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Entre estantes de libros de ciencia, novelas caballerescas, cuentos sin fin y testimonios históricos y humanos olvidados; Eda María Pérez López ha pasado más 30 años dedicada a promover el hábito de la lectura como directora de la Biblioteca Municipal de Niquinohomo.

La entrega que Pérez ha dedicado a su trabajo podría solo compararse con algún personaje de los cuentos que lee a los niños que a diario asisten al club de lectura. Su quijotesca labor ve hoy los frutos de años de duro esfuerzo, junto a cooperantes, padres de familia y usuarios.

 “No hay literatura latinoamericana”

Se integró como auxiliar bibliotecaria en 1990. “No los andamos buscando como cuando iniciamos, hoy los niños vienen solos”, empezamos leyendo cuentos en las esquinas, en los barrios hacíamos ranchos de lectura, recuerda Pérez. 

Para Eda María López, los libros son catalizador de la imaginación e introducir a los niños a la lectura significa todo un reto que requiere amor.

“La profesora” a como la llaman los niños que asisten a leer por las tardes, ha sido la artífice que la biblioteca se haya convertido en los últimos años en un centro para amantes de la lectura que atrae cada vez a más usuarios de los municipios cercanos, en parte por los programas que ofrecen y el enfoque a cada uno de los sectores poblacionales como las amas de casa, los adolescentes e incluso a los privados de libertad.

Con el apoyo de la cooperación sueca la biblioteca implementó el proyecto del Bibliobús, una iniciativa que transportaba libros a la comunidad de Los Pocitos, además de organizar actividades como pintura y teatro, todo con el fin de promover la lectura en esa comunidad de Niquinohomo, el proyecto fue bien recibido y dio como resultado una película. “El Cuento que se perdió” fue protagonizada por los niños que asistían al club de lectura. 

Reclusos

El Bibliobús, además, permitió también que los privados de libertad se vieran beneficiados con “la caja viajera”. Una alternativa literaria para quienes pagaban condena en el Sistema Penitenciario en Granada. Los libros que más solicitaban los reos eran los de poesía, religión, autoayuda y novelas románticas. La profesora destaca  que la literatura también ha jugado su papel clave en esos momentos difíciles para los reos.

Eda María Pérez López

 

Eda, al igual que un libro abierto, narra tantas historias que le ha tocado vivir como bibliotecaria, algunas muy satisfactorias y otras, aunque difícil, la han llevado a aprender más de los lectores y su fiel compromiso con la comunidad a la que pertenecen, que en los momentos más adversos siempre han estado allí para brindarle una mano amiga. Aunque su trabajo no es muy remunerado, a Eda le queda la satisfacción de ayudar de manera indirecta a la comunidad y contribuir a la educación de tantos niños que asisten a realizar sus tareas.

“Nuestro trabajo no ha sido bien remunerado, pero es algo que nos gusta hacer, nos gusta servir, nos gusta ayudar, y creo que eso nos identifica en la comunidad”, comenta Pérez. 

Sin local 

Pese al servicio que presta a la comunidad, la biblioteca no cuenta con un local propio. La directora lamenta el poco apoyo por parte de las autoridades locales, aunque reconoce la labor del Instituto Nicaragüense de Cultura, sin embargo, la falta de recursos ha limitado el desarrollo de buena parte de los programas. 

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“La biblioteca tiene una gran importancia porque nace con el triunfo de la revolución, nace  el 21 de febrero de 1980 (con el aniversario de la muerte de Augusto C. Sandino) y tiene un gran valor. Ya es hora que tenga su propio local”, exclama Pérez.

La biblioteca que hoy lleva por nombre Augusto César y Sócrates Sandino inicialmente funcionaba en el costado sur de la iglesia Santa Ana, posteriormente  se traslada en donde actualmente funciona el museo del general Sandino; en el 2014 el Gobierno de Nicaragua reabre el servicio del museo y la biblioteca se traslada a una casa ubicada al costado sur del museo. 

Este lugar era muy pequeño y no prestaba las condiciones para desarrollar los diferentes programas, por el cual el trabajo se reduce únicamente al préstamo de libros; durante ese período varios libros se dañaron, hasta que en el mes de junio se movilizan al nuevo local que presta mejores condiciones y les permite reabrir nuevamente los programas de pintura, danza, confección de títeres y elaboración de piñatas. 
La “Profe Eda” espera mayor apoyo de las autoridades, e incluso hizo una solicitud a la Presidencia para la compra de la casa que actualmente alquilan. Además, anhela que se reconozca por el valor histórico de la biblioteca como lo tiene ahora el museo, pues ambos han jugado por años un rol central en la cultura y educación de este municipio. 

Magia en los estudiantes

Aunque en la actualidad la proliferación de los parques wifi y las nuevas herramientas tecnológicas facilitan el acceso a la información, esta mujer destaca que eso no ha disminuido el número de usuarios que asisten, ya sea por una investigación o por el sencillo placer de perderse entre las páginas de los libros, porque pese a todo, los bibliotecarios tienen la misión de educar al lector y a su vez juegan el papel de promotor de la literatura nacional. 

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“Las bibliotecas públicas tienen un gran reto de realizar la promoción de lectura. Estamos inyectando siempre de diferentes maneras la lectura, para estar atrayendo al usuario para que no se vea eso”, responde Eda ante la  inquietud si llegará el fin de las bibliotecas públicas tal y como las conocemos.

Guardiana, además, por años de varias fotografías pertenecientes a la familia Sandino, que hoy se pueden observar en el museo. Está mujer de 49 años ha visto en su más de tres décadas pasar mentes curiosas que hoy son profesionales y que aún guardan los recuerdos, cuando en una hoja en blanco plasmaban los cuentos que se leían en las tardes de lectura y que muestran su gratitud con un “adiós profesora”.