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Doce meses se cumplieron ayer desde que la joven nicaragüense Vilma Trujillo García, de 25 años, fuese víctima de un rito religioso fundamentalista llevado a cabo por cinco miembros de la iglesia Visión Celestial, de la comunidad rural de El Cortezal, municipio de Rosita, Región Autónoma de la Costa Caribe Norte. Mirna Blandón, del Movimiento Feminista, sostiene que la muerte de Trujillo es un “suceso lamentable y propio de una edad antigua”, pues según ella, el que la mujer haya sido quemada en una hoguera tiene sus bases en el “oscurantismo religioso y la misoginia”.

“Es importante recordar a las iglesias que deben sensibilizar y procurar actos liberadores que proporcionen a las mujeres una mejor vida, condiciones económicas, trabajos estables, tierras, acceso a la salud y no aprovecharse del oscurantismo religioso para que la gente acepte las cosas como designios de Dios”, Además, destacó la necesidad de que la sociedad en su conjunto se pronuncie ante los crímenes violentos contra las mujeres y demande respeto a la dignidad y a la vida de las nicaragüenses. Según la activista, la muerte de Trujillo fue un femicidio y no un asesinato, como se tipificó por la justicia, puesto que ningún hombre habría muerto en esas circunstancias.

Los hechos

Trujillo García había iniciado a congregarse en la iglesia Visión Celestial y hasta ese lugar fue llevada por otros miembros para “curarle” las alucinaciones que estaban afectándola a consecuencia de demonios que la habían “poseído”. En ese lugar, la joven permaneció una semana amarrada sin tomar agua, ni alimentarse, únicamente recibiendo oraciones. Fue una miembro de la iglesia quien sugirió al pastor Juan Gregorio Rocha combatir con fuego a los demonios que atacaban a la mujer. Las pruebas peritales revelaron que las llamas provocaron en Trujillo quemaduras de tercer grado, tras estar expuesta por varias horas a una temperatura mayor a 400 grados celcius.

Trujillo falleció el 28 de febrero en un hospital capitalino. Por el crimen contra Trujillo fueron juzgadas y condenadas a 30 años de prisión cinco personas: el pastor Juan Gregorio Rocha Romero y sus hermanos Pedro José y Tomasa, así como Franklin Jarquín Hernández y Esneyda Orozco Téllez. También se declararon culpables por el delito de secuestro, a excepción de Orozco Téllez. Este crimen sentó un precedente para incluir en la ley la tipificación de asesinato agravado por “fanatismo religioso”, penado de 25 a 30 años de cárcel.