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Javier Alexander Munguía, de 19 años, el joven que estaba desaparecido desde el 8 de mayo y cuyo cuerpo se encontraba en el Instituto de Medicina Legal (IML), murió estrangulado, confirmó esta institución a través de un comunicado de prensa publicado el pasado 20 de mayo.

El dictamen concluye que el joven falleció por asfixia mecánica producto de “estrangulamiento branquial”, lo cual coincide con lo señalado por el forense Nelson García Lanza, contactado por la familia de Munguía.  

“Cabe señalar que, basándose en las circunstancias del deceso y los hallazgos de la autopsia, la muerte desde el punto de vista de médico legal es violenta, de etiología homicida”, indica el IML.

No obstante, el pasado viernes 18 de mayo, Margarita Mendoza, madre de Munguía, aseguró que el IML le notificó que su hijo murió por causas naturales, pese a que tenía la cara desfigurada.

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El documento oficial del IML, sobre la causa del fallecimiento de Munguía, fue publicado horas antes de que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) diera a conocer su informe sobre los hechos de violencia que ocurren en el país.

Los familiares esperan el informe conclusivo de un forense independiente sobre la muerte de Javier Alexander Munguía. Orlando Valenzuela/END

En este informe, la CIDH asegura que las personas que denunciaron detenciones ilegales manifestaron que sufrieron “golpes y llaves asfixiantes”. El organismo también señala que recibió  acusaciones en contra del Ministerio Público, el IML y hospitales públicos por “no documentar fehacientemente las circunstancias en las que se produjeron las causas de las muertes y lesiones producidas a manifestantes”. 

Sepelio 

Javier Alexander Munguía fue sepultado este lunes en el cementerio Milagro de Dios, en Managua. Munguía despareció el 8 de mayo en una zona cercana a la Upoli, en el marco de las protestas.

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El joven fue despedido por sus  familiares y amigos, en medio de lamentos y llantos y consignas.

Los familiares, a pesar de la trágica escena, pidieron justicia por la muerte de Javier Alexander. “Sabemos que él tuvo una muerte violenta, que no fue natural. Y esperamos en Jesucristo que haga justicia. Ya que nosotros no podemos porque somos un pueblo desarmado”, expresó María Elena Munguía, tía del joven. 

Medicina Legal está pendiente de dar los resultados de los exámenes de laboratorio. Orlando Valenzuela/EFE

Francisco Munguía, padre de la víctima,  relató que habló con su hijo el 8 de mayo al mediodía, horas antes que desapareciera.

“Me contacté con él por chat, por teléfono, de ahí no pude volver a comunicar más con él”, aseguró. Narró que Javier Alexander le dijo esa tarde que tenía que conseguir un documento para aplicar a un trabajo como mensajero, porque tenía una moto.

“Yo le dije que tuviera mucho cuidado, que dejara de salir a la calle. Le di miles consejos, que no opinara, que se mantuviera neutral. Me sentía como con miedo porque él era muy rebelde y compartía con los movimientos de protestas”, relató Munguía.

Munguía no sabe para dónde exactamente fue su hijo ese día. “Después me comunicó la mamá que él estaba desaparecido”, contó.

Vidal Reyes, padrastro de  Javier Alexander Munguía, afirmó que estuvo presente el día en que el joven salió de su casa, en el barrio Pablo Úbeda, a eso de las 7:00 p.m. “Él solo me dijo, ‘viejo, ahí vengo’ y se fue”, contó Reyes.

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María Elena Munguía, tía de la víctima, dijo que a ellos les informaron el día siguiente, que su sobrino fue capturado por policías el 8 de mayo, cerca de la Upoli, y ese mismo día su madre denunció el caso.

Margarita Mendoza buscó a Javier Alexander Munguía en la Direccion de Auxilio Judicial  y otros lugares, sin que nadie le diera información, hasta el pasado viernes, cuando recibió una llamada con el aviso de que el cadáver de su hijo estaba en la morgue de Medicina Legal.

Quería ser ingeniero

Javier Alexander Munguía estudiaba en un instituto técnico de computación y también trabajaba como ayudante de construcción, afirmaron los familiares. El joven aspiraba ser ingeniero en sistemas.

Francisco Munguía dice que su hijo era muy alegre, respetuoso, bromista y que la gente lo quería. “Lo asesinaron cruelmente y cobardemente”, lamentó.