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Bajar las ballestas de una camioneta fue la primera prueba práctica que Ashley Calero tuvo que completar en sus clases de Mecánica Automotriz. “Mis compañeros se sorprendieron, porque no esperaban que me metiera debajo de la camioneta o que me ensuciara toda de grasa”, cuenta la joven de 19 años, la única en un grupo de 15 hombres. 

“Les demostré que podía”, dice Ashley, del municipio de El Rama, Región Autónoma de la Costa Caribe Sur (RACCS), puesto que en el Caribe, y aún en gran parte del país, es inusual que una mujer estudie ese tipo de oficio.

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“Muchos creen que la mujer no puede andar sucia, que somos delicadas, desde pequeñas nos inculcan que solo los niños juegan con carritos, pero estamos demostrando que hombres y mujeres tenemos las mismas capacidades”, explica la joven que a finales de este año se graduará como Técnica en Mecánica Automotriz, gracias a una beca que recibió del proyecto Aprendo y Emprendo, que implementa un programa de becas para mil jóvenes de la Costa Caribe.

Juana Carolina González, de 24 años, estudia para ser Técnica Superior Agropecuaria.

Un análisis de género realizado en centros técnicos socios del proyecto Aprendo y Emprendo de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (Usaid), encontró que las mujeres están subrepresentadas en más del 50% de las carreras técnicas. 

Las mujeres representan el 10% del universo de estudiantes en educación técnica para sectores de la industria y la construcción, y 25% para la agricultura y la silvicultura. En cambio, el 70% de estudiantes corresponde a mujeres en carreras técnicas relacionadas con negocios y servicios. 

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Mujeres técnicas agropecuarias

En Muelle de los Bueyes, municipio de la RACCS, las principales actividades económicas son la agricultura y la ganadería. Pero en esta ciudad son, en su mayoría, los hombres quienes se tecnifican en el campo. Por eso, cuando Juana Carolina González, de 24 años, fue a una de las plantaciones de la zona a dar recomendaciones técnicas de cuido del cultivo o el ganado, encontró cierta resistencia de los campesinos. 

En carreras industriales y de construcción las jóvenes tienen que vencer prejuicios.

“Muchachas, eso no es para ustedes, eso es para hombres’’, cuenta Juana que le dijeron en algunas fincas mientras cumplía con sus clases prácticas. 

La joven estudia el Técnico Superior Agropecuario en el campus de  Bluefields Indian & Caribbean University (BICU) en El Rama, junto a otras seis mujeres, de un total de 17 becarios del proyecto Aprendo y Emprendo. 

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La familia de Juana vive de la tierra, cultiva maíz, frijoles y yuca, principalmente para consumo familiar. Ella pretende convertirse en el relevo generacional dedicado a la agricultura y la ganadería en el campo. “Mi carrera es la más importante; sin nosotros nadie siembra”, explica Juana, quien no ve en su género un obstáculo para ejercer su profesión de la mejor manera. 

De hecho, las mujeres rurales constituyen más de una cuarta parte de la población mundial y el 43% de la fuerza laboral agrícola mundial, según ONU Mujeres.

Sin embargo, por vivir en la Costa Caribe, jóvenes como Juana generalmente tienen mayores niveles de riesgo, por tener esta región mayores índices de pobreza, menos oportunidades de empleo y educativas, y niveles más altos de crimen y violencia. 

El embarazo adolescente es otra de las problemáticas a la que se enfrentan en esta comunidad. En su caso, Juana se convirtió en madre a los 19 años, es madre soltera y para continuar sus estudios ha sido determinante el apoyo de su familia. 

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Juana explica que en Muelle de los Bueyes “a los 13 años, las niñas ya andan embarazadas y salen de sexto grado y no regresan a estudiar”. Esta realidad es muy similar a la del país. Un reciente informe mundial del Fondo de las Naciones Unidas para la infancia (Unicef), la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), ubica a Nicaragua como el segundo país de América Latina con la tasa más elevada de embarazos en adolescentes.

Romper estereotipos

Para la docente universitaria Olga Marina Chow Casis, profesora en la Universidad de las Regiones Autónomas de la Costa Caribe Nicaragüense (Uraccan), los estereotipos de género que clasifican oficios para mujeres y para hombres están arraigados en la cultura. Según ella, deben superarse la idea de que “la mujer está hecha para el hogar, para el cuido de los hijos y el marido, y que no tienen la necesidad de estudiar una carrera”. 

Chow, quien es también máster en Dirección Estratégica en Ingeniería de Software, opina que es necesario “demostrar que (las mujeres) somos capaces de hacer bien las cosas, lo que nos llevará a ser competitivas en el futuro”.

“Considero que los mismos estereotipos de género hacen que ellas se sientan menos competitivas y en ello contribuyen en muchas ocasiones sus compañeros. Es ahí donde el docente debe jugar un papel importante y trabajar mucho con ellos”, explica Chow.

También afirma que la situación económica ha sido un desafío para las jóvenes que se quieren dedicar a carreras tradicionalmente dominadas por hombres, como tecnología, informática, mecánica o agricultura. 

A veces las mujeres “no tienen ningún apoyo económico, me he encontrado situaciones en donde los padres les exigen que trabajen y dejen de estudiar, no ven la educación de sus hijas como una prioridad”, comenta la docente.

Ashley Calero, la estudiante de Mecánica Automotriz, coincide con Chow en lo anterior: “ser capaz de estudiar viene de la familia, porque si los jefes de casa dicen que no, no hay apoyo económico ni sicológico”, explica. 

A Ashley su familia la apoya económicamente y le da apoyo moral. “Siempre están allí diciéndome que puedo, que no me rinda”, cuenta la joven, quien también cursa la carrera de Derecho en la BICU. 

Del mismo modo, Juana González logró contar con el respaldo de su familia. “Mis padres me han apoyado a mí y a mi niño, por eso he podido seguir estudiando”, destaca. 

La docente de Uraccan cursa el diplomado Vocación y Técnica con beca de Usaid, un programa de fortalecimiento de capacidades a centros técnicos y universidades de la Costa Caribe, que imparte la Universidad Americana (UAM). 

Chow considera que los estereotipos de género han sido una brecha para muchas de sus alumnas, pero señala que “como docente, les comparto mi experiencia, porque también no ha sido fácil para muchas mujeres que ejercemos una profesión”. 

Futuro

Cuando termine sus estudios técnicos, en noviembre de este año, Ashley Calero piensa montar un taller mecánico. “Aquí en El Rama no existe todavía un taller que te garantice los trabajos que se realizan”, explica la joven, cuyo proyecto es brindar garantías y facturas a sus futuros clientes. “Quiero montar un taller formal y ético, sobre todo”, argumenta. 

Hasta el momento, el proyecto Aprendo y Emprendo ha brindado 400 becas a jóvenes en riesgo y, según sus directivos, el 35% de los jóvenes ya tiene nuevos empleos o ha mejorado sus condiciones laborales. Precisamente ese es el objetivo del proyecto, lograr que los jóvenes en riesgo ingresen al mercado laboral mediante el acceso a oportunidades de educación técnica. 

Con su ejemplo, Juana González, Ashley Calero, Olga Chow y Kathia Rostrán, rompen barreras y van construyendo el camino hacia la equidad, superando obstáculos en base a su determinación, esfuerzo y acceso a oportunidades.