•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

Un recuento de datos de los últimos tres años del observatorio de violencia de Católicas por el Derecho a Decidir (CDD), expone que la mayoría de hombres que asesinaron a mujeres de forma violenta en los últimos tres años son jóvenes y viven en centros urbanos. 

En concreto, la muestra hecha por El Nuevo Diario con información de 96 hombres, halló que el 56% eran menores de 30 años, mientras los datos de 166 femicidios indican que 120 ocurrieron en ciudades, esto significa 72%. 

Los datos de CDD detallan que los hombres que asesinaron a mujeres de forma violenta eran del área urbana y menores de 30 años son el 78% y para los mayores de 31 años la cifra llega a 74%. 

Solo el 22% de los menores y el 26% de los hombres mayores de 31 años vivían en zonas rurales al momento de cometer el crimen.

La investigación del CASC indica que “los casos de machismo más severo suelen darse donde ha habido menos educación.

Conductas comunes

Sin embargo, Adriana Trillos, sicóloga y máster en estudios de género, asegura que las múltiples investigaciones acerca de los femicidios no han arrojado resultados sobre un perfil específico de los hombres que cometen estos crímenes. 

“De lo que sí podemos hablar es de un conjunto de conductas masculinas violentas que, en circunstancias determinadas y a largo de cierto tiempo sin ninguna intervención, convergen de forma sistemática, aumentando el nivel de violencia en los hombres que la ejercen, hasta llegar a la muerte de las mujeres”, explica la experta.

Johnny Jiménez, un trabajador social que tiene más de 20 años en el campo de la prevención de la violencia machista, agrega que en los casos de femicidios el círculo de la violencia es repetitivo cuando los victimarios son las parejas o exparejas.

“Esto tiene raíz en la forma en cómo se crían a los hombres, pero en la práctica la violencia en estos casos comienza con un insulto, luego viene la amenaza, después el golpe y cuando ya se llegó a ese límite puede terminar en la muerte”, explica el especialista.

En el caso de los menores de 30 años, el 52% usó este tipo de armas, y ese porcentaje disminuyó 43% para los mayores de 31 años.  

Otras características 

Crecer bajo un sistema de creencias que afirma la inferioridad y hasta la inutilidad de las mujeres como una verdad absoluta, es una de las características comunes que comparten los hombres maltratadores, según expertos. 

Privatizar a las mujeres (“sos mía y de nadie más”) e infantilizarlas de forma humillante y descalificadora, esperando de ellas obediencia frente a la autoridad que ellos dicen representar, es otra de las similitudes.

Además hay una estructura de personalidad narcisista que, en base al machismo que la fundamenta, eleva la incapacidad de asimilar el rechazo, las críticas y los cuestionamientos de las mujeres.

También son recurrentes las conductas de control y paranoia que se manifiestan, principalmente, en forma de persecución, asedio, interrogatorio, acaparamiento, aislamiento de las víctimas (generalmente por prohibiciones) y celos patológicos.

Las conductas violentas siguiendo una lógica de “castigo” y aleccionamiento (“te dije que te ibas a arrepentir”, “para que aprendás a respetarme”), son actitudes que los hombres femicidas suelen presentar.

Solo el 22% de los menores y el 26% de los hombres mayores de 31 años vivían en zonas rurales al momento de cometer el crimen.

A esto se le agrega un pacto masculino patriarcal que ordena exhibir el dominio de los hombres sobre las mujeres con otros hombres de su entorno, para reafirmar su “estatus y defender su honor”, analizan los entrevistados. 

Johnny Jiménez refiere que la violencia tiene diferentes niveles y va creciendo. Comienza controlando (revisa el teléfono, redes sociales, siempre quiere saber con quién habla) y pueden terminar matando.

Por su parte, el Juez Tercero Especializado en Violencia de Managua, Edén Aguilar, afirma que en su experiencia lo que ha visto es que “todos los hombres son potencialmente femicidas cuando ejercen el dominio y el control sobre las mujeres sin importar de dónde son o a qué estrato social pertenezcan”.

La edad

Lo que revelan las estadísticas es que en los últimos tres años el 56% de los hombres que matan a las mujeres tenía menos de 30 años. 

Ante estos casos de femicidio, el juez Aguilar, explica que “los patrones de comportamiento van cambiando, pero el ímpetu en el concepto recio de violencia que se ejerce sobre las mujeres se da cuando (los hombres) tienen entre 20 y 40 años. Hay una fortaleza, esa juventud se traduce en dominio, control y ejercicio de poder, traducido a la jerarquización de ese poder”.

El judicial sostiene que en base a la teoría de género la masculinidad es cambiante, esto quiere decir que si fue agresivo  cuando era niño o adolescente lo hará cuando es joven, adulto o anciano, pero en forma distinta.

Para Adriana Trillos, las edades de los femicidas sugieren algo que ya se ha venido correlacionando con otras formas de violencia, tales como el abuso sexual y la violación. 

Según la experta, son cada vez más comunes los casos de hombres jóvenes que inician su vida sexual a muy temprana edad, a la vez que eligen parejas sexuales aún más jóvenes que ellos o menores de edad, porque son más fáciles de dominar y violentar. 

“En la concepción machista de la sexualidad, los hombres han aprendido que una vez que desean o acceden sexualmente al cuerpo de una mujer con o sin su consentimiento, automáticamente son dueños de ella”.

Influencia de la crianza

Ser hombre no significa ser violento. Depende de la educación y cómo se construye su masculinidad. “Pero aquí a los niños se les está enseñando a levantar la faldas de las niñas en las escuelas, les dicen que pueden hacer lo que quieran con una mujer, acosan en la calle y gran parte de esto es una repetición de lo que vivieron en sus casas, por eso, es clave cambiar la forma de cómo estamos educando”, sustenta Jiménez.

En efecto, en Nicaragua el 68% de hombres que presenciaron violencia contra su mamá y el 44% de los que no la presenciaron ejercen algún tipo de violencia con sus parejas, de acuerdo con los resultados del estudio del Centro de Análisis Sociocultural (CASC) de la Universidad Centroamericana (UCA), denominado “Masculinidades y violencias”.

El estudio realizado el año pasado también identificó que el 60% de los hombres que fueron víctimas de violencia y el 31% de los que no fueron víctimas reconocen ejercer violencia sobre sus parejas.

Otro de los datos descubiertos es que el 58% de los hombres casados, el 54% de los que están en unión libre y el 41% de los hombres solteros ejercen algún tipo de violencia sobre las mujeres.

La investigación del CASC indica que “los casos de machismo más severo suelen darse donde ha habido menos educación, la creencia religiosa influye también tiene que ver con que sus padres se involucraron poco en la educación y el cuido de los niños o hubo ausencia paternal”.

Trillos asegura que la crianza ejerce una influencia directa en la transmisión y reproducción de las conductas masculinas violentas. Para la experta, esto se refuerza también en la estructura social. 

Y pone como ejemplo: “el manejo mediático de la violencia (la espectacularización de los delitos), un sistema judicial que no prioriza la protección y seguridad de las mujeres, y ciertos sectores religiosos que continúan alentando a las mujeres a callar lo que viven o a obedecer a sus maridos en nombre de la unión familiar”.

Brutalidad

La información disponible sobre los femicidas de los últimos tres años en Nicaragua revela la forma en que asesinaron a las mujeres. Independientemente de la edad, los crímenes se cometieron en mayor medida con armas cortopunzantes, como machetes, cuchillos o picahielos. 

En el caso de los menores de 30 años, el 52% usó este tipo de armas, y ese porcentaje disminuyó 43% para los mayores de 31 años.  

Mientras que las armas de fuego representaron el 26% de las utilizadas por los hombres más jóvenes, una cifra muy similar al 29% de las armas ocupadas por los mayores de 31 años. 

En menor medida, las mujeres fueron estranguladas (7% de los menores de 31% y 10% de los mayores), golpeadas a muerte (9% y 7%, respectivamente), o decapitadas (7%).

Sugieren contrarrestar la violencia desde la infancia

Recomendaciones. En el país es urgente promover formas de crianza igualitarias entre hombres y mujeres. 

A criterio de Adriana Trillos, sicóloga y máster en estudios de género, es un desafío construir modelos de crianza igualitarios en familias donde todavía hay violencia. Sin embargo, da algunas pistas sobre cómo criar en la igualdad, como abandonar la división sexual de los roles en la casa y en la calle.

“Las niñas y los niños necesitan ver que las mujeres nos podemos permitir contradecir a un hombre sin miedo a que este nos agreda o nos termine matando. Pero, sobre todo, que las mujeres tenemos derecho a defendernos de dicha violencia”, sugiere la máster.

El estudio “Masculinidades y violencias” del CASC destaca que para prevenir el ejercicio de estos tipos de prácticas es importante realizar campañas que promuevan la corresponsabilidad de los hombres en las actividades reproductivas, el cuido de los niños, la educación y los quehaceres domésticos.

“El papel que pueden jugar las iglesias podría apostar más a la prevención que a reforzar ciertos patrones. Es un tema que debería discutirse más allá de los planteamientos convencionales, sino más bien desde un punto de vista ligado a la dignidad de las personas”, dijo.

Por su parte, Johnny Jiménez lamenta que en Nicaragua no haya políticas públicas concretas para prevenir la violencia trabajando con los hombres violentos, como sí los hay en otros países de América Latina.

A nivel personal, el experto enumera que hay niveles de cambio que deben emprender los hombres que quieren hacer transformaciones en su comportamiento. 

Uno de ellos es cognitivo y “tiene que ver con cambiar el concepto de que la mujer es mi propiedad y puedo hacer con ella lo que quiero”. 

El otro es a nivel afectivo por medio de expresar sentimientos sin miedo, a llorar, destacar las cosas buenas que hace la mujer y compartir las tareas con ella, pero, sobre todo, dejar de justificar la violencia que se ejerce.