•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

La palabra miedo parece no existir en el léxico de los ciudadanos de Masaya, quienes se han convertido en símbolo de la rebelión ciudadana, cuya chispa se encendió hace 54 días en Managua y León.

Los masayas, que en 1978 y 1979 se insurreccionaron para derrocar a la dictadura de Anastasio Somoza Debayle, otra vez están en pie de lucha. Ahora presionan con barricadas y plantones al gobierno de Daniel Ortega exigiendo la democratización del país.

Hace 40 años, cuando los masayas se sublevaron por primera vez contra Somoza sus combatientes estaban armados de fusiles, pistolas y escopetas; ahora lo hacen con piedras y morteros de fabricación casera.

En Masaya, la cuna del folklore nicaragüense, la marimba ha dejado de sonar y a cualquier hora se escuchan las detonaciones de los fusiles de la policía y el estallido de morteros con que los civiles repelen a las fuerzas policiales o de choque del Gobierno.

“Estamos igual que en la guerra contra Somoza”, comenta una mujer que dice llamarse Etelvina Briceño, mientras reparte café a jóvenes en una trinchera en el barrio Fátima, al norte de la ciudad.

Barricadas y puestos médicos

En Masaya, en cada barrio hay barricadas, hechas con adoquines, piedras canteras, láminas de zinc, rótulos de metal y sacos con arena. Los habitantes dicen que así se protegen de la balas.

Los masayas, que en 1978 y 1979 se insurreccionaron para derrocar a la dictadura de Anastasio Somoza Debayle, otra vez están en pie de lucha. EFE/END

Las trincheras empezaron en el barrio indígena de Monimbó, al sur de la ciudad, y se extendieron hasta los barrios San Jerónimo y San Carlos en la parte norte. Después, brotaron en toda la ciudad y sus alrededores, para impedir que el Gobierno enviara refuerzos a la Policía.

En el céntrico barrio San Miguel han ocurrido los enfrentamientos más violentos entre la policía y los pobladores de Masaya, quienes han mostrado mucha organización y, por eso, en cada zona hay un puesto médico para atender a los heridos.

En Masaya, a 30 kilómetros de Managua, la población también ha establecido rutas para que las ambulancias entren a las zonas de conflicto y saquen a los heridos graves, bajo extremas medidas de seguridad.

Al caer la noche, habitantes de los barrios El Calvario, Pochotillo, Pancasán y Santa Rosa, un poco distantes de las zonas con más enfrentamientos permanecen vigilantes en las afueras de sus casas. Al preguntarles cuándo quitarán las barricadas, ellos responden: “cuando se vaya Ortega del poder”. Luego, insisten en que ya perdieron el miedo.