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La iglesia Católica, dirigida por el cardenal Leopoldo Brenes, repudió hoy a un motorizado que entró esta mañana a la catedral de Managua, a toda velocidad, y gritó: ¿Quién es el que quiere la paz? El incidente ocurre en medio de una serie de protestas en Nicaragua.

En un comnunicado divulgado por la Arquidiócesis de Managua, Brenes dijo que el incidente ocurrió pocos minutos antes de que comenzara la misa de la 8:00 am

"El señor Cardenal Brenes condena acción irrespetuosa de motorizado en la iglesia Catedral", dice un comunicado publicado este domingo.

"El día de hoy por la mañana en Catedral de Managua, minutos antes de iniciar la celebración eucarística de la 8:00 am, irrumpió de forma violenta una persona de sexo masculino, motorizado, quien llegando a toda velocidad hasta el presbiterio de Catedral gritó exaltado y de forma retadora: ¿Quién es él quiere la paz?. Personas que colaboran en Catedral se dispusieron a sacarlo del templo de forma pacífica, el motorizado accedió a salir", relató la iglesia Católica.

Brenes y el resto de sacerdotes de la catedral de Managua condenaron lo que calificaron como una "acción provocativa".

"Ante esto, (Brenes) invita a los fieles a mantener una perenne jornada de oración desde sus hogares, solicitando por medio del rezo del santo Rosario en familia la intersección de María Madre de la Iglesia. Es urgente restaurar la paz en Nicaragua y la primera que quiere la paz es la Iglesia", concluyó el comunicado.

Hasta el momento ninguna organización o grupo se ha responsabilizado por lo ocurrido en la catedral de Managua.

El incidente ocurre un día después de que la iglesia Católica organizara en Managua una multitudinaria peregrinación, para orar por los muertos en las protestas de Nicaragua y pedir por la paz.

Durante una misa en la catedral de Managua, ayer, Brenes dijo que la iglesia Católica da al gobierno el plazo de un mes en el diálogo nacional que se ha convocado para demostrar resultados.

Unas reformas al INSS, que ya han sido revocadas, generaorn una ola de protestas en Nicaragua, dejando entre 40 y 63 personas muertas, según cifras brindadas de forma separada por organismos defensores de los derechos humanos.