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“¡Justicia, justicia, justicia!”, fue la exigencia predominante este domingo durante el funeral de las seis personas de una familia asesinada por una turba de enmascarados, quienes las quemaron vivas dentro de su casa al amanecer del sábado.

Al paso de la marcha fúnebre, encabezada por una caravana de motociclistas, ciento de personas salieron de sus casas para dar el último adiós a las seis personas masacradas, entre ellas dos niños.

En los rostros de quienes participaron en el sepelio y en sus gritos exigiendo justicia se percibía la indignación por este asesinato que ha generado una ola de repudio nacional e internacional.

“De la justicia de los hombres podrán escapar, pero de la justicia de Dios no, porque Dios es justo”, expresó en voz alta un pastor entre la multitud que dirigía al cementerio Milagro de Dios.

Cantan el himno

El primero en bajar a la tierra en su caja mortuoria fue Óscar Pavón Velásquez, en medio del llanto desgarrador de sus hijos y el Himno Nacional que la multitud entonó de manera espontánea.

Después, en la misma fosa donde fue depositado el féretro de Óscar Pavón, fue puesto el de su esposa Maritza López. Mientras esto sucedía, con la voz ronca y casi por perder el conocimiento, sus hijos repetían “Mamita linda, ya no te vamos a volver a ver”.

Centenares de personas acompañaron a los familiares de las víctimas de la masacre, en el funeral. Óscar Sánchez/END

En una segunda fosa fueron sepultados Alfredo Velásquez López  y su esposa, María de los Ángeles Ráudez. Ellos eran los progenitores de los niños que también murieron quemados.

Mientras los padres de los bebés bajaban a su última morada, la multitud coreó varias veces: “¡Eran evangélicos, no eran delincuentes!”, para después, al unísono, exclamar: “¡Justicia, justicia!”

En la tercera fosa quedaron los restos mortales del niño Mathias Pavón Álvarez, de tres meses, y su hermanita Daryli, de 2 años y medio.

Cuando el féretro de los niños iba a ser depositado, los presentes pidieron abrir los ataúdes. “Abran la caja para que los asesinos miren lo que hicieron”, dijeron quienes se aglomeraron alrededor de las tres sepulturas, pero solo el féretro del niño pudo ser abierto, porque el de la niña estaba sellado.

Cuando los menores descendieron a su tumba, la multitud volvió a corear “¡Eran bebés, no eran delincuentes!”

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Esta expresión se ha vuelto común en los funerales de quienes han perdido la vida en el contexto de las protestas iniciadas hace dos meses, porque el Gobierno llamó “delincuentes” a los primeros universitarios que murieron.

Mucho dolor

Las escenas de intenso dolor en los funerales de la familia masacrada se comenzaron a ver desde la mañana del sábado en la iglesia Fuente de Vida, donde Gloria Álvarez, abuela materna de los niños, se desmayó dos veces.

“Quiero a mi hija, quiero a mis nietos”, se le escuchó decir a Gloria mientras juntaba sus manos clamando auxilio divino, momentos antes de que los féretros salieran del templo donde fueron velados la noche del sábado.

El pastor César Augusto Marenco, quien presidió el acto religioso, recordó que la familia Pavón Velásquez tiene más de 25 años de estar congregada en la iglesia Ministerio Apostólico Cristiano.“La familia Pavón Velásquez no le hacía mal a nadie, hasta que el ángel de la muerte los abrazó”, expresó el pastor Marenco, agregando que esa iglesia condena los crímenes abominables.