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Los adolescentes de entre 15 y 17 años de las zonas rurales tienen un 14% menos de probabilidades de asistir a la escuela, revela un estudio divulgado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

La investigación del BID también refleja que en Nicaragua, cuando el hogar tiene solo a la madre o al padre como jefe de familia, la posibilidad de que los jóvenes vayan a estudiar se reduce en 3%.

El documento se titula “Crecimiento Inclusivo: Retos y Oportunidades para Centroamérica y República Dominicana” e indica que las probabilidades de que un estudiante asista a las aulas en Nicaragua aumentan en un 3% si el o la jefa de familia tiene años acumulados de estudio en el sistema de educación. El tamaño de la familia solo reduce en un 1% la factibilidad de mantenerse en los salones.

El estudio sostiene que, cuando se trata de estudiantes mujeres, la posibilidad de mantenerse en las aulas aumenta en un 3% y, cuando se es indígena, estas se reducen 7%.

“En términos generales, en todos los países analizados, se estima que ser indígena reduce la probabilidad de asistir a la escuela, lo cual podría obedecer al gran tamaño de la comunidad indígena de estos países (en Guatemala, por ejemplo, el 40% de la población se considera indígena) y a que esta, en su mayoría, vive en zonas deprimidas”, sostiene el estudio.

La situación de Nicaragua

En Nicaragua se ha “mejorado la oferta para estudiar, incluso en preescolar. Este es un logro que se debe reconocer, sobre todo en el sector urbano, pero en el área rural de los municipios del norte al igual que en el Caribe, los niños y niñas tienden a no ir a la escuela por miedo a los aguaceros, piensan en que se crece la quebrada y no hay puente para pasar”, señaló la experta e investigadora Vanessa Castro Castro. 

“La tendencia en la zona rural es poner a los niños, ya con una edad avanzada, en la escuela porque no quieren que anden en esos caminos peligrosos en invierno. El problema es que ese niño o niña llega de nueve años a primer grado, sin pasar por preescolar, sin que nadie le platique o lo estimule emocional y cognitivamente, entonces, ese niño ha disminuido un poco su capacidad, porque la mejor ventana para enseñar a leer es entre los cinco y los ocho”, valoró Castro. 

La investigadora destacó que “las niñas están aprendiendo a leer con más facilidad que los niños, lo hemos visto en 13 estudios hechos”.  

“En Nicaragua hay esfuerzos por la equidad, pero tiene que ver realmente con una  tendencia mundial de que las niñas sean mejores lectoras”, agregó.

“Es posible que a los niños los hagan trabajar más físicamente y los cansan más por estar en labores más físicas, digamos en el área rural, ahí cortan leña, acarrean agua, los mandan a llevarle  a los papás la alimentación, es posible que el trabajo infantil de los niños sea más pesado y los perjudique más que a las niñas, que hacen el trabajo generalmente  doméstico”, dijo Castro.En Nicaragua se ha “mejorado la oferta para estudiar, incluso en preescolar.  Archivo/END

Al respecto, Rafael Lucio, consultor en temas educativos, señaló los problemas que enfrentan  las niñas en las zonas rurales, lo que influye en su permanencia en el sistema educativo. 

“Por la presencia de la mujer en la educación primaria y secundaria, podemos decir que hay un sano equilibrio en cuanto al porcentaje de participación de la mujer, pero no podemos perder de vista los problemas que enfrentan en la zona rural, donde hay embarazos tempranos, violencia sexual y niñas que tempranamente tienen que dejar la escuela para hacer labores de la casa, para ser casi madres sustitutas”, comentó Lucio. 

El informe indica que el abandono escolar en los países de Centroamérica ocurre por el poco interés hacia el estudio y por las dificultades económicas de las familias. Estas dos variables representan el 50% de las causas por las que niños y adolescentes abandonan las aulas.

Lucio comentó los datos reflejados en esta investigación y calificó “el abandono escolar”  como “un  fenómeno multifamiliar, con factores externos, como el nivel de pobreza y la migración”.

El interés por estudiar “tiene que ver con un factor importante, que es la política educativa que se difunde a las familias. En el país no se ve propaganda de carácter educativo, por ejemplo, sobre la importancia de la educación técnica para que los padres y madres de familia se enteren y valoren en su justa medida la importancia de la educación”, valoró. 

Enfatizó en la necesidad de “aplicar una política para que se difunda la importancia de la educación, para convencer a los más pobres de esa importancia”.

“Cuando la familia tiene solo al padre o la madre, esto afecta, porque muchas veces necesitan más apoyo para la subsistencia y hacen trabajar a los niños, niñas. El papá o mamá, de lo primero que prescinde es de la educación”, aseguró Lucio. 

Por su parte, Vanessa Castro sostuvo que el “desinterés por continuar con los  estudios  podría estarse presentando porque la educación no genera mejores ingresos, a no ser que sea una educación técnica, pero aquí la aspiración es entrar en la universidad, que en muchos casos está desconectada por completo de la producción y necesidades de las empresas”. 

“En Managua vemos escuelas con 55 o 52  estudiantes en primer grado, eso crea desinterés porque ese niño está amontonado en una clase y, en el período del calor, durante el verano, que es de cinco o seis meses, están en aulas que tal vez no están muy bien ventiladas, así es que se presentan las enfermedades: gripe, diarrea y dejan de asistir al colegio. Eso crea desinterés”, señaló Castro.  En Nicaragua hay esfuerzos por la equidad, pero tiene que ver realmente con una  tendencia mundial de que las niñas sean mejores lectoras

Demandan atención especial en las escuelas 

“Podríamos estar expulsando de la escuela a niños y niñas porque tiene dificultades emocionales. Cuando enfrentan dificultades en su seno familiar, la escuela no está preparada para atender ese tipo de casos. Tienen problemas de aprendizaje, problemas de atención emocionales, no se sienten queridos, buscan el afecto de la maestra y maestros y, cuando esto no existe, entonces son candidatos a abandonar la escuela”, sostuvo Rafael Lucio.

Reconoció las estrategias aplicadas por el gobierno para tratar de reducir el abandono escolar, mencionando que si el programa “de merienda escolar no existiera, una buena cantidad de niños no llegaría a la escuela. Muchos van porque llegan a desayunar, es un programa fundamental, se ha venido perfeccionando”.

Al  mismo tiempo, señaló la necesidad de perfeccionar los mecanismos para aplicar  estrategias que permitan retener a los estudiantes. “La secundaria rural es nueva, tiene unos tres años. Hay ideas buenas en el Ministerio de Educación, pero la manera cómo las emprenden, cómo las improvisan, el no preparar condiciones hace que los programas se desvanezcan”, valoró Lucio.

En este sentido, Vanessa Castro mencionó la dificultad de no tener acceso a estadísticas oficiales para medir el impacto de los programas del Gobierno en el sistema educativo. 

“El punto es que el Gobierno ha hecho esfuerzos y, si permitiera que viéramos las estadísticas,  las matrículas, las deserciones, las repeticiones, entonces podríamos opinar si han tenido impacto los programas, pero no sabemos de los resultados, porque no tenemos datos”, señaló Castro. 

En cuanto al interés por la educación de los jóvenes en la Costa Caribe, donde se concentran los indígenas del país, Rafael Lucio mencionó que ahí hay pocas empresas que demanden servicios laborales calificados y al mismo tiempo los jóvenes, a pesar de que podrían terminan sus estudios, no tienen las capacidades requeridas por empresas formales, lo que reduce sus posibilidades de encontrar un empleo. 

“El Sistema Educativo Autonómico Regional (SEAR) no está funcionando como debe. La ley dice que forma parte del gran sistema educativo, pero los recursos que se le transfieren para aplicarlo no son suficientes para lograr superar las brechas”, sostuvo Lucio. 

En este aspecto, “el dato del estudio del BID relacionado a las zonas indígenas es acertado, estuve siete meses visitando escuelas, escuchando a maestros en el Caribe. Hay muchos niños y niñas que están en una escuela donde se les enseña en un idioma que no es el de ellos y eso dificulta el aprendizaje de la lectura, muchos docentes no hablan bien el idioma que enseñan porque son de una etnia distinta”, señaló Vanessa Castro.