•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

“El trato que desde el 17 de abril ha recibido en los medios de México la noticia de las  protestas en Nicaragua ha sido casi unánime: ‘se trata de una rebelión nacida de los estudiantes en la primera gran protesta que encara el presidente Daniel Ortega en sus 11 años de gobierno’. Así podríamos sintetizarlo”, resume la periodista Irene Selser, también poeta y editora, directora de la sección Internacional del periódico mexicano Milenio, un multimedio de circulación nacional que incluye radio y televisión.

“Y si consultamos en línea la prensa de América Latina se puede afirmar que esta también ha sido la tónica, además de la preocupación que generan los hechos, junto a otra percepción que ha ido creciendo”, añade Selser: “La de una deriva autoritaria del gobierno del presidente Ortega, agravada con las denuncias de la oposición sobre el recurso a los fraudes electorales desde el 2008”.  Para Selser, cuyo vínculo con Nicaragua se remonta a la obra de su padre, el periodista e historiador Gregorio Selser, autor del emblemático libro “Sandino, general de hombres libres” publicado en Buenos Aires en 1955, seis años antes de la fundación del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), “a pesar de las denuncias de ‘complot’ de parte del Gobierno, la visión predominante en los medios, tanto impresos como audiovisuales, es que ‘el Gobierno ha aplastado con violencia una protesta espontánea de jóvenes’; en su mayoría, podemos suponer, hijos y nietos de sandinistas”.

Selser  vivió en Nicaragua en los años 80 y es autora, entre otros libros, del ensayo “Cardenal Obando. Diez años de enfrentamiento Iglesia-Estado en Nicaragua (1980-1990).
 

¿Qué elementos noticiosos son los que han calado en la prensa internacional?

La profusión de imágenes, fotografías y videos que han dado la vuelta al mundo, en donde se ve las arremetidas de la policía y de grupos enmascarados contra jóvenes inermes, muchos de los cuales agonizaron o murieron frente a las cámaras con tiros en la cara o cuello. Esas imágenes entristecieron y preocuparon mucho.

¿Cómo califica el rol de las redes sociales en la difusión de las protestas acaecidas en Nicaragua?

Esto va más allá de las redes sociales, aunque ciertamente desde el 2011, con la ‘primavera árabe’, estas han jugado un rol fundamental en la organización y acompañamiento de la toma de calles y ahora mismo mucha gente en México habla de la ‘primavera nicaragüense’. Pero no olvidemos que si bien el asesinato del periodista opositor Pedro Joaquín Chamorro, el 10 de enero de 1978, acribillado a tiros por sicarios de Somoza, marcó el principio del fin de la dinastía somocista, fue la imagen del asesinato del reportero de la televisión estadounidense, Bill Stewart, de 38 años, la que decidió su suerte ya que llevó a Estados Unidos a retirarle lo que quedaba de su apoyo. Y cuando fue asesinado este corresponsal de la cadena ABC, aquel 20 de junio de 1979, no existían las redes sociales…

Tampoco se puede negar el papel que han jugado las redes para difundir las protestas y para mostrar su amplitud, no solo en Managua sino en distintas ciudades del país donde la gente salió a las calles para apoyar a los estudiantes. También el incendio en la reserva biológica de Indio Maíz, unos días antes, tuvo amplia cobertura en la prensa mexicana en anticipo de las protestas, ya que dos helicópteros de México fueron claves para sofocar las llamas, lo cual fue reconocido públicamente por la primera dama y vicepresidenta Rosario Murillo”.

¿Cuál es el enfoque que ha predominado en la cobertura de esta rebelión contra el gobierno nicaragüense?

Lo que los medios de difusión fuera de Nicaragua han proyectado desde el 17 de abril es la irrupción de una nueva generación de jóvenes nicaragüenses rebeldes, preocupados por los problemas de su sociedad y también del medio ambiente, ya que en la UCA iniciaron las protestas por Indio Maíz. Y esto ha influido, nos parece, en la toma de postura de la opinión pública internacional a favor de los estudiantes, aunque hacía muchos años que Nicaragua no era noticia.

¿Qué opinión le merece la cobertura de grandes cadenas internacionales que incluso han enviado equipos periodísticos a Nicaragua?

Como periodistas sabemos que, tristemente, las grandes cadenas informativas mundiales se sienten atraídas por los conflictos y las guerras. Pero en este caso, además, se trata de Nicaragua, un país que acaparó la atención mundial antes y durante la revolución de 1979-1990, cuando millares de nicaragüenses murieron en el marco de la guerra de agresión de Ronald Reagan, que selló la suerte del proceso.

El factor sorpresa también ha jugado a favor de un mayor despliegue informativo, no menos que el derrumbe, en medio de los vítores de la gente, de los ‘árboles de la vida’, vistos como un símbolo del Gobierno, así como los inéditos reclamos del empresariado del Cosep y la cúpula de la Iglesia católica, ambos muy beligerantes a favor de un diálogo nacional. Todo esto es visto en el exterior como otra expresión del disenso, bastante alejada de la acusación de complot internacional en la que insiste el Gobierno.

Y como la OEA y la administración de Donald Trump salieron en los últimos días a cuestionar con fuerza la acción policial sobre las protestas, más difícil será, en nuestra opinión, volver creíble la denuncia oficial de un ‘complot fraguado en el exterior’.

¿Qué rumbo cree que lleva este conflicto?

Confío en la capacidad del Gobierno de poder escuchar los reclamos de los distintos sectores sociales para evitar más derramamiento de sangre, en este momento crucial para el futuro y la paz de Nicaragua, que desde afuera se observa como una especie de remake –y así lo consignó un periódico en México– de la lucha contra la dictadura somocista, a la que también combatieron Daniel Ortega y su esposa Rosario Murillo.