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Los sueños de convertirse en un veterinario se truncaron para Kevin Roberto Dávila López, de 23 años, quien falleció la noche del pasado domingo tras permanecer 15 días luchando por su vida en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) del hospital Antonio Lenín Fonseca.

“No tengo palabras para expresar lo que en estos momentos estoy sintiendo por la muerte de mi hijo”, dijo demasiado afectado Roberto Javier Dávila, padre de la última persona fallecida en las protestas que iniciaron en pasado 18 de abril. La entrevista a don Roberto no se pudo concluir para no provocarle más dolor.

Sin embargo, en una entrevista a 100% Noticias había expresado que recibió un mensaje por teléfono en el que se le informaba que su hijo estaba “pegado” con una bala en la cabeza. Inmediatamente salió a buscarlo en distintos centros asistenciales hasta finalmente encontrarlo en el hospital Lenín Fonseca, como un desaparecido.

Kevin Roberto Dávila López nació el 17 de marzo de 1995. Nayira Valenzuela/END

“Ahí estaba, en neurología, y lo primero que me dijeron los médicos (fue) que no tenía vida, así dilató mi hijo 15 días luchando por su vida. Él simplemente fue con la cámara de su teléfono a tomar un video y dicen que un francotirador le pegó en la cabeza”, relató su padre, Roberto Dávila.

Los padres de Kevin aseguraron que la justicia por la muerte de su hijo la dejará en manos de Dios e hicieron un llamado al Gobierno para que detenga la matanza a los jóvenes y la represión. Kevin Roberto cursó hasta el tercer año de la carrera de Veterinaria, en una universidad privada, porque tuvo que trabajar para costear sus estudios y a la vez ayudar a sus padres.

Este joven se convirtió en la víctima mortal número 46, según reportes del Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (Cenidh) hasta la fecha.

Solidario

El pasado 21 de abril del 2018, este universitario junto a un primo decidió ir a dejar unos víveres a estudiantes, jubilados y pobladores que resguardaban la Universidad Politécnica de Nicaragua (Upoli), quienes protestaban de forma pacífica por las reformas al Seguro Social, mismas que fueron derogadas días después por el presidente Daniel Ortega.

Emerson Dávila recordó esa tarde en la que, con su primo Kevin Roberto, se desplazaron en un vehículo a dejar ayuda a los protestantes. Descendieron del automotor y al llegar a los semáforos de villa Miguel Gutiérrez, observaron a varios antimotines en la esquina este y oeste, quienes quisieron avanzar, pero los estudiantes y pobladores no lo permitían.

“Llegó al punto que no podían hacernos retroceder, pero de pronto del sector norte llegaron alrededor de 50 policías motorizados y otros en la tina de varias patrullas. Ellos comenzaron a disparar bombas lacrimógenas y proyectiles. Éramos bastantes jóvenes, unos corrían, otros cayeron y les pasaban encima. En ese momento se me perdió mi primo y fue a eso de las 3:00 p.m. empecé a buscarlo”, rememoró Emerson.

Agregó que llamó al celular de su primo y alguien le respondió que Kevin Roberto había recibido un disparo en la cabeza.

“No sé cómo se me perdió mi primo, hubiese dado mi vida por él, porque era una persona buena, no tenía vicios, era un joven que le gustaba el futbol y estaba en contra de las injusticias. Miré cómo la policía remataba a los protestantes que caían en el pavimento en busca de un lugar seguro”, relató el primo de la víctima. 

Emerson refirió que las fuerzas antidisturbios portaban escudos y cascos que los protegía de las piedras y morteros que usaron los protestantes en defensa. 

“La verdad de las cosas es que nos llevaban ventaja y aun así dispararon a matar, porque los impactos de bala fueron en la cabeza y en el pecho. Todavía hay estudiantes y civiles en la Unidad de Cuidados Intensivos del hospital Lenín Fonseca y no dan a conocer a la población en general. La tendencia de la lista de fallecidos de estas protesta es que aumente”, aseveró el primo de Kevin Roberto.

Mientras que Uriel recuerda a su primo como una persona trabajadora, salía a la esquina a platicar con sus amigos, iba a jugar a la cancha. No había mala intención en él, tenía un amor hacia los animalitos.

“Él criaba chocoyos y le ayudaba a los vecinos que tenían mascota, les daba tratamiento. No tenía problemas con nadie en el barrio. Él (Kevin Roberto) como universitario quiso apoyar una marcha pacífica y no pensaron que el Gobierno tuviese esa represión sobre muchos jóvenes indefensos”, afirmó Uriel.

El primo lamentó que esa noche que acompañó a su tío al hospital Lenín Fonseca miró alrededor de ocho jóvenes que ingresaron con disparos en la cabeza y en el pecho. 

Acta de defunción

Según el acta de defunción otorgada por el Ministerio de Salud (Minsa) a los familiares, Kevin Roberto falleció a las 7:10 p.m. a causa de un edema craneal severo debido a herida por arma de fuego en el temporal derecho.  

El cadáver fue entregado a eso de las 9:00 p.m. y llevado rumbo a su vivienda, situada de la iglesia Madre de Dios, siete andenes al sur, una cuadra al este, donde acompañaron a la familia doliente, amigos, familiares y compañeros de trabajo.

Las honras fúnebres se realizaron en el cementerio del barrio Milagro de Dios, la tarde de ayer.

Amante de los animales

Kevin Roberto Dávila López nació el 17 de marzo de 1995, en Villa Venezuela, Managua. Sus padres, Roberto Javier Dávila y Maybeling López. Desde niño jugó futbol. No era un excelente alumno, pero sí era un estudiante promedio. Sus padres le inculcaron la religión y con ellos visitaba la iglesia. Siempre jugó en el Centro Juvenil Don Bosco y formaba ligas en el barrio. 

Su inquietud por la veterinaria comenzó de niño, cuando tuvo un perro que cuidaba, además criaba chocoyos y en la actualidad tenía dos de estas aves. 

El amor a los animales lo impulsó a estudiar la carrera de Veterinaria en una universidad privada, donde cursó hasta tercer año, pero llegó un momento difícil porque sus padres ya no podían costear los aranceles.

Debido a esa situación, dejó temporalmente la universidad y decidió estudiar una carreta técnica en refrigeración y reparación de aires acondicionados para pagar sus estudios y ayudar a sus padres. Cuando se sintiera estable económicamente, retomaría su carrera para cumplir sus sueños.