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Enrique José Mora Picado, conocido popularmente como “Pulum”, tiene 41 años de dedicarse a la pesca artesanal en el municipio de Mateare y preside la Asociación de Remos de ese municipio. Cuenta que desde 2000 esta actividad ha decrecido, ya que en 1980 existían 460 propietarios de lanchas y ahora hay cien.  

“A los 12 años empecé a pescar con mi papá, éramos ocho hermanos y todos nos dedicábamos a la pesca, estoy hablando que para los años 70, 80 y 90 todos los mateareños de esto vivíamos. Los hombres pescábamos y las mujeres los vendían”, recordó Mora.​

De los cien propietarios de lanchas solo sesenta les dan uso. Los pescadores aseguran que el descenso de esta actividad comercial se debe a la contaminación del lago Xolotlán. 

“Hay muchos factores, uno es que los pescadores viejos de nuestra generación han fallecido, los jóvenes de hoy en día ven que este trabajo no es rentable y prefieren irse a trabajar a las zonas francas”, señaló el presidente de la Asociación de Remos. 

Agrega que este “es un trabajo muy peligroso, hay poca producción y se invierte mucho dinero que al final no se recupera, sin contar con las personas que se han tomado la tarea de asegurar que los peces del lago están contaminados porque las letrinas del pueblo están llenas y todo va al lago, o que los peces tienen yodo, sin antes haber hecho un estudio”. 

Juan Carlos Lacayo tiene 30 años de dedicarse a la pesca artesanal y coincide en que a pesar de que va a la profundidad del lago en su lancha de motor, en busca dae mayor producción de peces, no encuentra la misma cantidad que hace unos 20 años. 

“Antes yo me iba cinco días al Momotombo, que queda a 16 millas de la orilla del lago y me traía de 100 a 200 docenas de guapote, tilapia o mojarra, ahora me voy tres días, tiro el trasmallo, lo pruebo a las 24 horas y solo he capturado una docena. Decir que traigo tres docenas es un milagro”, relató Lacayo.

La pesca se debilitó después del paso del huracán Mitch, en octubre de 1998. 

¿Por qué ha disminuido?

Las autoridades del municipio desconocen si la pesca artesanal ha disminuido, pues todavía se aprecia a las vendedoras de pescado abordando las unidades de transporte público para comercializarlos en los mercados capitalinos. 

“Para saber a ciencia cierta si la actividad de pesca ha bajado en el municipio tendríamos que hacer un estudio CAP (Conocimiento, Aptitudes y Prácticas) en la población y en base a eso poder sacar conclusiones”, añade por su parte Daniel Torres Mejía, responsable del área de Urbanismo y Catastro de la Alcaldía de Mateare.

Torres Mejía considera importante tomar en cuenta el crecimiento poblacional que ha tenido el municipio en los últimos años, el desarrollo económico y académico que puede estar incidiendo en la disminución de la pesca. 

A criterio de Carlos Acuña, coordinador ambiental del municipio, la pesca se debilitó después del paso del huracán Mitch, en octubre de 1998. 

“A raíz del huracán Mitch cayó una cantidad de agua exagerada y eso rebalsó ríos, lagos y mares, aparte de la sedimentación que arrastró hacia los cuerpos de agua, ya que Mateare tiene áreas aluviales que bajan de las lomas, eso quiere decir que los aluviones penetraron hasta 20 metros en el lago, acarreando sedimentación y donde hay agua sucia el pez no vive”, explicó Acuña. 

 “Para el año 2000 las aguas se fueron descantando y aclarando, volvió el pescado: la tilapia, guapote, mojarra, guabina y aparecieron nuevas especies como el gaspar y lagunero. Algunos pescadores mejoraron el sistema de pesca, compraron motores y aumentaron los trasmallos, pero la pesca se dio en menor medida, solo para la subsistencia”, apuntó Acuña.

Sin embargo, luego se empezó a dar una pesca indiscriminada, ya que no había instituciones que regularan el tipo de especies que estaban sacando del lago. En el 2005, las autoridades municipales recibieron un sinnúmero de quejas porque había muchos zopilotes a la orilla de la costa. 

Malas prácticas

Los ambientalistas realizaron una intervención en el lugar y se dieron cuenta que los pescadores estaban capturando especies muy pequeñas y las tiraban a la orilla de la costa porque no les servían para comercializarlas, provocando escasez de especies.

Todas las especies del lago Xolotlán alojan en su aleta dorsal más del porcentaje permisible de mercurio

“Los pescadores para capturar deben usar una malla no menos de los cuatro dedos de ancho en el trasmallo, sin embargo usaban y me atrevo a decir que usan hasta una malla más pequeña, entonces ahí se pega la especie más chiquita que no tiene ni cinco pulgadas, la capturan y no tienen conciencia que están acabando con su misma subsistencia, salen a la costa y en vez de devolver la especie viva, la tiran y es comida por los zopilotes, después son los lamentos: que no hay producción, ¡pero si ellos mismos no la dejan reproducirse!”, manifestó el coordinador ambiental Carlos Acuña.

Acuña sostiene que a raíz de la depredación provocada por los mismos pescadores han planificado con el Instituto de Nicaragüense de Pesca y Acuacultura (Inpesca), crear una cooperativa que regule esta actividad comercial para promover la conservación de las especies. Asimismo piensan ejecutar un proyecto que reproduzca el pescado en cautiverio.

¿Se pueden consumir? 

A la vez el coordinador ambientalista aclaró que no existe ningún estudio que afirme que los peces del lago en el sector de Mateare no se pueden consumir.

“El único estudio que se ha realizado fue en el 2014 por el Centro para Investigación de Recursos Acuático (CIRA) en donde indicaron de manera general que todas las especies del lago Xolotlán alojan en su aleta dorsal más del porcentaje permisible de mercurio, este es un contaminante provocado por industrias que depositaron desperdicios en el lago hace muchos años y que se han venido consumiendo desde entonces sin causar daño alguno”, refirió.