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La discriminación que sufren los migrantes latinoamericanos que residen en Estados Unidos tiene un impacto en su salud mental, con manifestaciones como la dificultad para dormir, las pesadillas, los sentimientos de desesperanza, soledad y tristeza, e incluso dolores físicos, revela el estudio “Diagnóstico Salud Mental. Migrantes Radicados en New York”, presentado recientemente en la Universidad Centroamericana (UCA). 

En promedio, tres de cada diez migrantes han sufrido discriminación, conocen a algún familiar que la haya experimentado o tienen un familiar en casa que sufre de un problema emocional, indica el estudio, que fue realizado el año pasado por la organización Coalición Mexicana, que trabaja con este sector poblacional. 

“El mayor descubrimiento es que se ve muy claro que más personas están experimentando discriminación, conocen a otras personas que la han experimentado y tienen el temor de decir ‘conozco a alguien que está con un estatus migratorio precario’”, afirmó Jairo Guzmán, presidente de Coalición Mexicana, durante el II congreso de Salud Mental y Migración, celebrado esta semana en la UCA.

Además de atención a la salud mental, los migrantes precisan de consejería nutricional para la prevención de la obesidad y las enfermedades crónicas, según expertos.  Archivo/END

El estudio indica que esto a su vez les provoca estrés y ansiedad. La población consultada reside en Nueva York, Connecticut y Nueva Jersey, y en su mayoría tiene más de 16 años de estar asentados en ese país.  

“Hemos visto que la discriminación y el sentido de ser discriminado ha aumentado constantemente desde enero de 2017, cada vez las personas sienten que son menos recibidas, que hay más personas en contra de ellos, y que es una cosa que el gobierno federal ha promovido”, agregó Guzmán. ​

El rol de las iglesias

Otro de los resultados que arrojaron las encuestas, aplicadas a un total de 303 latinoamericanos residentes en Estados Unidos, es que hay cada vez menos practicantes de 16 diferentes religiones, pero que los asistentes, cuya cifra sí se incrementó el año pasado, buscan en las iglesias apoyo emocional ante el estrés y la ansiedad generados por la discriminación. 

“Hace pensar que la persona tiene miedo de ir a misa por todo el clima que se está experimentando, y segundo si va a la iglesia va a buscar apoyo emocional, no solamente está yendo a misa, va a buscar de qué manera la iglesia le puede ayudar”, precisó el presidente de Coalición Mexicana. 

Las encuestas fueron aplicadas en tres ocasiones distintas, en enero, julio y diciembre, y participaron migrantes originarios de Centroamérica y el Caribe, Suramérica y México. 

La investigación también plantea que los migrantes se encuentran en un contexto actual marcado por aspectos como la discriminación laboral, la violencia social por el Gobierno y los índices de deportación, además de otras problemáticas como el acceso a servicios de salud, académicos y sociales.

“Cuando se habla de un ataque o de un clima antimigrante se habla de un clima antimexicano, y esto es porque el Gobierno continúa diciendo: ‘el mexicano es un problema, el mexicano es criminal, que está causando todo lo malo del país’”, añadió Guzmán. 

En promedio, tres de cada diez migrantes han sufrido discriminación. Archivo/END

Jóvenes en riesgo 

Los jóvenes que han migrado hacia Estados Unidos están también vulnerables ante algunas conductas de riesgo presentes en la sociedad, tales como el abuso de sustancias y el suicidio. La última es una de las diez principales causas de muerte en jóvenes de este país, aseguró la investigadora colombiana Carolina Vélez-Grau, de la Universidad de Columbia, de Nueva York, durante el congreso de Salud Mental y Migración.

“Tenemos una vulnerabilidad sicosocial, la familia es uno de los factores más importantes para los migrantes”, precisó Vélez-Grau. 

Además, agregó que “Cuando los adolescentes están aculturados en una sociedad americanizada donde hay mucha más autonomía, más expresión sexual, expresión creativa, y que no hay tanta referencia y conexión con los padres, pone en conflicto los valores de esos padres que están menos aculturados y que traen más los valores de las culturas de los países de donde vienen”.

Esos conflictos crean un “choque” entre las relaciones interpersonales de hijos y padres, “la idea de suicidio se dispara” entre los jóvenes, planteó la investigadora, por lo que aseguró que este sector de la población migrante necesita programas sobre salud mental y prevención de riesgos. 

Nutrición y salud de migrantes

Además de atención a la salud mental, los migrantes precisan de consejería nutricional para la prevención de la obesidad y las enfermedades crónicas, especialmente las mujeres mayores, indicó Vera Amanda Solís, directora de la secretaría de Campus Saludable de la UCA. 

Dicha universidad implementará dos proyectos pilotos dirigidos a ambos campos, con consultas de profesionales sobre salud mental y nutrición transmitidas vía Skype a latinoamericanos que viven en los estados donde la Coalición Mexicana tiene presencia. 

“La primera de ellas trata sobre algo que hemos llamado ‘Amigo confidente’, se trata de la situación de salud mental que pasan los migrantes estando fuera, temas de depresión, de desesperanza, procesos emocionales que desarrollan las personas y no tienen a quien acudir”, explicó Solís. 

Este proyecto contará con 11 sicólogos de la UCA que han sido certificados para dar acompañamiento y consejería a los migrantes, unos 50 de todas las edades, como parte de una respuesta institucional ante esta problemática. ​

“Es un sicólogo profesional que va a conversar con la población migrante en Nueva York, una persona que habla su idioma y que comprende los procesos que está viviendo. Es un acompañamiento emocional para poder sobrellevar esas emociones, que están solos, las amenazas de deportación, etcétera”, añadió Solís. 

Cada uno de los participantes tendrá acceso a la atención sicológica y nutricional con una sesión de dos o tres horas semanales, en un período de dos meses y medio, en el que se dará seguimiento a cada caso específico. 

“El de nutrición va dirigido a las mujeres mayores de 50 años, que no han aprendido el idioma y tienen menores posibilidades de tener acceso a que se cuiden”, precisó Solís.