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Hace sesenta años se graduó la primera ingeniera en Nicaragua, y desde entonces la cifra de mujeres estudiando en este campo, aunque ha crecido exponencialmente, no se equipara con la presencia masculina: en promedio, tres de cada diez estudiantes matriculados en ingeniería son mujeres, según estadísticas de diferentes universidades. 

En la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI), aunque hay carreras en que el porcentaje de mujeres asciende al 49% como Ingeniería Química, hay otras en que apenas estudian un 10%, como Ingeniería Mecánica. 

Katherin Picado, de 19 años, es una de las 80 mujeres que en 2017 se matricularon en Ingeniería Eléctrica en la (UNI), de un total de 680 estudiantes registrados en esa carrera.

Katherin Picado es una de las 80 mujeres que estudia ingeniería eléctrica en la UNI.

Esta ingeniería es una de las que siguen siendo consideradas “de hombres”, y las pocas mujeres que las estudian deben enfrentarse a prejuicios de género. Picado, estudiante de tercer año, afirma que las cuatro mujeres de su clase —de 26 varones— deben prepararse académicamente el doble, pues demostrar que dominan las materias es una de las formas de ganarse el respeto de sus compañeros. 

Claudia Reyes, de 24 años y recién graduada de Ingeniería Industrial de una universidad pública, una de las carreras con más presencia de mujeres, también asegura que vivió situaciones sexistas en clases. Sus profesores “siempre creían que los varones acertaban más que nosotras”, comenta. Recuerda cómo en una clase de cálculo el profesor planteó un ejercicio y dijo: “varones, háganlo, yo sé que ustedes pueden”. Las mujeres en clase reaccionaron: “¿Y nosotras?”, cuenta Claudia. “Ah, ustedes también, todos háganlo”, respondió el docente.  

Si bien las situaciones de discriminación no son iguales para todas las alumnas de ingeniería, las experiencias de algunas estudiantes demuestran que aún hay limitantes en las universidades del país para lograr que el clima de estudios sea igualitario en el campo de la ingeniería. 

¿Cuántas estudian?

En la UNI, en donde se imparten 12 tipos de ingenierías, el 27% del alumnado son mujeres, específicamente 3,210 de los 11,660 alumnos matriculados en 2017.  

La ingeniera Gioconda Juárez es docente y empresaria.

Y en la estatal Universidad Nacional Agraria (UNA), en donde se ofertan siete ingenierías —Agrícola, en Sanidad Vegetal, Agronómica, de Agroindustria en los alimentos, en Recursos Naturales, en Zootecnia y Forestal— también hay una alta presencia masculina. En 2017, solo el 28% de solicitudes de ingreso fueron hechas por mujeres. 

En Ingeniería Agrícola el 20% de la población estudiantil es femenina, y en Ingeniería Agronómica este porcentaje asciende ligeramente al 24.4%, por ejemplo. 

En las universidades privadas la tendencia no varía en gran medida. Tres de las cinco ingenierías enseñadas en la UCA estuvieron dominadas por hombres en el 2017: Ingeniería Civil tuvo un porcentaje de mujeres del 32%, Ingeniería en sistemas de información tuvo un 17% e Ingeniería en redes y telecomunicación un 34%.  

Y en la Universidad Americana (UAM), el 29% de los estudiantes matriculados en el segundo semestre de 2017 en las cuatro ingenierías que ofrece esa casa de estudios —Industrial, Civil, en Sistemas de Información y en Gerencia Informática—, son mujeres. 

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Las razones por las que pocas mujeres se inscriben a estudiar alguna ingeniería no están claras, pero los académicos creen que hay una relación directa con el campo laboral. 

Diego Muñoz, secretario académico de la UNI, opina que algunas carreras de ingeniería “están dirigidas al sexo masculino, por su contenido y su perfil”. En Ingeniería Eléctrica, pone por ejemplo, “los jóvenes tienen que vivir en las plantas eléctricas, dirigir cuadrillas, tomar puestos de mantenimiento, cambiar de horarios constantemente”.

También afirma que las mujeres siguen buscando ambientes cerrados, no necesariamente en trabajos de campo, lo cual según él explicaría que más mujeres estudien las ingenierías que están más orientadas hacia procesos gerenciales y administrativos de la industria. 

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El coordinador de la carrera de Ingeniería Civil de la UCA, Otoniel Baltodano, concuerda con Muñoz en que las ingenierías “más atractivas en el campo laboral para las mujeres” son aquellas con ambientes más “administrativos”, y no “el sol, la tierra, o (ambientes) un poco más rudos”. 

Ingenieras desde hace 60 años

La primera ingeniera de Nicaragua fue Celina Ugarte, quien se graduó como Ingeniera Civil en la Universidad Autónoma de Nicaragua (UNAN) en 1958. También fue la primera mujer nicaragüense en conseguir un máster y un doctorado en Ingeniería Estructural, ambos en los Estados Unidos. 

Ugarte, tiene 87 años, cree que la situación ha cambiado para las mujeres que quieren estudiar ingeniería, sobre todo porque hay más disposición de la familia a apoyarlas. Ella misma se tuvo que enfrentar a sus padres para que la dejaran estudiar una carrera que no era “apropiada” para mujeres, como sí eran Farmacia, Enfermería o Pedagogía. “Me dijeron que esa carrera no era para una hija a la que habían criado con esmero”, recuerda. 

Tarsilia Eldiney Silva, exdecana de la Facultad de Ciencia, Tecnología y Ambiente de la Universidad Centroamericana (UCA) escribió para la revista universitaria Zona de Contacto que antes se acostumbraba a decir que las mujeres que estudiaban ingeniería eran “una mujer macho”, y que se consideraba que “la mujer debería estudiar para ser docente de educación primaria, para enseñar a los niños y niñas, por su perfil de madre y ser el ‘sexo débil’”. 

Más mujeres estudiando

Otoniel Baltodano, destaca que en la UCA en los últimos diez años la cifra de inscripción de mujeres en carreras de Ingeniería ha aumentado, sobre todo en ingenierías “blandas”, como la Ambiental: el 68% de las estudiantes de nuevo ingreso  en 2017 fueron mujeres. 

En la UNI, las carreras que más se equiparan en cuanto a la cantidad de hombres y mujeres son Ingeniería Industrial, en donde el 40%  las matriculadas son mujeres, e Ingeniería Química, cuyo porcentaje de mujeres es 49%. 

En la UNI, las carreras que más se equiparan en cuanto a la cantidad de hombres y mujeres son Ingeniería Industrial.

Aunque también admite que el porcentaje de mujeres estudiantes de Ingeniería Civil ha aumentado en los últimos diez años. “En 2008, la carrera de Ingeniería Civil la abrimos con una matrícula de mujeres del 10%. Actualmente estamos en el 30% de matrícula y se mantiene con una tendencia de crecimiento anual del 2 o 3%”, refiere el académico. 

Desirée, de 22 años, quien se cambió a estudiar Ingeniería Química tras un año de estudiar Ingeniería Agrícola, asegura que en su carrera actual no hay discriminación para las mujeres. “Todo es parejo, los profesores son íntegros y  nos tratan por igual”, señala, aunque advierte que “donde hay discriminación es en la industria”. 

Difícil conseguir trabajo

“Todavía en las empresas siguen escogiendo hombres”, lamenta Diego Muñoz, secretario académico de la UNI. Y Otoniel Baltodano, coordinador de la carrera de Ingeniería Civil de la UCA, concuerda: “todavía pesan más estereotipos de género para poder decidir entre un varón y una mujer, que la capacidad que cada uno tenga”.

Tarsilia Eldiney Silva, en su artículo académico para la revista Zona de Contacto de la UCA, refuerza que “ha sido muy complejo por las diversas barreras sociales y culturales” que las mujeres se integren en el mercado de trabajo en las mismas condiciones de salario, de funciones y responsabilidades que los ingenieros en los centros productivos. 

Actualmente estamos en el 30% de matrícula y se mantiene con una tendencia de crecimiento anual del 2 o 3%”, refiere el académico. 

Si hay pocas mujeres estudiando, consecuentemente hay pocas mujeres ingenieras ejerciendo su profesión. Gabriel Arce, un ingeniero que trabaja en una firma constructora, manifestó que de 30 ingenieros que laboran en la empresa, solo 2 son mujeres, aunque aseguró que ellas tienen las mismas oportunidades de desarrollo que tienen los hombres. 

“Mi profesora de ingeniería, la única que he tenido, nos contó que es bastante duro ser mujer ingeniera. Ella nos dijo que las mujeres tenemos que sobresalir más que los hombres, porque ellos entre sí se dan trabajo, pero una mujer consigue trabajo con su conocimiento”, cuenta Katherin Picado, la estudiante de Ingeniería Eléctrica. 

Ese fue el caso de Gioconda Juárez, de 35 años, quien se graduó en Ingeniería Civil en 2006, y afirma que tras obtener cien puntos en dos de sus clases de dibujo, recibió empleo tras la recomendación de su profesor. Actualmente es docente de planta de la UNI y tiene una empresa que brinda servicios topográficos a proyectos de construcción.

La primera ingeniera del país, Celina Ugarte, también se ganó su primer empleo, como Asistente de Docencia, demostrando su conocimiento. Le ofrecieron el puesto luego de que resolviera una ecuación matemática que uno de los profesores en la Universidad de Delaware, donde estudiaba su maestría, no podía resolver. 

Romper los esquemas

Pero la dificultad para conseguir trabajo no es exclusiva de las ingenieras. En Nicaragua, solo el 47.2% de las mujeres en edad productiva participa en el mercado laboral, en contraste con el 81.9% de hombres que tenían algún tipo de ocupación laboral, según el estudio “Efecto de la maternidad en la empleabilidad de la mujer” de la Fundación Nicaragüense para el Desarrollo Económico y Social (Funides). 

Aunque el mismo estudio demuestra que las mujeres tienen del 20% al 30% más de probabilidades de participar en el mercado laboral si tienen un mayor nivel educativo, para las mujeres ingenieras obtener un empleo puede convertirse en todo un desafío. 

En el campo laboral las situaciones de discriminación por género también son palpables. Gioconda Juárez explica que mientras trabajaba en una empresa de construcción y supervisaba una obra “a algunos obreros no les gustaba ser mandados por una mujer, y  peor joven”. En específico, recuerda a un maestro de obra que se negaba a acatar sus órdenes. “Yo le daba la orden y él llamaba a mi jefe inmediato a ver si lo aprobaba”, recuerda, añadiendo que con el tiempo, el maestro de obra fue cediendo. 

Para Diego Muñoz, de la UNI, “los esquemas se van rompiendo cada día”, y aunque el proceso es lento, las empresas se están dando cuenta de las ventajas que tiene contratar mujeres: “tienen mayor responsabilidad, creatividad y disciplina”, asegura.

¿Cómo incentivar a las mujeres?

A Katherin Picado le gustó la electricidad desde que elaboró, con su grupo de compañeras de secundaria, un sistema de riego a base de energía solar. Una vez terminado su bachillerato, no logró decidirse por una carrera, en parte porque no conocía a profundidad las ofertas de estudios. 

“Luego conocí a una mujer que hacía los sistemas eléctricos en la constructora donde mi mamá trabaja. Hablé con ella y después de que me explicara cómo era la carrera y su trabajo, me decidí por Ingeniería Eléctrica como primera opción”, rememora.

Juárez, la topógrafa con doce años de experiencia en el campo, asegura que habría más mujeres estudiando ingeniería “si hubiera más publicidad y pudiéramos explicarle a las muchachas qué conlleva la carrera y cómo nos estamos desempeñando las mujeres”. 

Celina Ugarte, la primera ingeniera nicaragüense, trabajó por muchos años para la Sociedad de Mujeres Ingenieras (SWE, por sus siglas en inglés) en Estados Unidos, y afirma que las charlas y ponencias de mujeres ingenieras en colegios de secundaria que realizaban con frecuencia era una buena oportunidad para inspirar a las niñas en este tipo de carreras. 

El coordinador de la carrera de Ingeniería Civil de la UCA, Otoniel Baltodano, señala además que la enseñanza de la ciencia desde edades tempranas es un factor que incide positivamente en la decisión de las mujeres para orientarse profesionalmente hacia carreras afines.