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Nicaragua está en “un momento de crisis y de oportunidad”, afirma Francisco Aguirre Sacasa al responder preguntas de El Nuevo Diario. El excanciller considera que la ruta por la cual se debe encausar el diálogo nacional entre el Gobierno y demás actores sociales ya está definida en la Carta Democrática Interamericana, adoptada por los países de la Organización de Estados Americanos (OEA) en el año 2001.​

¿Qué debe buscarse en este diálogo nacional?

El diálogo representa una grandísima oportunidad para que Nicaragua logre un provechoso aterrizaje suave de la crisis en la que nos encontramos, que es la más seria que ha tenido Nicaragua desde los años 70, una situación muy delicada, con censura, más de 30 muertos y se habla de más de 50 desaparecidos y 400 heridos, desde el punto de  vista económico, una imagen de país fuertemente dañada. Necesitamos democratizar a Nicaragua y la hoja de ruta la tiene la Carta Interamericana Democrática, que tuve el honor de firmar en nombre de Nicaragua cuando era canciller. Los elementos de la carta son: separación de poderes, estado de derecho, elecciones creíbles, periódicas y justas. No hemos tenido una elección libre desde el año 2004. 

En el 2006, no olviden que no se contaron el 8% de los votos.  Tenemos que encauzar este diálogo hacia esa meta y aprovechar ese regalo que hicieron los jóvenes de Nicaragua para sacar el país de esta crisis sociopolítica y humanitaria. Lograr esto será la ‘’prueba del ácido’’ para este ejercicio. Nicaragua está atravesando una gran crisis socioeconómica y política. La palabra crisis en chino se pronuncia “wei jing”, palabras que significan peligro y oportunidad. Nosotros debemos de capitalizar esta crisis para restaurar el estado de derecho, respeto para los derechos constitucionales, como libertad absoluta de prensa y de movilización pacífica. Para eso necesitaremos madurez, serenidad y criterio o sentido común.​

¿Qué papel podría jugar la oea en este escenario de diálogo?

Tenemos que ser cautelosos y no poner nuestra esperanza en la OEA.  

La OEA tendría que superar una enorme crisis de credibilidad, tanto en Washington como en Nicaragua, para poder ser un vehículo y poder ayudarnos en este diálogo. Recordemos que el diálogo entre la OEA y Gobierno de Nicaragua había perdido mucho brillo, por la manera hermética en que se manejó eso, el poco progreso que hubo en cuanto a ese diálogo. Todo eso contribuyó a que en Washington tenga muy poca credibilidad y aquí en Nicaragua también.  

En fotos: Miles marchan por la paz en Nicaragua

¿Es prudente que al iniciar el diálogo se pida la renuncia de funcionarios? 

Hay unas personas que pretenden precondiciones y medidas que son demasiado drásticas. Definitivamente, una solicitud de esa naturaleza como una precondición, resultaría en el fracaso del diálogo. Daniel Ortega —El Carmen como me gusta decir— está golpeado pero todavía tiene una capacidad de respuesta para aguantar un proceso largo, no así la oposición. No me parece oportuno y tampoco coincide con los elementos que deben llevar todos los que van a participar en el diálogo que son madurez, sensatez, criterio y deseo de una nueva realidad democrática.

Plantón en la rotonda Jean Paul Genie de Managua. Óscar Sánchez/END

Hay quienes hablan de una primavera política en nicaragua…

Ojalá la primavera en Nicaragua no vaya a resultar ser lo que es la primavera en Damasco, en Siria. Aquí hay un verdadero peligro de que en el país pudiera generarse, si no se maneja el asunto con serenidad y madurez, una situación igual a la Venezuela y Siria y eso no lo quiere nadie. Es un momento de crisis y de oportunidad para Nicaragua y sería lamentable que no se capitalizara.

¿Quiénes deberían estar sentados en la mesa de diálogo?

No me corresponde decidir quién participará o no en el diálogo. Eso le corresponde a los que lo están convocando, especialmente, la Iglesia, Gobierno, sector privado y, sobre todo, a los jóvenes cuyo sacrificio hicieron que este diálogo se montase. Por otro lado, tenemos que estar claros que la representación del Gobierno será partidaria y la participación de otros partidos políticos podría ser aconsejable para aquellas mesas que se dediquen a la dimensión política de la crisis actual.

Pero, eso sí, los partidos que fuesen invitados deberían de ser partidos con estructuras creíbles y representatividad entre la población y no microagrupaciones que se establecieron solo para dividir el voto o confundir a los electores. Los obispos van como mediadores y testigos, indiscutiblemente la participación de la Iglesia en esto le va a dar una legitimidad enorme al diálogo. Los jóvenes y los universitarios son los que provocaron este punto de inflexión, debemos estar conscientes que nos brindaron esta oportunidad, pero ellos no tienen una estructura, y a mí criterio el  CNU (Consejo Nacional de Universidades) no sería considerado por los estudiantes como un representante de ellos y deben ponerse de acuerdo en cuanto a su representación, buscar el mecanismo que les permita tener un interlocutor.