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La guerra en Siria, cuyo último episodio lo protagonizaron Estados Unidos, Francia e Inglaterra al disparar más de cien misiles sobre la ciudad de Duma el sábado pasado, es para el investigador alemán Hartmut Quehl un conflicto basado en las zonas de influencia de dos potencias mundiales: Estados Unidos y Rusia. Este conflicto “no tiene nada que ver con Siria misma”, señala Quehl, también doctor en Historia, Ciencias Políticas y Estudios del Islam.

En el plano global, afirma que desde su experiencia en investigaciones de paz y conflictos en países del Medio Oriente y América Latina, no ha habido avances en la resolución de conflictos de forma pacífica. “La ocurrencia de actos violentos no se ha limitado, al contrario, ahora existen más formas de violencia”, asegura el también presidente del Consorcio Internacional de Investigaciones sobre la Violencia (ICRoV).

Quehl brindará hoy una conferencia magistral en la Universidad Politécnica (Upoli), en Managua, titulada “Coyuntura mundial, relaciones de poder y conflictos regionales”, y se enfocará en los conflictos en Europa, Medio Oriente y África Occidental.

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En esta entrevista analiza el problema en Siria y comenta los casos de Palestina e Israel, Corea del Norte y Estados Unidos, y el proceso de pacificación en Colombia.

El sábado pasado, Estados Unidos, Francia e Inglaterra bombardearon la ciudad siria de Duma en respuesta a un supuesto ataque químico del gobierno de Bashar Al Asad en esa ciudad. ¿Qué mensaje están enviando estos países a la comunidad internacional con el bombardeo?

El de Siria es un conflicto muy especial, porque ha cambiado varias veces desde su principio en 2011. Inició como un conflicto interno, una especie de guerra civil. Se desarrolló después como un conflicto global. La fase a la que hemos entrado ahora con el bombardeo de los aliados a Siria no tiene nada que ver con Siria misma; el conflicto está basado en las zonas de influencia, nada más, es algo desde un punto de vista estratégico. En primer lugar, la razón del ataque es que el Ejército sirio ha usado armas químicas contra la oposición, pero desde mi punto de vista no hay pruebas. Si fueran armas químicas las que usaron, nadie sabe quién las usó, de qué parte vino. Este discurso de Estados Unidos tiene mucho en común con el discurso de la invasión a Irak, en el tiempo de Sadam Husein no tenían pruebas efectivas sobre la existencia de armas biológicas y químicas. Este es un enfrentamiento entre varios actores globales: los Estados Unidos y Rusia, y tres actores regionales: Arabia Saudita, Turquía e Irán. Las actividades de los rusos en Siria deben ser entendidas como parte de su estrategia de proteger su zona de influencia. Pasó con Ucrania y ahora con Siria. Estas son las señales que Rusia utiliza para decir que hay un límite de acciones aceptadas para los actores regionales.

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Mencionó que no hubo pruebas suficientes para justificar el ataque. ¿Entonces no cree que el uso de la violencia fue legítimo?

No, el uso de la violencia no es legítimo nunca. El conflicto en Siria empezó como una respuesta del Gobierno a las manifestaciones de la oposición, con unos diez o quince muertos al principio. En una época de cinco o seis meses se intensificó y se fundaron varios grupos armados que luchaban contra el Gobierno, a veces con la oposición civil y a veces en contra. En 2012 se posicionaron las diferentes fuerzas internas y al mismo tiempo se han vinculado con fuerzas externas: los kurdos con otros kurdos, el Ejército Árabe Sirio con los Estados Unidos, otros grupos islámicos con Turquía, Arabia Saudita o Catar. Entonces, en esta situación, cuando el conflicto se regionalizaba y después se internacionalizaba, las oportunidades de limitar el carácter violento del conflicto desaparecieron. Pero en la situación actual cada uso de violencia es negativo, porque no tiene ningún beneficio para el pueblo o la población civil.

Tampoco la Unión Europea mostró un respaldo pleno a la decisión de bombardear Duma…

Para la Unión Europea, Siria tiene dos funciones importantes: primero, la frontera de Turquía y Siria es una especie de frontera entre la Unión Europea y el conflicto. Segundo, la región produce un flujo migratorio de refugiados y, desde el año pasado, la Unión Europea cerró sus fronteras totalmente. Cuando hablamos de la Unión Europea, hay muchos aspectos en juego. Por ejemplo, hay una paradoja que se ve detrás de los bombardeos: Un país miembro participó en ellos (Francia), pero la Unión Europa se ha mostrado reacia, y esa es parte de su estrategia militar, dominada por la política de defensa de Alemania, un país que siempre se ha definido como un mediador de conflictos. Ellos no se metieron en la guerra de Irak, en la guerra de Palestina siempre han tratado de mediar. Hasta donde entiendo, esta reticencia corresponde perfectamente con su estrategia común de defensa que se ha visto en los últimos años, la cual comenzó con la Agencia Europea de Control de Fronteras, conocida como Frontex.

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¿Qué consecuencias podrían tener los bombardeos del sábado?

Hay que esperar el desarrollo de esto en las semanas que vienen. Puede ser una acción única, o puede ser parte de una respuesta continua. En este punto no sabemos. No creo que podamos predecir el futuro del confrontamiento.

¿Cree que podría haber una solución a corto o mediano plazo para el conflicto en Siria?

No. Por una causa muy sencilla: la destrucción es total. Y la destrucción ambiental es súper total. No se puede vivir allí: no hay agua, no hay árboles, no hay nada. Hay zonas totalmente destrozadas. La reconstrucción en una época de paz necesita entre 5 y 50 años.

También en Medio Oriente hay un conflicto importante: el de Israel y Palestina. ¿Se podría lograr un entendimiento entre estas dos naciones?

Con los gobiernos no, con el pueblo sí. Hay un movimiento de paz en Israel y también entre los árabes. Pero con la construcción política no, ni en el Gobierno de Israel ni con el de Palestina. Nunca. No veo la paz. Este conflicto también es parte de otros en el Medio Oriente, vemos a Irán que tiene ya 28 años de conflicto, ahora en Siria son 7 años, Irak 50 años o más, Palestina 70 años, Libia tiene 6 años. Yo no veo una solución a estos conflictos en una época cercana. A largo plazo, solamente con cambios fundamentales en las relaciones económicas, con la ausencia del libre comercio, con cambios de gobiernos en toda la región, con un cambio de la Unión Europea, pero eso es una utopía.

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Otro conflicto latente en el último año es el de Estados Unidos y Corea del Norte. Se habla de que habrá un encuentro en mayo entre Donald Trump y Kim Jong-un. ¿Considera usted que este encuentro podría ser la solución ante la escala de tensión que ha habido entre ambos países?

Creo que hay que analizar este conflicto desde un punto de vista diferente. Cuando hablamos de Trump, hablamos de la política de los Estados Unidos y, cuando hablamos de los Estados Unidos, hay que hablar de los otros dos grandes bloques del capitalismo moderno: China y Rusia. Hay que entender que la confrontación ideológica no existe más. Tampoco existe una confrontación ideológica entre Corea del Norte y los Estados Unidos. Hablamos de otra cosa: en qué dirección se va a desarrollar la política de los Estados Unidos con el presidente Donald Trump. ¿Necesita Trump a Corea del Norte o no la necesita? ¿Quiere incorporarla en una constelación nueva de sus intereses económicos o estratégicos? No lo sabemos. Esta es una fase de orientación para una reconfiguración de las relaciones bilaterales.

¿Qué importancia tiene esa reconfiguración para ambos países?

Para Corea del Norte, no tanta. Pero estoy hablando de las reconfiguraciones internacionales. Porque Corea del Norte está de una u otra manera asociada con China, y está en una zona muy sensible en el lejano Oriente, con China como un actor regional y mundial que tiene aspiraciones en el área. Entonces, no puedo contestar sobre la importancia que tiene para Estados Unidos, pero quiero decir que el contacto entre Estados Unidos y Corea del Norte no debe ser analizado desde un punto de vista ideológico.

Trasladémonos a América Latina. En el caso de Colombia, ¿qué significa para el continente el proceso de pacificación?

Colombia es un caso muy especial, porque es un conflicto de larga duración y con autodinámicas independientes dentro del conflicto. Por ejemplo, el narcotráfico y la corrupción del Estado son componentes muy especiales. Algunos de estos componentes pueden ser importantes para otras regiones de las Américas también. Lo que pasa en Colombia es que esta composición de conflictos no ha acabado totalmente. El conflicto con las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) ha acabado, pero otros conflictos continúan. Y el hecho de que la desmovilización y la reconfiguración de la sociedad sean procesos que se realizan dentro de una arena de conflictos continuados, es algo muy especial que no habíamos visto de esta forma en la historia del continente. Estoy muy curioso de ver cómo se va a desarrollar en los años siguientes. Creo que Colombia es un caso muy interesante en términos de desarrollo futuro. Para toda Latinoamérica hay algo en común con Colombia: hay una despolitización de largas partes de la sociedad.

Al mismo tiempo, la gente se siente incómoda. La gente, especialmente los más jóvenes, tienden a no aceptar la destrucción del medio ambiente. Esta es una declaración política, a pesar de que no están políticamente organizados. He visto manifestaciones y eventos en Colombia que están a un nivel local y no tienen efecto porque a los políticos no les interesa. Pero están incrementando la conciencia sobre problemas ambientales y la destrucción de los recursos naturales, de los bosques. No quiero decir que pienso que habrá una revolución ecológica, pero creo que hay tres factores: despolitización, conciencia de problemas ambientales y un malestar interno de la gente, especialmente las generaciones más jóvenes. 

Desde una perspectiva global, ¿hemos avanzado hacia la resolución de conflictos internacionales de forma pacífica?

Mi interpretación, muy personal, es que no hay avances. Es muy difícil porque no puedo probarlo, aunque esto lo he visto desde mi experiencia en donde he trabajado, es un sentimiento muy personal. El problema es que tenemos otras formas de violencia. Las confrontaciones armadas han cambiado durante los últimos veinticinco años, no tenemos conflictos ni guerras fijas limitadas por un espacio o un tiempo. Tenemos fases de guerra que cambian permanentemente, tenemos intensidades de violencia que cambian en el espacio y en el tiempo, entonces es muy difícil identificar un conflicto como guerra o no, el conflicto como acabado o continuado.

¿Por ejemplo?

La situación en Eritrea, ¿qué es? ¿Es un conflicto acabado o continuado, con una violencia estructural o directa? No sé. Lo único que sabemos es que la gente se va porque tiene amenazas permanentes de violencia directa e indirecta. Desde el punto de vista tradicional, no hay conflicto, se acabó con el cese del fuego en el año 2000, pero tienen 17 años de tensión, de amenaza permanente al pueblo y a los Estados de la región. Entonces, si es un conflicto o no depende de la interpretación. En Centroamérica, hay una gran experiencia con el término conflicto y con las nuevas formas de violencia: el narcotráfico, las maras, la delincuencia, la corrupción, las redes ilícitas, las estructuras mafiosas. Lo que podemos identificar es que la ocurrencia de actos violentos no se ha limitado, al contrario, ahora existen más formas de violencia. Hay nuevas formas de resolver disputas de una manera violenta que me hacen creer que la situación ha empeorado.