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El cardenal Leopoldo Brenes, presidente de la Conferencia Episcopal de Nicaragua (CEN), quien liderará el proceso de diálogo entre el Gobierno, el sector privado y la sociedad civil, explica que la Iglesia será mediadora y testigo, pero no garante del cumplimiento de los acuerdos a los que se llegue en la negociación.

“El garante del cumplimiento de los acuerdos del diálogo es el mismo pueblo de Nicaragua”, afirma Brenes en entrevista con El Nuevo Diario.

Todavía se desconoce la fecha de inicio del diálogo, aunque Brenes considera “positivo” que los jóvenes del Movimiento Universitario 19 de Abril, que permanecen dentro de la Universidad Politécnica (Upoli), hayan aceptado la invitación de los obispos para participar en la negociación.

Referente a las garantías de seguridad y no represalias que exigen los jóvenes para estar en la mesa de diálogo, el cardenal relata que el Gobierno “nos ha dicho que sí está dispuesto a dar todas las garantías”.

Sobre la represión policial durante las protestas, Brenes dice que “es una debilidad (del Gobierno), es una situación verdaderamente lamentable que se llegue actuar de esta forma”.

Las protestas estudiantiles iniciaron el 18 de abril en oposición a las reformas al seguro social, las que fueron derogadas por el Gobierno cuatro días después, cuando ya se registraban más de 20 muertes por la represión.

El cardenal Brenes expresa que las familias de las víctimas deben recibir justicia y que en la mesa de diálogo sería importante abordar una posible judicialización de los casos.

Cardenal, ¿puede darme la definición que le están dando a estas dos palabras claves: “mediador” y “testigo”?

En primer lugar, como testigos daremos testimonio de las acciones que se estarán desarrollando dentro del diálogo y la mediación tiene una cosa bien importante en cuanto a que, cuando haya tensiones, uno como parte de ese diálogo también pueda dar orientaciones para que el diálogo se canalice por el bien común. 

Entonces, cuando finalice el diálogo y, por ejemplo, una de las partes llegue a incumplir con un acuerdo, ¿la CEN no es garante de cumplimiento?

En su comunicado, la CEN no dice que acepta participar como garante, acepta estar en carácter de mediador y testigo. El garante del cumplimiento de los acuerdos del diálogo es el mismo pueblo de Nicaragua y aceptamos ir al diálogo en vista de las inquietudes del pueblo, que ha mirado en la Conferencia Episcopal una institución creíble. Quiero destacar que en esta intervención no vamos como obispos individuales, vamos como cuerpo, representamos a los 10 obispos de la CEN. Me preguntaban que por qué me pusieron a mí al frente y no a otro, es por respeto a la cuestión jerárquica.

¿No cree que la CEN tiene en este diálogo la oportunidad de replantearle al Gobierno las recomendaciones hechas en la carta pastoral de 2014, que han sido ignoradas?

No solo la CEN, ese fue un documento que ofrecimos al Gobierno, pero que también se hizo público. Este puede ser un texto base en el diálogo, pero del que toda la población y quienes van a participar pueden retomar varios aspectos.

Los jóvenes del Movimiento Universitario 19 de Abril finalmente aceptaron el diálogo, pero piden garantías. ¿De alguna manera ustedes van a gestionar ante el Gobierno el cumplimiento de sus peticiones?

De nuestra parte, estos jóvenes siempre han tenido el apoyo; el hecho mismo que el párroco que está cerca de la Upoli ha estado permanentemente ahí, es una señal de respaldo. En cuanto a las peticiones de ellos, en algún momento monseñor Rolando (Álvarez) y yo hemos hecho llegar al Gobierno estas solicitudes y nos han dicho que sí están dispuestos a dar todas las garantías.

¿Y este diálogo cuándo podría iniciar? Cada día que pasa sin que la situación se normalice hay pérdidas económicas para el país, afectaciones al turismo… 

El diálogo tiene que planificarse bien, conlleva tácticas, metodología y no se puede improvisar. Es algo grande y trascendente, hay que prepararse bien para que haya buenos resultados. Como CEN tenemos que reunirnos de nuevo, planificar, valorar y ya buscar una fecha de inicio en consenso con el Gobierno y las partes. Es complejo. 

“Hay muchas personas que iban a venir a Nicaragua y cancelaron sus viajes”, afirma el cardenal Leopoldo Brenes, refiriéndose a peregrinos católicos de otros países.

Hablemos de las protestas de la semana pasada y la respuesta del Gobierno. ¿Cómo valora la represión policial contra quienes ejercían su derecho a manifestarse?

La violencia genera violencia y yo nunca estuve de acuerdo con eso, repudiaba toda acción violenta que se ejerciera, venga de donde venga.

¿Usted cree que el Gobierno se equivocó al enviar las fuerzas policiales para reprimir a los jóvenes manifestantes?

Creo que es una debilidad, es una situación verdaderamente lamentable que se llegue actuar de esta forma. 

Se habla de 39 muertos a causa de la represión policial, otros dicen que son más. ¿Cree que debería haber una investigación y judicializar los casos?

Pienso que en el diálogo se podrá tocar ese tema, para se haga una investigación justa. Yo creo que siempre es necesario eso, justicia para las familias de las víctimas, justicia para todos. 

Los universitarios han propuesto indemnizar a las familias de las víctimas. ¿Respaldan esta propuesta?

Creo que si el Gobierno ve la responsabilidad de esto para las familias, eso siempre es 

positivo.

En sus comparecencias, el presidente no ha pedido disculpas a las familias de los estudiantes muertos. ¿Ustedes creen que debería hacerlo?

Nosotros tenemos una experiencia desde la Iglesia, el papa Juan Pablo II pidió perdón (por los errores que había cometido la Iglesia), pero eso parte del corazón mismo, no le podemos imponer a alguien que pida perdón. Es un sentimiento personal que surge de lo más profundo del corazón.

¿Me está diciendo que el presidente no lo ha hecho porque no le sale del corazón?

No le sale del corazón. El pedir perdón sale del corazón, porque si es impuesto no vale. El perdón es un sentimiento cristiano, pero es un asunto personal. 

¿Cómo valora la marcha del lunes?

Fue muy positiva, ahí me convencí de lo que muchas veces hemos dicho nosotros que se pueden hacer las protestas de una manera pacífica y cívica. Con lo que miramos el lunes y hemos visto estos últimos dos días con las marchas de la UCA, siento que en medio de toda esta tensión que estamos viviendo hay toda una escuela. La participación de los jóvenes en el diálogo también va ser una escuela. Me alegra que los jóvenes hayan tomado la decisión de participar, porque el día de mañana ellos serán los responsables de la conducción del país. Alguno de estos muchachos podrá ser el presidente del país dentro de unos ocho o diez años. 

El papa Francisco manifestó su preocupación por lo que está sucediendo en el país, ¿desde ese día ha habido algún tipo de seguimiento de parte de él? 

Hemos enviado notas a la Secretaría de Estado de El Vaticano de cómo se ha estado trabajando. Personalmente creo que el mensaje del Papa es muy cercano, porque dijo que se unía a los obispos, no al cardenal Brenes. Es un papa cercano con todos los obispos y nos respalda.

Nicaragua espera la llegada de más de 15 mil peregrinos en pre jornada mundial de la juventud. ¿Lo que está pasando no afecta la agenda?

En este momento hay muchas personas que iban a venir a Nicaragua y cancelaron sus viajes. Ellos tenían que venir aquí entre el 14 y el 15 de enero (de 2019) para salir el 20 hacia Panamá, pero a lo mejor el Comité Central de la Jornada en Roma les va decir que no pasen en Nicaragua por todo lo que ha pasado. Sabemos que son jóvenes los que vienen y al ver las noticias, las familias les han dicho que mejor no pasen por aquí. Vamos a valorarlo.

Finalmente, ¿cuál es el llamado que hace ante la situación del país?

Quisiera unirme al sentimiento de todos los obispos, en el que decimos que para facilitar el clima de diálogo consideramos esencial e imperativo que tanto el Gobierno como la sociedad civil eviten todo acto de violencia, respeto a la propiedad pública y privada y prevalezca un clima sereno y de absoluto respeto a la vida humana de todos los nicaragüenses. Este un sentimiento no personal, sino de toda la Conferencia Episcopal.