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Londres / El País

El Ejército británico traspasó el jueves a tropas de Estados Unidos la última base bajo mando de Reino Unido en Basora, al sur de Irak. Londres dio así por concluida oficialmente la misión militar que comenzó con la invasión liderada por Washington en marzo de 2003.

A lo largo de los próximos días y semanas volverán a casa las tropas británicas, que sólo mantendrán estacionados en Irak un total de 400 soldados. Termina así una de las intervenciones militares más polémicas de la historia de Gran Bretaña, una guerra que acabó con el carisma y en última instancia la carrera política de Tony Blair, y que puso la semilla para la probable derrota del laborismo en las próximas elecciones.

La retirada se ha adelantado bastantes semanas sobre la fecha prevista, el 31 de julio. El primer ministro, Gordon Brown, ofreció en Londres una rueda de prensa con su homólogo iraquí, Nuri al Maliki, para fomentar la captación de inversiones en el país y celebrar “una asociación entre iguales a largo plazo”. Como no podía ser de otra manera, rindió homenaje a las tropas británicas y en especial a los 179 militares que han dejado la vida en Irak. Dos de cada tres han muerto en enfrentamientos contra el enemigo. El resto, en accidentes o víctimas de fuego amigo. Apenas se habló el jueves de los miles, cientos de miles quizá, de iraquíes que también han dejado la vida. Algunos, como Abu Musa, murieron víctimas de los abusos de soldados británicos. La suya fue una entre las muchas historias que hicieron imposible que la guerra de Irak se ganara el apoyo de la opinión pública británica.

En la última batalla

Cuando las tropas de Reino Unido hayan completado la retirada se abrirá la última batalla política: Brown no tendrá más remedio que dar paso a la prometida investigación sobre los motivos de la guerra. El primer ministro hará todo lo posible para que las conclusiones de esa investigación no se hagan públicas hasta pasadas las elecciones que se esperan para mayo de 2010.

Irak ha marcado la política británica contemporánea. El apoyo de Tony Blair a la invasión marcó el comienzo del fin de su reinado político. Blair se alió con George W. Bush en contra de lo que quería la opinión pública británica. Desoyó a los cientos de miles de manifestantes que desfilaron por Londres para intentar evitar la guerra. Provocó la división de la Unión Europea. Apoyó la invasión con el argumento de que Saddam Hussein era una amenaza para el planeta, y al no encontrar armas de destrucción masiva justificó la guerra, porque era la forma de llevar la democracia a Irak.
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