•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

El viernes 18 de mayo Miriam del Socorro Matus se levantó a las cinco de la mañana, lavó un termo color rojo, desempolvó un desgastado carretón de madera y empacó su venta del día: agua helada, dulces y galletas. Pese a sus dificultades para caminar, empujó su carretón por más de 20 minutos y llegó hasta su lugar de trabajo: una parada de buses a 200 metros del Seminario de Fátima, la sede del diálogo nacional. Esa mañana no desayunó, la venta del día anterior solo garantizó su almuerzo.

Las ventas diarias no son del todo buenas. Lo poco que vende lo invierte en su negocio. ‘’Solo me dejo lo justo para mi comidita, pero a veces ni para eso ajusto. A veces no desayuno porque no tengo riales, me tomo un vasito de café y una galleta¨, cuenta mientras enciende un cigarrillo con sus dedos, sus uñas pintadas de color celeste en combinación con su vestido.

Aquel viernes se desarrollaba la segunda sesión del diálogo y un grupo de personas llegó a protestar frente al Seminario de Fátima pidiendo justicia por las muertes que ha dejado la represión policial del gobierno de Daniel Ortega. 

A las once de la mañana doña Miriam solo había vendido ocho bolsas de agua de un total de 135 que había empacado en el termo. Esta anciana de 77 años y cabello canoso decidió sin titubeos empujar su carretón hasta el seminario, sacó sus bolsitas de agua y las empezó a repartir a los protestantes. La escena capturó la atención de todos. 

‘’Lo hago porque siento el dolor de las madres y porque quiero un cambio para Nicaragua’’, dijo entre sollozos mientras repartía las bolsitas con sus manos temblorosas y sus ojos medio abiertos. 

El público ovacionó a la anciana y al recibir abrazos de los jóvenes no pudo evitar el llanto. Esa no fue la primera vez que regalaba su agua, en constantes ocasiones ha donado su producto a los jóvenes que participan en las protestas ¨porque me nace y me duele que esta juventud esté luchando por algo justo, porque verdaderamente este país merece ser libre’’.

Sentada desde la parada de buses donde en una pequeña mesa acomoda su venta de galletas y golosinas doña Miriam termina su cigarrillo en menos de tres y antes de continuar con la plática destapa una gaseosa que acompañará su almuerzo: una porción de gallopinto y plátano cocido bañado en crema.

“No quiero otra guerra”

Hace más de un mes que doña Miriam no duerme bien. Los últimos acontecimientos en el país le han devuelto el insomnio que padeció durante la guerra de los años ochenta que acabó con la dictadura de los Somoza.

De la guerra recuerda dolor, hambre, pobreza y muerte. Entonces tenía 40 años y trabajaba en un tramo de granos básicos que el Gobierno le quitó porque se negó a entregar sus productos echándoles gas para evitar su decomiso. 

Se refugió junto a sus pequeños hijos en el Seminario de Fátima, donde relata haber pasado los meses más dolorosos de su vida. “Eso fue duro, ahí aguantamos hambre porque había mucha gente refugiada y poca comida. A veces los adultos no comíamos con tal que agarraran algo los chavalos”, recuerda. 

Para poder sobrevivir se dedicó a la venta ambulante, lavó y planchó ajeno y en algún momento tuvo que pedir. Vio morir gente baleada, quemada y torturada. 

Al concluir la guerra la calle se convirtió prácticamente en su casa y su centro de trabajo. La venta ambulante de productos varios es lo que resume su vida desde los años noventa. 

Sobre la crisis que atraviesa Nicaragua esta humilde ciudadana espera que termine en una solución pacífica: “yo quisiera que el señor presidente fuera consciente y se retirara de buen corazón porque él es el culpable de todo lo que está pasando”.

Elogio a estudiantes

A los estudiantes que permanecen atrincherados en varias universidades y han liderado la resistencia desde abril, los describe como “verdaderos héroes de la patria, es justo que el pueblo se una a ellos y los apoye en lo que pueda”. Los admira también porque de niña soñaba con ser profesora, pero solo logró completar su cuarto grado de primaria.

El agua bendita 

Luego de haber regalado su venta de agua helada a las madres y jóvenes que protestaban frente al Seminario de Fátima, doña Miriam se volvió popular a través de las redes sociales y el país entero aplaudió su gentileza. 

Le han regalado comida, ropa, zapatos, un salón de belleza le hizo un cambio de imagen y el 27 de mayo un grupo de jóvenes le celebrará el Día de las Madres. Su mayor sueño es tener su casa. 

Originaria de Camoapa, Miriam del Socorro Matus, es madre de 18 hijos, nueve mujeres y nueve varones. La mayoría, cuenta, la han abandonado. Actualmente habita en una humilde casa del barrio Mirna Ugarte, de Managua, en compañía de una de sus hijas, la única que según dice le ha quedado. Sin embargo ella se mantiene sola.

“Esa agua que regalé ha sido mi agua bendita porque me cambió la vida porque en mis 77 años que tengo nunca había sido celebrada por mi familia”, explica pesarosa. 

Ahora se siente agradecida porque muchos la llaman abuela y como tal hace suya la lucha de sus “nietos” en la calle.

“Me conmueve demasiado ver llorar a las madres y morir a los jóvenes, ese dolor me lleva a estar en solidaridad con la gente.  Es necesario que el pueblo vea estas injusticias que estamos pasando. Lo mejor es que se vaya él (Daniel Ortega), ya gobernó bastante, esa es la paz que este pueblo necesita”, concluye.