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A “Carlos” lo interceptaron cerca de la Shell Waspam, en Managua. Iba en una moto de regreso a su casa cuando dos camionetas doble cabina con hombres armados y encapuchados, comenzaron a perseguirlo.

Desde una camioneta color gris le hicieron un primer disparo que logró esquivar, aceleró su marcha, pero un segundo proyectil hizo estallar la llanta trasera de la moto.

“A mí me detienen en el sector de la Shell de Waspan, a las 9:30 de la mañana, el miércoles de la semana pasada. Yo iba para mi casa”, relató el joven de 26 años en la Comisión Permanente de Derechos Humanos (CPDH) este lunes. Por su seguridad pidió omitir su identidad.

Dice que cuando lo capturaron le vendaron los ojos y le pusieron esposas. Durante el trayecto lo cambiaron en varias ocasiones de vehículo, todas camionetas doble cabina.

“Me montaron en al menos tres vehículos”, afirmó.

Finalmente se vio en la cuesta El Plomo donde fue sometido a tortura extrema. “Hicieron que me desnudara y empezaron a torturarme. Me pusieron chuzos eléctricos, me daban con un fusil AK en la espalda, me daban con una regla con clavos”, narró mientras mostraba los moretones en la espalda.

Mientras era golpeado, sus verdugos lo interrogaban sobre su supuesta participación en una banda y, según su testimonio, le insistían en información sobre el paradero de alias Viper, un estudiante que estuvo en las protestas en la Upoli.

Después de ser torturado, a Carlos lo arrojaron a un guindo, atado de manos y con los ojos vendados. “Me rafaguearon pensando que me habían matado, pero gracias a Dios estoy vivo”, relató. Bismarck Picado/END

“Cuando les decía prix, me respondían con una mala palabra y más duro me daban”, expresó.

Carlos dice que cuando fue capturado, él llevaba las manos manchadas con pintura blanca. Para sus captores, esa era una evidencia de que estaba cooperando con los manifestantes. “En el momento que me agarran, venía de pintar una casa y ellos me preguntaban por qué traía pintura blanca en las manos, que si pintaba lanza morteros en la Upoli”, recuerda.

Después de ser torturado, a Carlos lo arrojaron a un guindo atado de las manos y con los ojos vendados. “Me rafaguearon pensado que me habían matado, pero gracias a Dios estoy vivo”. Calcula que estuvo al menos cinco horas en manos de la banda de armados.

Cuando se sintió seguro de que los matones se habían retirado, el joven salió desnudo a la carretera. “Un taxista iba pasando y me dijo que no era primera vez que camionetas entran a fregar a personas. Me llevó a mi casa”, aseguró.

El joven aun teme por su vida. Bismarck Picado/END

Durante su declaración ante el organismo de derechos humanos, la víctima aseveró que fueron unas cuatro personas encapuchadas los que lo secuestraron, y a uno logró verle el rostro. “El que me esposó falleció. Yo lo reconocí, fue el que murió en Ciudad Belén”, afirmó refiriéndose a un hombre no identificado que fue ultimado durante un ataque registrado en ese barrio. En ese caso también se atribuye el ataque a matones que se movilizaban en camionetas doble cabina.

El joven aun teme por su vida porque los secuestradores le quitaron todos sus documentos de identificación.