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El abuso sexual en niños tiene un impacto en las áreas cerebrales y químicas debido a que el trauma provoca que las sustancias que producen felicidad se fuguen, dejándole secuelas que persisten hasta su adultez, reveló Sonia Recinos del Cid, sicóloga clínica guatemalteca, especializada en el abordaje de este tema.

Los niños que viven situaciones de abuso pueden manifestar síntomas como retroceso en la escuela o agresividad y en adolescentes se puede expresar por medio del abuso de sustancias o los intentos suicidas. 

En los adultos que sufrieron abuso durante su niñez o adolescencia las secuelas aparecen con el estrés postraumático, que ocurre cuando el abuso cesó pero la víctima aún lo percibe como algo reciente o tiene recuerdos repentinos, lo que a su vez hace sentir a la persona “como si estuviera loca”, indicó la sicóloga. 

Sonia Recinos del Cid, sicóloga clínica, durante su ponencia en la UCA.  Cortesía/END

 “No solamente es ‘me siento triste’ o ‘cuando la persona me abusó perdí la fe’. Tú revisas lo que sucede a nivel químico y sustancias que deberían estar en tu cerebro para ser feliz se están fugando, se están yendo”, explicó Recinos durante una conferencia realizada este viernes en la Universidad Centroamericana (UCA).

La experta agregó que durante la adultez el trauma puede ser manifestado con síntomas, como sentirse asustado o con miedo y sufrir pesadillas constantes. 

 “Que si a alguien, por ejemplo, le tocan por equivocación en un bus, inmediatamente reacciona porque todo eso (el contacto) le hace sentir inseguro”, agregó. 

El origen

Durante la ponencia “Psicobiología del trauma y secuelas en sobrevivientes de abuso sexual”, dirigida a especialistas y estudiantes de Sicología, Recinos explicó que cuando un niño es abusado repetidamente por un familiar o amigo cercano, como ocurre en la mayoría de los casos, se altera su capacidad para reaccionar ante el peligro.  

“Con el sistema de protección normal, el cuerpo se encarga de ponerlo a salvo, pero en el momento el trauma te coloca en una situación en donde más allá de los recursos pueden tolerar y absorber. Los sistemas de protección le dicen “corré”, pero no podés”, describió la sicóloga. ​

El cerebro produce adrenalina y noradrenalina, hormonas que le dan energía al cuerpo, pero cuando la persona omite estas descargas de sustancias, son sustituidas con sustancias hipnóticas, es decir, que la víctima realmente se paraliza ante el abuso como un mecanismo que la separa del evento, añadió la experta.  

Los síntomas continúan apareciendo en el futuro porque a diferencia del estrés postraumático por otras causas, como desastres naturales, el abuso sexual se calla por muchos años. “Además del silencio, es el estigma porque el niño crece creyendo que solo a él le pasa eso”, subrayó Recinos.  

En los primeros seis meses del año pasado, el Instituto de Medicina Legal (IML) realizó peritajes por agresiones sexuales a 2,621 personas. El 82% de este total de exámenes fueron realizados a niños, niñas y adolescentes, reflejan las estadísticas de la institución. 

En los primeros seis meses del año pasado, el Instituto de Medicina Legal (IML) realizó peritajes por agresiones sexuales a 2,621 personas. Cortesía/END

La problemática en el país

Las violaciones son consideradas como uno de los tres delitos graves que afectan a las mujeres, además del femicidio y las lesiones graves, según datos de la Policía Nacional. 

En 2017, 1,080 mujeres fueron víctimas de violación en el país, refleja el Mapa de Violencia hacia las Mujeres de Nicaragua. Esto significa que diariamente tres mujeres fueron violadas en el país. 

Mientras que en 2016, la Policía Nacional informó que ocurrieron 1,207 violaciones a mujeres en todos los municipios del país. Siete de cada diez víctimas de violación en ese período eran niñas y adolescentes.  

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El Artículo 195 del Código Penal de Nicaragua establece el delito de violación cuando ocurre penetración con cualquier órgano, instrumento u objeto y la pena oscila entre 15 y 20 años de cárcel.

Mientras que determina como abuso deshonesto, que también se considera una agresión sexual, los actos lascivos o lúbricos tocamientos sin consentimiento. En estos casos, la pena es de tres a seis años de prisión. 

Sin embargo, Recinos explicó que las consecuencias del trauma no están condicionadas por la forma en la que se perpetró el abuso, sino que esto es percibido de manera diferente en todas las personas, y que debe de ser abordado oportunamente por especialistas en salud mental. 

Abordaje de los casos

Sonia Recinos del Cid, sicóloga clínica especializada en abordaje de abuso sexual, recomendó que es importante que en la sociedad nicaragüense y también a nivel regional, se continúe fomentando la prevención y que se pueda acompañar a las víctimas con atención profesional adecuada. 

No obstante, la experta destacó: “Lo primero que podemos y debemos hacer es creerles. Porque ellos vienen de un sistema de silencio donde el abusador les obligó de muchas maneras a que no lo contaran o que si lo contaban nadie les iba a creer. Desde que le creas ya estás haciendo un gran cambio”.