tipo de violencia. Por ejemplo, las niñas con discapacidad intelectual tienen 4.6 veces mayor riesgo de sufrir violencia sexual, así como los niños con discapacidad auditiva y del habla tienen mayor riesgo de violencia física.

Ante eso, la especialista destacó que no existe una herramienta diferente o específica para identificar cuándo un niño con discapacidad sufre violencia. Los signos y síntomas son iguales que los niños sin discapacidad. Es decir, lo más importante es identificar cuándo un niño está presentando un comportamiento diferente al habitual. 

Igualmente mencionó que el tema de la discriminación es grave, pues coloca a los niños en situaciones de mayor riesgo de violencia por patrones culturales, normas sociales, áreas geográficas y cuestión de género, provocando que no tengan accesos a servicios de salud, nutrición, salud sexual y reproductiva, educación, recreación y rehabilitación de calidad. La exclusión y discriminación los hace más vulnerables a los malos tratos, abandono y violencia.

“Algunos estudios que se han hecho a nivel mundial revelan que el 70 por ciento de los padres informaba que los niños eran discriminados en sus comunidades y, para que nosotros podamos hablar de sociedades inclusivas, tenemos primero que empezar a trabajar con los entornos más cercanos, la familia, promoviendo acciones de cambios de comportamientos y actitudes solidarias hacia las familias con niños con discapacidad para que puedan desarrollarse y participar plenamente como ciudadanos”, señaló la Dra. Espinoza.

Según un informe mundial sobre la discapacidad de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Banco Mundial, las personas con discapacidad tienen peores prestaciones sanitarias (hospitales, centros de salud y servicios de salud pública), peores resultados académicos, una menor participación económica y unas tasas de pobreza más altas. 

Señales de violencia 

Wendy Matamoros Montenegro, técnica de educación vocacional prelaboral y laboral de Los Pipitos, dijo que la primera alerta de violencia que una niña o niño puede estar sufriendo, ya sea física, emocional y sexual,  es sentir rechazo hacia alguna persona, sea esta familiar o cercano. No quiere hablarle, no quiere estar cerca, su postura corporal es diferente, tiene síntomas de ansiedad, vómitos producto del contacto humano y, si está siendo discriminado, podría tener bajo rendimiento académico y se negará a ir al colegio. 

No obstante, recalcó que, aunque algunos niños se comuniquen de diferente manera por su condición, los signos de violencia serán parecidos al de los niños sin discapacidad, porque el temor hacia alguna situación se puede notar desde los estados de ánimos. Además, dijo que esta realidad incide al momento de la inserción laboral de ellos o ellas, porque con el tiempo sus capacidades de comunicación se ven afectadas. Les cuesta participar en actividades grupales y establecer relaciones saludables de trabajo.  

La exclusión surge de los prejuicios sociales. Es un asunto de reconocer que las niñas y los niños son miembros plenos de la sociedad, que tienen derechos, habilidades, aspiraciones y necesidades como todos, tal como lo indica la Convención sobre los Derechos del Niño (CDN) y la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad.

Destacó la oficial de salud que Unicef junto con el Minsa, Mifan y el Mined están trabajando una serie de procesos que permitan de manera paulatina asegurar los pilares de la inclusión y eliminar la barrera mental de que la atención y rehabilitación solo se puede hacer en unidades de salud con alta tecnología y por profesionales sobreespecializados. 

“Lo más importante es el cambio de actitud: se trata de capacidad, no de discapacidad; apoyar con materiales educativos a las familias con niños con discapacidad para que les brinden cuidados cariñosos y receptivos, y sea la familia quien se involucre en el desarrollo pleno de los niños; reducir el estigma y discriminación en las comunidades mediante acciones de cambio de comportamiento; reforzar la rehabilitación basada en la comunidad promoviendo la estimulación temprana, ya que es el entorno cercano a la familia y es la comunidad quien les brinda apoyo solidario; en la integración de servicios de salud, nutrición, inmunización, rehabilitación; capacitación al personal de salud, a los agentes comunitarios y líderes comunitarios”, indicó. 

Programa de “duelo” para las familias 

Iris Rizo, sicóloga y coordinadora de la Atención a las Familias en Los Pipitos, comentó que en esta institución brindan apoyo a niños, niñas, jóvenes y adultos con diferentes discapacidades y cuentan con un programa completo sobre el reconocimiento del duelo, aceptación y recuperación del duelo emocional para la realización de los proyectos de vida, atendiendo alrededor de 15,000 familias nicaragüenses. 

“Cuando existe un embarazo se crea la emoción de tener un ciudadano, un hijo que se va aparecer a sus padres, va hablar, caminar, correr, aprender a manejar carro, moto, será deportista y todos sus sueños de que su bebé sea perfecto. Sin embargo, cuando se dan cuenta que presenta una condición de discapacidad, todos esos deseos se convierten en miedo y es ahí cuando Los Pipitos juegan un papel importante al enseñarles que no están solos. No limitarse, aceptar la discapacidad de su hijo, apoyarlo, tener esperanzas en él, perder el temor de llegar a tener un segundo hijo, volver a la vida laboral y educar con amor”, añadió Rizo.