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En estos días, entrar a la Universidad Politécnica de Nicaragua (Upoli) es más difícil que ingresar a la embajada de una potencia extranjera en Managua. Alrededor del recinto hay tres anillos de seguridad con jóvenes encapuchados que han levantado barricadas y están armados de morteros artesanales, piedras, garrotes y bombas molotov. Aquí opera el bastión de la resistencia estudiantil nicaragüense.

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En el portón principal, seis estudiantes piden la identificación a quien pretenda ingresar, los aparatos electrónicos son revisados, el tiempo para permanecer adentro es controlado y están prohibidas las fotografías y videos.

Son medidas de seguridad que han tomado para evitar ser reconocidos, por temor a represalias del Gobierno contras ellos y sus familias, según explican.
“Aquí no hay nombres y no queremos que en los medios se digan mentiras de nosotros, como lo ha estado haciendo la propaganda oficial; por eso te dejamos entrar”, me dice “Águila”, el joven que nos recibe.

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Antes de entrar, nos marcan el brazo derecho y nos dibujan el símbolo XO en color negro. Es el emblema de medios de comunicación. Ingresé a las 10:20 a.m. acompañado por tres jóvenes flacos, de baja estatura, con la cara cubierta y vestidos con jeans, camisetas flojas y zapatos deportivos.

La reconocida periodista, ahora de Univisión, Patricia Janiot, entrevista a los jóvenes de la Upoli. Foto: Óscar Sánchez/END

Estoy con un grupo de periodistas nacionales y extranjeros, entre ellos la reconocida Patricia Janiot, de Univisión, que somos llevados a un aula ubicada en el tercer piso para esperar a las personas que hablarán con nosotros.

La Upoli se ha convertido en una especie de ciudadela, pero con códigos de seguridad bien establecidos. En la cancha de la universidad son recibidos los víveres que llevan decenas de personas a los estudiantes que permanecen en la protesta.

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Las camionetas que ingresan con alimentos son revisadas, deben entrar con los vidrios abajo y cada bolsa, maleta y mochila es registrada.

Las comidas y bebidas recibidas deben ser enlatadas y son revisadas por un especialista para descartar que contengan tóxicos. “Nos han intentado envenenar, nos han llevado aguas con gas y comida vencida”, asegura “Águila”.

En el primer piso del edificio, junto a la cancha, funciona un hospital improvisado que abarca cuatro aulas. En las dos primeras funciona el área de heridos, en otra están las medicinas y en otra el área de curación.

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Muertos y heridos

Hasta aquí han llegado médicos, especialistas y estudiantes de Medicina de distintas universidades, para apoyar. Nadie tiene armas de fuego y cada quien se concentra en hacer su trabajo. Unos se encargan de limpiar, otros recogen la basura y otros atienden a los heridos que resultan de los enfrentamientos con la Policía y grupos pro-Gobierno.

A las 10:40 a.m. 25 minutos después de nuestro ingreso, llegan dos hombres más, que junto a “Águila” aceptan hablar con nosotros y piden no ser identificados.

“A eso de las 9:30 p.m. fuimos atacados vilmente por la Policía, teniendo que recibir aquí a 13 heridos, de los cuales hay dos fallecidos… La Policía previamente se había retirado, para después atacarnos”, dice un hombre con el rostro cubierto por un casco, un pañuelo envuelto en su cuello y vistiendo una gabacha de médico.

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Según ellos, la noche del domingo hubo cuatro muertos: dos que fallecieron dentro del recinto y otros dos que fueron llevados a hospitales y posteriormente murieron.

“Águila” toma la palabra y saca de sus bolsillos cartuchos de escopetas calibre 12 y casquillos de armas de nueve milímetros, con las que, asegura, la Policía los atacó. “Esto no es para detener una protesta, esto es para matar. Nosotros queremos la paz pero con un cambio”, expresa el joven.

De las universidades que más muertos han sufrido desde que iniciaron las protestas, la Upoli es la que ha abonado la mayor parte. Aquí registran seis estudiantes caídos en esta lucha, informa.

“Condenamos vilmente todos estos muertos, ningún edificio o adorno del Gobierno puede valer más que una vida. La vida de un ser humano está por encima de cualquier estructura gubernamental y eso es algo que queremos enfatizar”, afirma uno de los compañeros de “Águila”.

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La Upoli es la única universidad que ha mantenido la resistencia, pero aquí han llegado estudiantes de otros centros de estudio, mientras otros jóvenes siguen en plantones en otros puntos de Managua y el país.

Peticiones

La protesta la iniciaron el pasado 18 de abril estudiantes de varias universidades, opuestos a las reformas al Seguro Social impuestas por el Gobierno. La presión estudiantil y las demandas del sector privado lograron que el Gobierno revocara las medidas el 22 de abril, cuando ya se registraban más de 20 muertes y centenares de heridos.

La protesta la iniciaron el pasado 18 de abril estudiantes de varias universidades, opuestos a las reformas al Seguro Social impuestas por el Gobierno.

“Queremos hacer ver que nuestra postura es exclusivamente la demanda de todos los derechos que se perdieron: la libertad de expresión y de prensa y la restitución de la democracia en este país”, sostienen los jóvenes líderes de la protesta en la Upoli.

“Hay muchos que andan diciendo que esto ya se acabó porque las reformas al INSS ya no van, pero nosotros vamos a seguir con esta lucha hasta el final”, advierte.

La convivencia

Aquí hay jóvenes que desde que se tomaron la universidad no han regresado a sus casas. La mayoría no se conocía, pero los une la misma causa y se hacen amigos rápidamente, sienten el dolor por sus compañeros que han muerto y ayudan según sus capacidades.

Los médicos van a la unidad de salud, quienes tienen dotes de líderes dirigen la seguridad y la organización de víveres y quienes gustan por la limpieza se ofrecen para el oficio.

Por las noches, quienes duermen lo hacen sobre el piso, la grama del jardín o la cancha de futbol. Otros optan por volver a sus casas y retornar por la mañana siguiente pero la universidad nunca queda sola y sin custodia.

“Aquí no hay líderes, no hay partidos políticos y tampoco financiamiento de nadie, estamos aquí por el apoyo del pueblo. Somos gente que quiere lo mejor para el país. Somos nacionalistas, a todos nos une la misma causa”, recalca el hombre con el rostro cubierto por un casco.

La organización de los estudiantes se fortalece cada vez más y dicen que no pararán hasta que sus demandas sean escuchadas. Junto a nosotros salen cuatro jóvenes que deciden volver por un momento a sus casas, pero otros cuatro desean ingresar.

“Quienes estamos en la Upoli somos el bastión de esta lucha, si la Upoli cae, caemos todo el pueblo de Nicaragua y el país quiere lo mismo: que se restituya la democracia”, concluye “Águila”.