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Luego de la reunión de los obispos de la Conferencia Episcopal de Nicaragua (CEN) con el presidente Daniel Ortega, el jueves 7 de junio, cuando entregaron al mandatario una carta con las propuestas para democratizar el país, los ataques contra la iglesia Católica han aumentado.

Este martes el padre Alfredo García, de la parroquia San Cristóbal, en Managua, denunció el asedio y amenazas recibidas por paramilitares encapuchados y armados que se movilizan acompañados por miembros de la Policía Nacional.

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En un acto de intimidación, los encapuchados apuntaron con armas de fuego a las personas que se encontraban dentro de la parroquia, donde funciona un puesto médico que atendió heridos tras el ataque de las turbas el lunes en las barricadas de los barrios El Edén, María Auxiliadora y El Dorado.

La parroquia San Juan Bautista, de Masatepe, fue víctima de vandalismo la noche del lunes, después de sonar las campanas para alertar a los pobladores del ataque de paramilitares a manifestantes que mantenían tranques y barricadas.

“Un sujeto encapuchado se dirigió hacia nuestro templo y nos amenazó con un arma de fuego, proveniente de la Alcaldía. También tiraron un mortero contra el templo y amenazaron con ingresar si seguíamos sonando las campanas”, denunció la parroquia en un mensaje replicado por la Arquidiócesis de Managua.

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Esa misma noche en El Rosario, Carazo, feligreses denunciaron que miembros de la Juventud Sandinista lanzaron morteros contra el templo donde se habían refugiado jóvenes autoconvocados que protestan contra el Gobierno.

Antes de la media noche del jueves los sacerdotes de la parroquia San Pedro, en Rivas, hicieron sonar las campanas para advertirle a la población que corrían peligro: sujetos desconocidos intentaron quemar el templo y merodeaban la zona, según denunciaron.

La madrugada del domingo, desconocidos forzaron la puerta de la sacristía de la capilla San Miguel Arcángel, del reparto José Benito Escobar en León, sustrajeron varios objetos religiosos y ensuciaron con excremento el interior del templo.

El obispo de la Diócesis de León, monseñor César Bosco Vivas, condenó el hecho y lo calificó como una “profanación en contra de la Iglesia católica”, y por la tarde ofició una eucaristía de desagravio a Jesús Sacramentado, en el mismo templo religioso.

Amenazas a sacerdotes

El pasado domingo la Diócesis de Matagalpa denunció que el párroco de Ciudad Darío, Vicente Martínez, fue encañonado por paramilitares que le apuntaron a la cabeza con un fusil AK-47.

“Al pasar por el kilómetro 90 de la carretera Panamericana Norte un grupo de paramilitares con pasamontañas lo detuvieron e inmediatamente le señalaron con el arma y registraron el vehículo donde llevaba ornamentos y objetos litúrgicos”, afirmó la Diócesis.

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“Te vamos a matar porque tus homilías son un veneno”, le dijeron mientras le apuntaban con el fusil. Finalmente lo dejaron ir, pero amenazaron con incendiar la parroquia.

Monseñor Rolando Álvarez, obispo de Matagalpa, dijo que ese acto era gravísimo y temerario. “El padre lo que ha hecho es acompañar al pueblo de Dios. Tocar a un sacerdote es tocar a la Iglesia”, enfatizó.

En Jinotepe, Carazo, el padre Juan de Dios García ha denunciado varias veces amenazas de muerte en su contra, por abrir las puertas de la parroquia para que la población civil se resguarde ante los ataques de turbas paramilitares y policías.

El pasado 22 de mayo la CEN también denunció amenazas de muerte y descrédito contra obispos y sacerdotes.

Iglesia reacciona

Ante la nueva ola de ataques contra las parroquias, sacerdotes y laicos, la Arquidiócesis de Managua condenó los hechos.

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“Las amenazas no detendrán la labor profética de los obispos y sacerdotes de nuestra Arquidiócesis”, afirmó la Iglesia.

Los templos católicos han desempeñado un papel fundamental desde abril pasado: han servido de centros de acopio para ayudar a manifestantes, han fungido como puestos médicos y suenan las campanas cada vez que una ciudad es atacada por turbas.