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El presidente ejecutivo de la Fundación Nicaragüense para el Desarrollo Económico y Social (Funides), Juan Sebastián Chamorro, explica a El Nuevo Diario las implicaciones hasta ahora de la crisis en Nicaragua y sus posibles salidas.

¿Han hecho algún estimado de los costos económicos de esta semana de protestas?

En primer lugar, Nicaragua aún está contando sus muertos y hay familiares angustiados tratando de dar con los desaparecidos, los que desafortunadamente están apareciendo en las morgues de los hospitales.  No quisiera ser frívolo en estar hablando de costos económicos en estos momentos, pero lamentablemente mucha gente lo pregunta. Es obvio que las protestas ya están teniendo consecuencias y serán mayores si no se encuentra una solución.  En este momento sabemos que se han cancelado muchos viajes de inversionistas y turistas. La ocupación hotelera en Granada no llega al 5 por ciento. También hay afectaciones fuertes al comercio y servicios.  Varios inversionistas nos han dicho que están evaluando sus inversiones. Lo interesante es que todos preguntan si esto se va a resolver pronto, porque quieren quedarse aquí, si hay paz y normalidad de forma sostenible. Esto es sumamente importante porque estamos aún en la posibilidad de poder reducir los impactos económicos si se resuelve la crisis.

Sobre impactos económicos en sí, debemos recordar que el consumo ya venía desacelerándose, así como la expansión al crédito y las inversiones privadas estaban similares al año anterior, es decir sin crecimiento importante. El problema del INSS no está resuelto mientras no exista diálogo. Solamente el tema del INSS podría significar unos tres mil millones de córdobas que el Estado tendrá que buscar de dónde sacarlos este mismo año.  Dejar de pagar pensiones no es opción, así que la plata tiene que salir de algún lado.  A como están las cosas, no es posible tampoco hablar de nuevos impuestos. Tiene que darse un ajuste fiscal para hacer frente a la situación, tomando en cuenta además que las recaudaciones, que venían creciendo a menor ritmo que el año pasado, van a sufrir como consecuencia de las protestas. De aquí a unos años en el futuro, vamos a ver el 2018 como un año de quiebre, un año donde la actividad económica bajó. El bajón va a depender de qué tan rápido el Gobierno quiera solucionar el problema de fo
ndo, que como sabemos ya no es el problema del INSS únicamente. Es el problema de la institucionalidad, estado de derecho y justicia a las víctimas de las protestas.

¿Cree que el diálogo puede funcionar?

Ante estos acontecimientos es natural pedir que el Gobierno se vaya y que no hay nada que dialogar. Pero debemos evitar reproducir los ciclos de violencia que históricamente no nos han dejado avanzar y encontrar soluciones democráticas que impulsen nuestro desarrollo sostenible. Recordemos que por estos ciclos de conflictos aún no hemos superado el PIB del año 1978.

Por otro lado, está muy fuerte el sentimiento de estar “nosotros contra ellos” y creo que también es un error. En la marcha del lunes había miles de sandinistas, incluso funcionarios públicos, que están molestos por lo ocurrido.  Por mucho que estén molestos, sin embargo, no van a dejar de ser sandinistas.  Una solución nacional sin el FSLN no puede existir.  Podrán haber perdido mucho, sobre todo la simpatía de los independientes, pero eso no significa que no dejen de ser un partido importante. Es vital dialogar con estas personas para que ellos contribuyan a generar un ambiente de cambio.

¿Por qué algunas personas están desconfiando del diálogo?

Hay gente en este momento atacando a la posibilidad del diálogo, poniéndolo como una estrategia de Gobierno de ganar tiempo. Andan circulando fotos de pactos que han hecho mucho daño al país, como el del Espino Negro, los acuerdos de paz que trajeron la muerte de Sandino y la dictadura, el Pacto de los Generales que trajo la reelección de Somoza García, el Kupia Kumi que oxigenó a Somoza Debayle y el pacto del 2000. Hay que recordar, y es algo que no anda circulando, que también ha habido pactos buenos, como el Providencial de 1856 que sacó a Walker y más recientemente los Acuerdos de Paz de Sapoá, que justo acaban de cumplir 30 años. Los pactos son buenos en la medida que exista voluntad de resolver un problema nacional y malos en la medida que quieran resolver los intereses específicos de alguien.

Aquí el Gobierno está en una encrucijada compleja de orden histórico y debe mostrar cambios y una voluntad política de sentarse a dialogar y abordar los temas fundamentales, elecciones libres y transparentes, entre las principales. Va a ser crucial para que este diálogo tenga éxito, que la representación sea creíble. El anuncio de que los estudiantes van a participar ha venido como una excelente noticia, porque ellos son los que nos han llevado hasta aquí, a las puertas de poder hacer un cambio. El hecho de que el Gobierno se siente con ellos es un reconocimiento de que eran estudiantes, no eran delincuentes los que estaban ahí muriendo.  Además de los estudiantes, es importante que estén personas de trayectoria reconocida y de ser críticos al Gobierno, para eliminar dudas de que se trata de una mampara dilatoria.

La gran incógnita en estos momentos es quién será el interlocutor de parte del Gobierno. Ojalá y no envíen personas irreflexivas, ideológicas y de poco diálogo, que atrasen o impidan la búsqueda de soluciones. Peor si ponen a personas que han participado en la represión. Esperemos que sean personas con autoridad, más pragmáticas y con mejor entendimiento de lo que está en juego. Se necesita, al otro lado, personas con conocimientos en temas económicos y de confianza de la pareja presidencial, para que permitan un diálogo sincero encaminado a buscar soluciones de largo plazo para todas las partes .  

Finalmente, el proceso de diálogo debe tener un plazo que genere la presión necesaria en la búsqueda de soluciones que den a la población un compás de espera.

¿Qué temas deberían de abordarse?

En primer lugar, es importante investigar las muertes y llevar a los responsables a la justicia. De lo contrario se habrá deteriorado más la institucionalidad, en un momento que debemos reconstruirla.  Segundo, proteger a los que protestaron y reconocer su sacrificio.  La mesa del diálogo deberá centrase en cómo se reestablecen los derechos ciudadanos y se reforma al sistema político, a fin de que existan, una vez más, elecciones libres, justas, transparentes y observadas. Esto creo que sería lo mínimo a lograr para honrar  el enorme sacrificio de nuestros jóvenes muertos.

¿Van a participar en el diálogo?

Nosotros como centro de pensamiento económico podemos apoyar al diálogo con propuestas específicas y concretas, además de análisis y cuantificaciones, que ya hemos venido haciendo y proponiendo por más de diez años. No nos corresponde estar ahí como parte beligerante porque no somos una gremial, ni representamos a un sector específico de la sociedad.  Nos hemos puesto al servicio de la Conferencia Episcopal para cualquier apoyo que como mediadores necesiten y estamos esperando su respuesta.